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lunes, 13 de febrero de 2012

Tu nostalgias, yo nostalgio

de Mario Benedetti

 Se me ocurre que vas a llegar distinta
no exactamente más linda
ni más fuerte
ni más dócil
ni más cauta
tan sólo que vas a llegar distinta
como si esta temporada de no verme
te hubiera sorprendido a vos también
quizá porque sabés
cómo te pienso y te enumero

después de todo la nostalgia existe
aunque no lloremos en los andenes fantasmales
ni sobre las almohadas de candor
ni bajo el cielo opaco

yo nostalgio
tú nostalgias
y cómo me revienta que él nostalgie

tu rostro es la vanguardia
tal vez llega primero
porque lo pinto en las paredes
con trazos invisibles y seguros

no olvides que tu rostro
me mira como pueblo
sonríe y rabia y canta
como pueblo
y eso te da una lumbre
inapagable

ahora no tengo dudas
vas a llegar distinta y con señales
con nuevas
con hondura
con franqueza

sé que voy a quererte sin preguntas
sé que vas a quererme sin respuestas

(Mario Benedetti)

martes, 7 de febrero de 2012

MILONGA LÍRICA


De Silvina Grimaldi Bonin 


Yo nací para versearte.

Que otra te espante la yeta,
que otra te tienda la cama,
que otra te planche el pijama
y te airee las chancletas;
que te dore las chuletas
y que te cosa el botón
mientras te lava el calzón,
zurciendo tus camisetas.
Yo te trazo un corazón…
Yo nací pa´ser poeta.

No sufro de mal de amores
ni celos tengo, confieso,
y aunque suene raro éso,
a cada cual sus labores:

para el perfume, las flores
y para el perro, los huesos.
Yo soy el ángel confeso
que te evoca cada noche
sin el mínimo reproche
y en un silencio total,
empañando hasta el cristal
con un volcán como broche.


Del varón que me sostiene,
(el que el nido me calienta)
sospecho que no se tienta
con mis intensos vaivenes;
ni pienso que se entretiene
con mis rubios alaridos,
con mi lengua doble filo
ni con la hiel gusto a miel
de la que está hecha la piel
que envuelve mis pocos kilos.
Me temo que no lo antojan
mis versos de cal y arena….
quizás lo haga una morena
doble pechuga o la roja
melena que al aire arroja
con donaire la vecina.
Eso no apura mi inquina;
al contrario, lo fomento,
pues mata el aburrimiento
que esas musas lo alimenten,
y asperje en casa la ardiente
llamarada de otros vientos.
Y aún así, no me amedrento
pues nací pa´la poesía.

Eso no quita que un día,
una mañana cualquiera
en una cualquier vereda
de alguna cualquier esquina,
la vida, por accidente,
nos haga chocar de frente,
del revés o del derecho,
pecho a pecho, faz a faz,
y que pasemos sin más
de los dichos a los hechos.
Y una vez o cien mil veces,
arriesguemos reemplazar
como dos locos de atar
tanto ruido por las nueces.
Que el destino se enrevese,
que las reglas se distraigan;
que las fórmulas se caigan
con un rugido de mar
y a fuer de tanto sonar,
que los ríos… agua traigan.

¿Y si no fuera a chocarte?
¿Y si nunca sucediera?
 Y si nunca sucediera,
viviré para versearte…
Y espero que en el postrer
derrotero en que has de ver
la hora cruel donde la Parca
te imponga su helada marca
me recuerdes aunque sea
en un verso, en un poema
de todos los que te he escrito;

mientras otra, dando un grito,
te improvise una elegía,
te llore llantos de amor
y arroje la última flor
sobre tu lápida fría.

Que otra se tome la sopa
de tu copa de miserias,
yo te abraso las arterias
por debajo de la ropa,
con la paz con que la gota
la infrangible roca horada,
voy lidiando esta cruzada
cual mesalina discreta
y así, furtiva y secreta,
yo te toco sin tocarte…

Yo nací para versearte.

Yo nací pa´ser poeta.







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sábado, 4 de febrero de 2012

PRIMERA CURVA





de Carolina Astegiano

Alterar una señal de tránsito es delito. Pero mayor delito es no ubicarla donde corresponde.
Eso le pasaba a Adela. No encontraba en su ruta una lastimera señal que seguir. Que respetar. Que transgredir.
Lo mismo le daba girar a la izquierda que girar a la derecha, ir a mano o a contramano. Lo mismo daba.
Generalmente sus decisiones no afectaban de raíz a nadie, ni siquiera a ella misma, que venía transitando ese camino hacía años y no había modificado de plano absolutamente nada.
Seguía sola, en el mismo trabajo, en la misma casa, todo igual.
Adela, después de destruir su último celular, creyó al principio que se volvería loca sin saber el tiempo por el cual estaba transitando.
Pero también recordó, casi con felicidad, que ese día, justo ese día (y por eso el sol la había  despertado, y por eso su furia de no haber podido seguir durmiendo, y por eso el destrozo dantesco, y por eso estas reflexiones absolutamente innecesarias y lejanas de toda lógica) empezaban sus quince días de vacaciones.
Sin plan alguno, se dispuso a no disponerse a nada. La heladera: bien aprovisionada, el televisor: una “melange” de basura con intelectualidad (que daba como resultado más basura), la casa: ordenadamente desordenada.
Suele pasar, sin embargo, que –a falta de plan personal- el destino nos presente circunstancias que nos obliguen a tomar decisiones.
De repente, el sonido estridente de una sirena puede convertirse en una circunstancia.
Adela no se sintió aludida.
El destino insistió.
La sirena volvió a sonar, esta vez sin detenerse, cada vez más cerca.
Adela esta vez escuchó, pero siguió sin darse por aludida.
La sirena, ensordecedora –que es la única manera que tiene el destino de llamar- se dejó de dar vueltas y la llamó directamente. Se detuvo frente a su casa.
Adela tuvo que levantarse –supongamos que estuviera en alguna posición de la cual tuviera que levantarse- y fue como quien no quiere la cosa, a ver de qué se trataba.
Supo instantáneamente que su vida daría un vuelco a partir de ese momento. Era hora de girar a la derecha.

jueves, 2 de febrero de 2012

Consigna "sobrerruedas"


Esta vez nos toca tomar como desafío, la temática propia de un buen concurso literario.  Es como cuando uno estudia inglés y te empiezan a preparar ejercitándote con los examenes anteriores de Oxford o Cambridge. Juguemos a lo grande. Se trata de escribir un relato (vamos nosotras que tenemos poetizas a incluir también su género), que tenga relación con un viaje en "algo que tenga ruedas". Y ahora, empecemos el año, con entusiasmo, proponiéndonos escribir más y desarrollando en serio ese talento que nos brota por los dedos. Sì? A escribir se ha dicho!

martes, 31 de enero de 2012

DIARIO DE RUTA (Mal señalizada)

de Carolina Astegiano

Adela se despertó perezosamente al sentir el febril abrazo que ingresaba por la ventana mal abierta que daba al este, al puto este.
Con los ojos cerrados y legañosos, se levantó de la cama a tientas, intentó ponerse las pantuflas de invierno –intento que desestimó al segundo-, y, tropezando, llegó a la persiana. Entre maldiciones, cerró la ventana, corrió la cortina y, tropezando de nuevo, regresó al lecho desprolijamente ardiente.
Se abrazó a la almohada como si hubiera sido un náufrago a expensas de un triste madero en el océano.
Ese abrazo le pareció abrasador y se desembarazó de él (si nos referimos al abrazo) o de ella (si nos referimos a la almohada) como suele hacerse del amante luego del efusivo orgasmo.
Boca arriba: demasiado espacio, boca abajo: excesiva falta de aire, de costado: dolor de espalda.
Todo el territorio ya había sido conquistado, excepto… el lado opuesto a la cabecera. Con esperanzas renovadas, volvió a enamorarse de su almohada, la abrazó y se la llevó con ella al “bendito lado de los pies”.
Sentir nuevamente la frescura en la espalda fue una sensación sin igual. El cuerpo volvió a la relajación. La respiración se hizo más suave. Cada miembro de su cuerpo halló nuevamente su lugar y posición pro-natura.
La calma llegó de nuevo… Volvía la respiración pausada y calmosa y serena y templada y quieta y reposada…
La cachetada del despertador con la musiquita (tan amada al principio, por eso la había elegido como despertador, y tan odiada ahora) hizo que Adela perdiera definitivamente la posibilidad de conciliar el sueño.
Con los ojos completamente abiertos y con la sangre derramada en ellos, se levantó, agarró el celular, que no paraba de sonar, a almohadonazos; le dio tantos golpes que el último ya no era necesario, pero por seguridad, se lo dio lo mismo.
Habiendo terminado con el celular, siguió desplumando la almohada contra la pared, mientras la miraba enflaquecer, perdiendo el volumen acogedor que hizo que ella se enamorara.
Con la habitación llena de plumas de ganso por todos lados, y de celulares rotos, siguió descargando su furia sobre la cama caliente, saltando como si se tratara de un cumpleaños infantil.
Bañada en gotas de sudor, Adela se sentó a mirar el escenario. Cuando volvió en sí, comprobó casi con desesperación lo que había hecho.
Cayó en la cuenta de que, rompiendo su celular, rompía la poca noción del tiempo que le quedaba dentro de su casa: todos los demás relojes estaban sin pila.

martes, 17 de enero de 2012

ROMANCES furiosos


 de Silvina Grimaldi Bonin



¡Qué lento transcurre el tiempo!
cuando mis faros no encuentran
señales de que vivís,
o un rastro de que estás cerca…
Es una oruga cansada,
es un buzón sin respuesta,
es un tren bajo la lluvia
desparramando tristeza.

Y de pronto, al ver tu luz
asomarse entre la niebla,
las agujas se alborotan,
los relojes se contentan
y el sol se asoma por casa
y la bendice de fiesta,
devolviéndome los bríos
y compensando mi espera.

¡Pero la fiesta es tan corta!
que termina cuando empieza,
sin importarle el envión
que yo tomé en la carrera.
¡Y me frenás tan de golpe!
que dejo marca en la tierra,
olor a caucho quemado
y bien lisitas las ruedas.

¡Carajo! qué poco dura
la mermelada, si es buena,
y el pan con miel en la boca,
si le mezclaron almendras..

El caso es que mientras yo
firmo una lista de quejas,
mientras reboto en el techo
y hago surco en la vereda,
corto clavos, gasto dientes,
piso justo donde quema,
y voy llenando los baldes
con lagrimitas y penas, 

vos invertís la energía
rindiendo culto a la siesta
o picoteando en jardines
sin distinguir flor de hiedra.
Y en esa paz que te embarga,
tu piel no siente mis guerras,
no ven tus ojos mis nubes,
no adivinan mis tormentas,
no advierten mi calentura,
ni suponen mis rabietas;
y de mis cables pelados
tus censores ni se enteran.

Recuerdo que me dijiste
con voz inflexible y cierta,
que ¨nunca me acostumbrara¨
al solaz de tu presencia,
y que no era conveniente
ajustarse a una promesa,
por ¨si ocurriera algún día
que te alejaras sin vuelta…¨

Así, que haciéndote caso
¡por tan noble sugerencia!
y en virtud de que a luz vista,
muchas opciones no deja,
procedo a notificarte
que a partir de este poema
voy a tratar - Dios me ayude... -
de acostumbrarme a tu ausencia.

(Cuando no quedan recursos
y se agotó la paciencia,
¿existirá otro remedio
que una patada bien puesta…?)

¡Carajo! qué poco dura
la mermelada, si es buena,
y el pan con miel en la boca,
si le mezclaron almendras…




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miércoles, 11 de enero de 2012

Hoy, nos permitimos estar FURIOSAS !!!


¡Añares que no teníamos nueva consigna!.  Acá vamos con una.  Tenemos que escribir un cuento que comience con la siguiente frase: 

" Adela había llegado al límite vertiginoso de su paciencia."
De ahí en más, a desarrollar FURIA.

Suerte a todas !!!

viernes, 30 de diciembre de 2011

En alguna parte son las 6 de la tarde




 Por Indi López Castagna


Bueno, en esa época hacía mucho que a mi vida no le pasaba nada;  ni grande ni chico, ni lindo ni feo, una inercia, estable, contaste; horrible.
Suena el despertador (suceden cosas) abro los ojos; medio exaltado, una vez más iba a llegar tarde, ni bien termino de vestirme, más o menos presentable, corro a la cocina y la veo. Por un momento no hubo pensamientos; de ningún tipo; me pareció tan extraña su presencia que solo atiné a sentarme en silencio y tomar el café frío que me había estado esperando. No pronunció palabra.

El tiempo que estuvo viviendo conmigo (porque, aclaro, no vivimos juntos, ella vivió conmigo) fue surrealista, no fui, no pude ir más a trabajar desde esa mañana del café.
De mi trabajo llamaban, yo no atendía, no los atendía, a ellos ni a nadie; no sé por qué tenía teléfono, poco a poco los llamaros cesaron hasta extinguirse por completo.
Estaban todas sus cosas junto a las mías, encajaban perfectamente, como si ese lugar en el piso hubiera estado destinado siempre para sus pies al levantarse, o si este aire hubiera estado anhelando siempre ser ahumado por su cigarro.

No podría determinar en qué momento trasladó todo hasta aquí, trajo un tocadiscos, su tocadiscos, siempre quise un tocadiscos, trajo también (sólo por mencionar algunas) un juego de copas, biseladas, antiguas, hermosas, parecía que hubiera sacado esos objetos de mi imaginación y los hubiera materializado; ella también compartía la atracción (por no decir obsesión) por los relojes, de todo tipo; era una imagen verdaderamente poética verlos a todos en toda la casa, los de arena, de cuerda; de pila, los colgantes, de sol, los suyos los míos.
No quiero que se interprete que nuestra vida era perfecta, o que vivíamos en un idilio, ni mucho menos que éramos el uno para el otro (nunca le encontré sentido a esa teoría).
Había momentos oscuros.
Momentos en los que yo tal vez estaba pensando algo, masticando una idea, un concepto, desde hacía horas; y cuando por fin llegaba a una teoría, a una conclusión si se quiere, ella pronunciaba una frase, dos, tres renglones, terroríficamente pertinentes y tiraba abajo todo mi humilde concepto; me miraba a los ojos, no hacía ninguna mueca, con sus ojos bastaba; perversa satisfacción la que se leía en sus pupilas, por dejarme en evidencia, sentirse poderosa, demostrar una vez más lo corto de mi entendimiento, y lo vulnerable que me volvía ante ella.
El problema en verdad aparece cuando intento estimar el tiempo que vivió conmigo, no podría decir si fueron diez días o diez meses, a pesar de nuestra obsesión por el tiempo, ninguno lo sabía. Dicen que los días tienen veinticuatro horas, cada hora sesenta minutos, cada minuto sesenta segundos; pero puedo más que asegurar que como había días que duraban un suspiro, efímeros, casi inadvertidos, otros, en cambio, eran de una densidad insoportable, pesados, atascados, las horas se estiraban como un chicle en el desierto; sobre todo a las seis de la tarde - qué hora más repulsiva- era la peor, lo peor, mi mente se hundía en pozos insoslayables; yo no lo veía, pero sentía el barro.
La mañana se había ido, me despertó el timbre (los días habían perdido todo tipo de estructura); ella no estaba en casa. Sin poder eludirme, abrí la puerta.
Era mi hermano, (seis años mayor, felizmente casado, dos hijos, profesional, necesita renglones para escribir, las visitas familiares las designa para los domingos, hoy debe ser domingo, deduje).
Había venido solo, se llamaba                ; claramente tenía un nombre, no puedo recordarlo. Tal vez deba preocuparme. No.
Bueno ofrecí café (como de costumbre), lo terminó haciendo él, (como de costumbre), me preguntó cómo estaba, (como de costumbre); le contesto que muy bien (como de costumbre), me interrogó acerca de mi “aislamiento” y de por qué motivo no visitaba a mis padres, que estaban grandes, y que bla bla bla bla bla. Entonces pasaba algo que me divertía muchísimo, veía cómo su boca se movía  con vehemencia, su rostro adoptaba diferentes expresiones, gesticulaba, sus manos acompañaban el espíritu del discurso. Mi hermano ha formulado una pregunta, lo sé porque se ha callado (esperando que conteste) sus ojos adoptaron una actitud interrogante, inquisidora (esperando que yo conteste).
Mi boca empieza a emitir sonidos de repente, la escucho con atención, le decía a mi hermano algo como:
“-Sí, todo va bien, estoy mejor. Me dijo que tengo que ir menos seguido, estoy más tranquilo, salgo a andar en bici o hacer deporte más o menos regularmente, eso reduce mi ansiedad.” Claramente, el cien por ciento de esa respuesta, era una decorosa mentira.
Hubo silencio (al parecer mi mentira fue satisfactoria); miré mi taza de café, no lo había tocado, estaba frío, no me sorprendía, más allá de la temperatura; tenía un sabor extraño, no podría definirlo, tal vez no era el café en sí, sino el sabor a lo incómodo de la situación; un sabor mecanizado, químico, artificial, me recordaba algo, lo tomé igual, mientras tanto pensaba en qué bueno era el hecho de que mi hermano no haya hecho mención alguna acerca de la presencia de los objetos de ella, estaban por todas partes, el tocadiscos,  la ropa, la lámpara, todo.
Intenté despacharlo rápidamente, quería evitar la situación de presentarlos, tensión en el aire, él deduciendo que ella me llevaría irremediablemente a la decadencia y bla bla bla, no quería. No.
Se fue rápido. No fue difícil.
Me sentí aliviado por haber sorteado con éxito la situación, a la vez me sentía aplomado, extraño, me fui a dormir, sin siquiera esperarla.
Me desperté, desde la ventana se filtraba una luz diáfana, me encantaba ese momento. Dejé de lado la luz y caí en cuenta de que no sabía cuánto tiempo había dormido, qué fecha era; qué fecha había sido la visita de mi hermano; me desperté vacío, vacío de caos mental y de pensamientos en general, era una catástrofe, llegué a la sala, la angustia subió desde mi estómago se alojó en mi garganta e imprimió un sabor amargo en mi boca.
El tocadiscos no estaba; nada estaba. Intenté calmarme y pensar; hasta la atmósfera había cambiado, tenía un gusto tan real, no se percibía su perfume, corrí a la habitación y lo peor; había desaparecido su aroma en las sábanas, en la almohada, ni siquiera tenían olor a jabón de lavar ropa, tenían olor a nada, como si nunca hubiera pasado por ahí su persona.
Me estremecí.
Hizo frío de repente.
Recordé (esto fue como el útlimo recurso de mi mente) que yo tenía un cuaderno donde siempre escribía y pegaba cosas que me parecían interesante, un día me propuso escribir un cadáver exquisito, ella escribía tres líneas, cubría con otro papel las primeras dos, dejando ver la última, luego yo escribía tres líneas, ocultaba dos, dejaba ver una, y así hasta que quisiéramos que terminase.
Revolví el cuaderno con violencia, lo encontré, una sensación desagradable se apoderó de mí, parecían las seis de la tarde (yo no lo sabía, pero de hecho lo eran) la hoja; tres renglones escritos, (espacio en blanco) tres renglones escritos.
Espacio en blanco.
Estaba perturbado, no podía pensar, me acurruqué en la cama destendida.
Más allá de todo lo incomprensible, la extrañaba; nunca experimenté una conexión así con nadie, era como una extensión mía, sabía exactamente lo que estaba pensando.
Tenía total control sobre mí, ambos lo sabíamos, ella me controlaba de una forma deliberada, sutil, efectiva. No me importaba, mientras se llevase mi soledad, la moliera en un mortero y la enterrara en el patio al lado del limonero todo iba a andar bien.
Sonó el teléfono, corrí hacia él, tal vez la voz del otro lado pudiese brindarme algún tipo de información.
Una voz impersonal, monocorde, pronunció: “-Hola, sí, hablo con el Sr.            (dijo mi apellido, no puedo recordarlo, debería volver a preocuparme) llamaba para avisarle que el turno al cual se ausentó ayer deberá ser abonado de igual forma al no haberse contactado con la doctora para cancelarlo previamente.”
Le dije que no había mayor problema, me contestó entonces que la doctora me esperaba la semana entrante a la hora de siempre.
Había una “hora de siempre”, esto sólo me intrigó más, colgué el teléfono.
Hice un esfuerzo sobrehumano para recordar el número de mi hermano, fue en vano, busqué una tarjeta suya que tenía en la billetera. “Licenciado                    especialista en                  tel (númerosnúmerosnúmeros).
Ya estaba llamando, como era de esperar lo sorprendió mi llamada, bla bla bla, me preguntó cómo me sentía hoy, el tono me llamó la atención, tenía un matiz especial, bien bien respondí, por qué preguntas (sonó un poco agresivo de mi parte confieso). Pensé que ya te habías dado cuenta…dijo. Me precipité, comenzaba a exaltarme, la ansiedad crecía, él mantuvo silencio.
-¿Por qué no dijiste nada? ¿Por qué no preguntaste por las cosas que había y que bien sabías no eran mías?
-¿Qué cosas? ¿Qué cosas de quién ignoré? Te juro que no te entiendo. Dijo él.
-Estaba viviendo con alguien (respiré hondo), y sus cosas estaban a la vista, desde los muebles hasta su ropa.
Nuevamente ese silencio anudado, esos silencios que son producto de no saber qué decir; en él se mezclaba la tristeza y la lástima de comprender exactamente qué me había sucedido, no sé cuánto duró, pero no soporte más y corté la conversación.
De ella ni rastros, nunca había hablado de su pasado, ni tenía un teléfono a dónde llamar. Todo encajaba espantosamente. Me sentí confundido. Era como un espectro, un fantasma, un espejismo. Un espejismo. Mi imaginación. Lo supe, pero no quise convencerme.

Me dejé caer en el sillón, el día estaba naranja, y pensé que en algún lugar del mundo exactamente ahora eran las seis de la tarde.

Profesiones y zapatos


por Guadalupe Carsetti Ferreyra

Hoy hablaba con mi amiga Agus en el trabajo, y ella se ríe porque yo le digo que es re fácil darte cuenta qué profesión tienen los hombres, según su comportamiento, forma de vestir, o los zapatos que usan… Procedo a explicarte…
Empecemos por los abogados… traje, o estilo Legacy (pantalón pinzado y camisa adentro de colores claros), sus zapatos son mocasines de cuero, zapatos de cuero con cordoncito o estilo moderno… Muy apetecibles… Su ropa de fin de semana es jeans de última moda, camperita de cuero y zapatillas modernas, o continúan con estilo Legacy que va bien de día y de noche…
Su comportamiento se divide en tres: La primera categoría es la del Abogado Langa: soy lo más, hablo hasta por los codos y me llevo el mundo por delante… Caminan erguidos, muy seguros de sí mismos, y en general son ostentosos. La segunda categoría es la del abogado medio, seguros de sí mismos, pero tranquilos y nada ostentosos, son inteligentes y preocupados por la sociedad en la que viven, suelen ser profesores o trabajar en lugares como ministerios, o asociaciones sin fines de lucro. Y la tercera categoría es la del abogado nerd, generalmente flacos, con lentes, sumamente inteligentes, pero tímidos hasta la médula... Fácilmente confundidos con los ingenieros, pero con diferencias… sobre todo en los zapatos…
Por otro lado tenemos los contadores… Hombres que se creen más inteligentes de lo que realmente son, bastante ahorrativos por no decir ratones, y con una característica inconfundible… Los zapatones estilo storkman con suelota de goma, símil zapato cheto del abogado…
Los administradores de empresas son mezcla entre abogados y contadores… Mayor personalidad, pero la parte rata intacta!!!! Ahorrativos y previsores dicen ellos… Andaaaaaa!!!!!!
Los ingenieros son una clase de lo más variable, los civiles van desde el más clásico nerd, hasta el cheto consultor… Son inteligentes pero literales como el que más!
Generalmente sus zapatos van… desde zapatones suelota de goma, o mocasines de gamuza a zapatillas aparatosas…
Pocas veces andan de traje, a menos que hayan llegado a la categoría consultor exitoso, y lleven mucho tiempo en el empresariado claro está…
Los ingenieros en sistema son más modernos, andan por la calle con auriculares tamaño orejeras escuchando música y pasan sus días intentando agregarle aplicaciones al facebook o viendo cómo mejorar los iphone….
Los arquitectos suelen usar camisas a cuadros y mocasines de gamuza acompañados de un jean súper clásico como el wrangler… No siempre es un buen conjunto…
Otros, los obreros, es decir los que están en la obra la mayor parte del día, usan borcegos o zapatillas aparatosas, con un estilo semi legacy que nunca funciona de lo mejor…
Los empresarios y políticos son los mejor vestidos y son mucho menos ostentosos que los abogados, no necesitan alardear, están arriba y lo saben…
No así el aspirante a político… que generalmente es un abogado de la primera categoría, que todavía no consiguió separarse de sus padres, que seguramente los impulsaron a seguir esta carrera, ya que fueron militantes, u ocuparon un cargo en el pasado…
También están los aspirantes a políticos, que no tienen familia en el ambiente, y son jodidos, jodidos, no les importa pisar cabezas y conspiran hasta con el portero del edificio!!!
Los profes de educación física ni hace falta que los describa… pantalones de tela de avión adidas, camperita de tela de avión, zapatillas aparatosas y gorrita con visera… Inconfundibles.
Con esta misma vestimenta encontramos a los deportistas que no lograron el éxito, por lo que no tienen asesor de vestuario ni miles de euros que gastar…
Después vienen los artistas… que espécimen raro!!!! Desde el hippie que no me baño porque soy marxista hasta la médula, hasta el hippie chic que pasa horas acomodando su peinado con gel y rompiendo sus levi´s de $500 para que parezcan viejos…..
Otra pestaña en los artistas la tiene los alternativos, que anda a saber donde consiguen las camisas, pantalones acampanados y polleras multicolores que mezclan de una forma incomprensible pero que les queda pintada!!!!!
Finalmente tenemos a los RRPP sean profesionales o sólo vivan de su imagen… Son los dueños de restaurantes, bares y pubs de la Docta, que pasean sus rostros bronceados por el exceso de cama solar por todo lugar de moda que se les cruce, camperas de cuero, excesos de todo tipo, rodeados de jóvenes modelitos en busca de salir de anonimato…
Por supuesto que para toda regla hay una excepción, y ahí es donde aparecen los híbridos que no están ni en un lado ni en el otro… A veces con outfits excelentes y personalidades asombrosas… Otras veces con mezclas raras que desconciertan….
Y yo pienso que es así, y si bien hay veces que aparece una excepción a la regla que me da que pensar… La mayoría cumple excelentemente bien su función social, y lo mirás y antes que diga nada ya le sacaste la ficha… Vamos!!!! No me podés decir que no….
Estos son los más característicos, pero puedo seguir eh? Ya veremos si ponemos una parte dos…