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viernes, 23 de marzo de 2012

CONSIGNA DE ESTRELLA: ¿Cómo salir de un laberinto?

La próxima consigna ha sido diseñada por Silvina Grimaldi Bonin.





La estrella, que está estrellada,
y sólo Dios sabe cuánto,
agradece honores tantos
y haber sido blasonada.
Ergo, en pose bien digna
expone sobre este plinto
-salvo criterio distinto…-
que la consigna sea:

 ¿CÓMO
ESCAPAR DE UN LABERINTO?

CERCANÍA


Estaba recostada y él se inclinó sobre mí, casi rozándome el pecho. Su cara estaba tan cerca de la mía que podía sentir el aire que exhalaba haciéndome cosquillas.
Me miró, “es muy lindo”-pienso.
Me sonríe y, empuñando la pinza con todas sus fuerzas, me arranca la muela.
En ese instante termina el idilio con mi dentista.

PLACERES INTANGIBLES

 de Silvina Grimaldi Bonin



Estos versos están dedicados
a las AUSENCIAS que ocupan a veces, un lugar privilegiado, incluso, más grande que el de las PRESENCIAS...





I

Hay ausencias que guardan el prodigio
de llenar los espacios más inmensos,
sospechando que no tendrán litigio,
al meterse en los huecos indefensos,

imitando el gracejo singular
de la luz en el cielo al aclarar.

II

Y allá van… por el cuerpo y por el alma
desplazándose a antojo y suavemente,
con descaro total y con la calma
del que sabe que entra impunemente,

porque siempre será tan bienvenido,
que jamás hallará un lugar prohibido.

III

Hay ausencias que no tienen vergüenza,
ni pudor, ni temor al desacato.
Que se instalan donde uno menos piensa
sin mediar el más mínimo recato,

ocupando la cama sin aviso
y olvidando pedirnos un permiso.

IV

Hay ausencias con forma de recuerdos,
y las otras, que son evocaciones
de un mañana sin firma y sin acuerdos,
bien provisto de un fajo de ilusiones

dibujadas (no siempre) en un papel
y enlazadas con un pobre cordel.

V

Hay ausencias que juegan a ser gotas
de rocío, de lluvia, de cristal,
y de pronto… se salen de sus cotas,
y se visten con traje de puñal,

y se clavan con fuerza de acicate,
esperando que un beso las rescate.

VI

Hay ausencias que son como el oxígeno
cuando el aire que falta nos desgrana.
O el remedio acertado, o el antígeno,
si un dolor ensañado nos aplana;

y nos dan esa cuota de alegría
necesaria para enfrentar el día.

VII

Hay ausencias con nombre y apellido
y con firma de autor impuesta al pie
en las hojas de un libro decidido
a espolear (para siempre) nuestra fe,

a brindar ese fuego que esperamos
y a dictarnos ¨el verso¨ que buscamos.


VIII

Hay ausencias que aún sin ser materia
nos agitan el pecho y nos abrasan
de la línea de la piel hasta la arteria,
y con brazos invisibles nos abrazan,

empujándonos en un perfecto vuelo
a tocar la misma lámina del cielo.


¡Sólo Dios! que es el único testigo,
debería firmar lo que les digo.


Y si Dios no quisiera declarar...
quizás pueda un lector más atrevido...







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jueves, 15 de marzo de 2012

Ensayando, ensayos.


DE FLAVIA STREMEL


Todos distintos. Ni peores, ni mejores. Genéticamente predestinados. Construídos -o destruídos- por una educación. "Un" "todo".
Algunos llegan a este mundo con un poder de decisión congénito. Eligen el momento que consideran más oportuno para salir del útero, sin tener en cuenta los cálculos médicos, los tiempos de la madre, el humor del padre, el cuarto preparado... por sí mismos o con alguna inevitable ayuda, pero en el día y hora que ellos designan. Desde ese instante y a medida que crecen son determinantes con su vida: escogen, desde muy temprana edad, vestimenta, actividades, amigos, estudios... y no aceptan consejos ni recriminaciones. Son personas que se fijan una meta y nadie, ni nada, logra que cambien de parecer, a menos que ellos lo decidan. Si algún hecho fortuito amenaza con cambiar el rumbo establecido ( una muerte inesperada, un embarazo sorpresivo, una enfermedad, una pérdida, una traición, un engaño...) y no tienen más remedio, reconocen su error y desvían (según su parecer) la meta unos centímetros (milímetros o metros, según lo crean conveniente) y siguen... con la mirada al frente. Son personas seguras, desconfiadas, pero su tendencia a no delegar los convierte en líderes defectuosos.
Dentro del mismo grupo podemos encontrar un subgrupo extremista. Aquellos que a la carga genética se les suma una educación que la avala. Sus educadores ( adultos en general que comporten y departen la vida con él), por propia decisión o bien por pereza dejan que este ser, independiente hasta el extremo, opte desde "teta o mamadera", hasta su propia muerte, pasando por inclinaciones sexuales, políticas, ideológicas, académicas.
Otros educadores sienten una responsabilidad sobre ese ser puesto en su camino; y utilizando métodos persuasivos (convencionales y de los otros) logran torcer esa determinación genética con la imposición de valores, costumbres, gustos, que esta persona asume como propios. Son más abiertos a los consejos y recomendaciones, piden ayuda cuando la necesitan y logran delegar.
En el extremo opuesto encontramos al indeciso congénito. Nace cuando el organismo de la madre o alguien decide. Se alimenta y se viste con lo que le ofrecen, sin siquiera plantearse poder elegir algo mejor. Utiliza pensamientos, razonamientos, sentimientos de los demás, ya que no cree poder elaborarlos por sí solo. Son personas inseguras que no tienen la capacidad de decidir. Necesitan ayuda para optar desde la compra de un objeto hasta el estudio, trabajo, vivienda... claro que no lo hacen de forma conciente: toman consejos (solicitados o no) y los llevan a cabo. De esta forma los demás son los organizadores de su vida, pero ellos nunca se quejan de esta situación. Suele haber momentos de su vida en los que se rebelan ante lo impuesto, pero sólo para aceptar la imposición de ideas, pensamientos, sentimientos de diferentes otros.
Dentro de este grupo también hay extremistas. Sus educadores fueron, son y serán personas autoritarias y demagogas... con mucho, poco o nada de amor sobre este ser. Desde pequeños tienen que acatar las decisiones de los demás con respecto a su vida: comida, vestimenta, estudio, amigos, pareja!, hijos!, trabajo!... obvio que no lo hacen de manera conciente: son dependientes inconsientes. El discurso "cuando seas grande vas a elegir" se prolonga hasta que esa persona pierde la capacidad de elección propia, por lo que inevitablemente durante toda su vida deben depender de otros: padres, maestros, hermanos, pares, amigos, pareja, hijos.
Cualquier lector podría pensar que estas personas son víctimas, y talvez lo sean... en el primer momento. Luego se acostumbran a esta cómoda posición. Nunca realizan una elección. Preguntan, escuchan y expresan "voy a seguir tu consejo". Demás está aclara que son personas sin metas, deseos o pasiones vicerales propias. Transitan por la vida dejándose arrastrar. Tampoco debemos confundir esta insulsa posición con fe en la Providencia Divina. Estas personas están incapacitadas ( congénita y formativamente) para tomar una decisión y muchas veces son concientes de ello. Cuando se les ocurre una idea ( que puede ser una fabulosa idea), la plantean de modo tal que quede claro que es una idea de otro. De este modo no asumen ninguna responsabilidad. Son aduladores. Pero cuando algo no sale como tiene previsto son los primeros en encontrar culpables, en recriminar, en victimizarse. Son terriblemente críticos con los demás...
... y sólo tuvieron que hacer una eleción en su vida: que los demás decidan por ellos.

Plegarias del ropero


de Silvina Grimaldi Bonin



Señor de la Santa Noche,

que vigilas las estrellas,

que das un marco a la luna

y entre sueños, nos contemplas.


Señor, que estás en los Cielos

advirtiendo nuestras huellas,

oyendo nuestros gemidos,
atendiendo nuestras quejas.


Señor, que me ves de sábanas

todas mojadas cubierta,

con el pelo enmarañado
y la piel como una hoguera.


Son la diez ¡sólo las diez!

y lo escuché abrir la puerta,

acercarse al dormitorio
despacio, por la escalera.


Señor, que mi buen esposo,

no entre directo a esta pieza,

que vaya primero al baño
y cinco revistas lea.


Para que entonces, sin pausa

y con apuro, yo pueda,

hacer salir del ropero
a mi Romeo y, él tenga

moción de extender su vida
y no arriesgar la cabeza...
la chance de un salto triple:
ventana, toldo y vereda.


Por ahora en el ropero…
aguarda en la amarga espera,
y esperamos que Dios Santo

tenga piedad del que reza…



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Plegarias del ropero

PLEGARIAS DEL ROPERO Señor de la Santa Noche, que vigilas las estrellas, que das un marco a la luna y entre sueños, nos contemplas. Señor, que estás en los Cielos advirtiendo nuestras huellas, oyendo nuestros gemidos, atendiendo nuestras quejas. Señor, que me ves de sábanas todas mojadas cubierta, con el pelo enmarañado y la piel como una hoguera. Son la diez ¡sólo las diez! y lo escuché abrir la puerta, acercarse al dormitorio despacio, por la escalera. Señor, que mi buen esposo, no entre directo a esta pieza, que vaya primero al baño y cinco revistas lea. Para que entonces, sin pausa y con apuro, yo pueda, hacer salir del ropero a mi Romeo y, él tenga moción de extender su vida y no arriesgar la cabeza... la chance de un salto triple: ventana, toldo y vereda. Por ahora en el ropero… aguarda en la amarga espera, y anhelamos que Dios Santo tenga piedad del que reza…

martes, 13 de marzo de 2012

Consigna EL OBJETO

El texto que nos proponemos escribir, tiene que estar inspirado en el siguiente objeto:

EL ROPERO



Mucha suerte !!! A ver qué encontramos por ahí....

jueves, 8 de marzo de 2012

El día de ella.

De Natalia Spina

La oscuridad escondía la congoja; la almohada se undía arenosa, movediza; las sábanas encima, amenazaban un enredo, parecían convertirse en sogas infinitas.

 Pesada la sangre, las venas dilataban; -no cabes adentro, repetían.

 Al caudal de lo que era una vida, lo vio evaporarse y se quedó mirándolo, nublada, enmohecida... ya lejos.

- El dolor nunca se fue, al fin y al cabo. Me habitará por siempre. Y me dejará sola en silencios tortuosos, con olor a metal, con el único sonido del aire que se cierra de golpe.

¿Sería esta vez una cama, la compañera de su cuerpo, la única que la toque? ¿o la hamaca de su madre, o el piso frío donde sentarse abrazada a sus piernas? Quizás esta vez, caminara por siempre, sin tocar el piso, con sus órganos vacíos, flotando como globos, en el aura del camino de las ausencias.

Que la ciencia no dijera nada. Que las plantas no murieran en tubos de vidrio. Que las dejaran mecerse, desde sus raíces tiernas. Lo único que quedaba igual a la infancia. Para sentirlas al paso, en las yemas de  sus dedos. Para succionar el jugo de sus blandos cabitos. Para que el cuerpo, tenga gusto a algo. Para que, durante tres minutos, su boca se moviera y rozara su lengua algo que antes, llamaba labios. 


 -Yo soy mujer - se animaron ellos a decretar. 

Un aroma a laurel impactó y rompió la nada. 

Sintió en sus dedos la fiel madera, la cuchara. Su brazo derecho dibujaba ochos  sobre algo humeante y rojo. La cara transpiraba. Los pies bajaban. La gravedad existía. Las pestañas salaron la salsa.

Como el astilloso explotar de un vidrio, una bocina. Movió su cara hacia la ventana. La paz del sentir de una sonrisa. Los chicos, volvían de la escuela.

jueves, 1 de marzo de 2012

La pregunta

de Natalia Spina

Deseo al regresar a casa, tener la cama tendida; resbalar mis piernas en sábanas limpias y tocar con mi pie izquierdo, el rincón más fresco del extremo del colchón. 


Quisiera un tazón de sopa naranja, con queso humeante mareándose en ella. Una manta; una canción erizante, una ventana impertinente abriéndose al sol. Una silla; un cuaderno en blanco para empezar todo de nuevo; un lápiz locuaz.


Desearía dormir menos, sin circulitos blancos de velos; despertarme con los ojos complacidos y la boca llena de besos; envolver con mi brazo su cintura y ensamblarme en la tibieza perfecta de su cuerpo. Allí, reposar un rato más, mirándole la nuca, corriendo ese manantial de pelo para jugar a descubrir su cuello. Aspirar su suspiro cuando se da vuelta y sentirla niña, arropando los hombros con las telas. Sorprenderme, como siempre, con sus cálidos relieves y ser el único en su historia que la roza, venera, que tirita el frío orgullo del destino.


Quisiera, no se haya ido. No querer haber muerto. No haber cerrado los días ni destruido el lecho; no haberla buscado nunca; no haber leído sus versos. Porque cada papel suelto, tiene escrito su nombre y se amarilla en silencio. Ya no hay tintas, ya no hay ropa; ni tu aroma me has dejado.


Yo que creí conocerle. Yo, que me sentí amado…


Ahora, lo niego todo; y la suelto; la regalo como si hubiera sido mía.
Pero camino entre escombros, lastimándome los dedos, despelechando la piel de tantos recuerdos.


Y así, tan poca cosa, tan usado, tan gastado, me he sentado en esta silla, frente a esta mesa, que es solamente un cuadrado. Desearía estar arriba del mantel, vociferando, pero una voz me repite: -“¿Señor…desea usted algo?”

martes, 28 de febrero de 2012

INCÓGNITAS

 De Silvina Grimaldi Bonin




I

¿Cuánto
tardan en mezclarse en el viento los suspiros?
¿Cuánto
dura el reverbero de una estrella que se cae?
¿Cuánto
perduran los ecos de una sonrisa en el aire?
¿Cuánto
demora una lágrima en deshacerse en el río?

II

¿Cómo
alargar la ternura de una caricia en el alma?
¿Cómo
atrapar con las manos alguna noche de estío?
¿Cómo
guardar sin reparos tu corazón en el mío?
¿Cómo
lograr que tu sombra no escape al rayar el alba?

III

¿Qué
produce que un latido que murió vuelva a escucharse?
¿Qué
fenómeno consigue que el hielo como agua corra?
¿Qué
parámetros se siguen cuando las leyes se borran?
¿Qué
conduce a un ser de piedra con el calor a ablandarse?

IV

¿Cuál
de todos los destinos es el que alumbra tu faro?
¿Cuál
de todas las mareas me llevarán a tu puerto?
¿Cuál
de todas las respuestas me enfrentará con lo cierto?
¿Cuál
de todos los caminos conducen hasta tu amparo?

V

¿Quién
ha encontrado en el nido el amor que lo ha salvado?
¿Quién
acertó y por la senda que corresponde camina?
¿Quién
luchó todas las guerras sin desangrar por la herida?
¿Quién
es feliz , quién lo ha sido, quién el dolor ha enterrado?


VI

¿Dónde
brillan los rosales pincelados de color?
¿Dónde
se arropa la luna con perlas claras y argento?
¿Donde
se toca la espuma con la arena en un momento?
¿Dónde
irradian los trigales como una alfombra de sol?


¿Cuánto
más puede alentarse
un fuego que apagará?
¿Cómo
sostiene una nube
un palacio que caerá?
¿Qué
llave me abre la puerta
para hallar la paz perdida?
¿Cuál
es el modo más fácil
para encontrar la salida?
¿Quién
me dirá los secretos
para acertar y anularte?
¿Dónde
encuentro la manera
para lograr olvidarte?

¿Cuánto? ¿Cómo? ¿Cuál? ¿Quién? ¿Dónde...?






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