Espacio literario abierto para mujeres que disfrutan escribir. Entre ellas raramente se conocen. Provienen de muchos lugares y tienen realidades absolutamente diferentes. Se fueron sumando y formaron esta ronda.Une palabras, Natalia Spina.
Para participar enviá un mail a palabrasenronda@gmail.com Todas las imágenes están extraídas de la red INTERNET
jueves, 29 de marzo de 2012
La vida no es la que uno vivió, sino la que recuerda y cómo la recuerda para contarla.
María Carolina Villanueva
Olvidamos el sol, el aire, el olor al pasto recién cortado.
Olvidamos jugar en la lluvia, chapotear en sus charcos.
Saborear el aroma a café y a tostadas con canela.
Remolonear cinco minutos más, desperezarnos con ganas,
cantar en la ducha, dibujar en el vapor de espejo.
Se nos hizo tarde, despertemos ya.
Salimos corriendo, estamos atrasados.
Despedimos el tiempo de comer a gusto, de reír con ganas.
Al salir del trabajo nos hicimos viejos.
Sin recibir sonrisa de vuelta, sin reflejarse en ojos algunos,
Sonreímos sin esperar respuesta.
Nos hemos acostumbrado a ser ignorados, a gritos pedimos, tanto, ser mirados.
Si el trabajo está duro, buscamos consuelo soñando el fin de semana.
Y sin mucho que hacer, el fin de semana, vamos a dormir temprano y
quedamos contentos, siempre tenemos sueño quedado.
Acostumbramos nos a ahorrar vida. Que, de poco a poquito, igual se gasta
y se queda gastada.
Por acostumbrados, nos perdimos vivir.
La vida es la que uno recuerda.
Y para contarla habría que vivirla, dejando al descubierto el alma.
No importa cuánto corramos, cuán ciegos seamos, no nos perdamos
el tesoro inigualable de siempre, siempre recordar que lugar hay
para compartir un par de tazas de café con algún amigo.
martes, 27 de marzo de 2012
¿Cómo salir de un laberinto?
De María Livia Aghemo
Queridísimo amor:
Te escribo desde un banco de esta gris y transitada terminal; sabiendo que hoy, en este preciso instante, debo tomar una decisión sobre nuestra relación.
El verano pasó, y con él, las promesas vanas que recibí de ti. Las hojas de los árboles, ya marrones y secas, comenzaron a caer. La vida entera se transformó en una intensa melancolía. Los niños de mi barrio salen gritando y cantando luego de su jornada escolar. Cada una de sus agudas vocecillas es un puñal oxidado que se clava en mi corazón.
Incluso en esta terminal, en la que me encuentro, la tristeza ha coloreado todo de ocre. Ese perro con sarna durmiendo bajo el banco plácidamente, como si no pudiera recibir de la vida nada mejor que esto. Los vidrios sucios de los negocios, los carteles descoloridos, y esa pizarra al final del pasillo que siempre ofrece el mismo menú: un tostado con una gaseosa.
Siento que mi corazón se ha llenado de humedad desde que estoy contigo y, poco a poco, el moho lo ha comenzado a cubrir. Estoy segura de que si abrieran mi pecho por algún motivo, Dios no lo permita, mi corazón ya no sería rojo. Latería lentamente, enverdecido, como queriendo renunciar.
El bolso que me preparé es pequeño, no puedo cargar von tantas cosas puesto que aún no he decidido adónde ir.
Seguramente, en el momento que recibas esta carta, ya no estaré aquí. Viviré lejos, en un lugar lleno de colores, sonidos, calor. Me encontraré bailando, riendo y haciendo el amor, salvajemente, con otros hombres.
Siempre me recordarás como a esa niña desesperada, perdida en un laberinto, del que sólo tú conocías la salida y nunca, pero nunca, te dignaste a decírmela.
Tuya siempre.
XX Estrella XX
Queridísimo amor:
Te escribo desde un banco de esta gris y transitada terminal; sabiendo que hoy, en este preciso instante, debo tomar una decisión sobre nuestra relación.
El verano pasó, y con él, las promesas vanas que recibí de ti. Las hojas de los árboles, ya marrones y secas, comenzaron a caer. La vida entera se transformó en una intensa melancolía. Los niños de mi barrio salen gritando y cantando luego de su jornada escolar. Cada una de sus agudas vocecillas es un puñal oxidado que se clava en mi corazón.
Incluso en esta terminal, en la que me encuentro, la tristeza ha coloreado todo de ocre. Ese perro con sarna durmiendo bajo el banco plácidamente, como si no pudiera recibir de la vida nada mejor que esto. Los vidrios sucios de los negocios, los carteles descoloridos, y esa pizarra al final del pasillo que siempre ofrece el mismo menú: un tostado con una gaseosa.
Siento que mi corazón se ha llenado de humedad desde que estoy contigo y, poco a poco, el moho lo ha comenzado a cubrir. Estoy segura de que si abrieran mi pecho por algún motivo, Dios no lo permita, mi corazón ya no sería rojo. Latería lentamente, enverdecido, como queriendo renunciar.
El bolso que me preparé es pequeño, no puedo cargar von tantas cosas puesto que aún no he decidido adónde ir.
Seguramente, en el momento que recibas esta carta, ya no estaré aquí. Viviré lejos, en un lugar lleno de colores, sonidos, calor. Me encontraré bailando, riendo y haciendo el amor, salvajemente, con otros hombres.
Siempre me recordarás como a esa niña desesperada, perdida en un laberinto, del que sólo tú conocías la salida y nunca, pero nunca, te dignaste a decírmela.
Tuya siempre.
XX Estrella XX
viernes, 23 de marzo de 2012
CONSIGNA DE ESTRELLA: ¿Cómo salir de un laberinto?
La próxima consigna ha sido diseñada por Silvina Grimaldi Bonin.
La estrella, que está estrellada,
y sólo Dios sabe cuánto,
agradece honores tantos
y haber sido blasonada.
Ergo, en pose bien digna
expone sobre este plinto
-salvo criterio distinto…-
que la consigna sea:
¿CÓMO
ESCAPAR DE UN LABERINTO?
CERCANÍA
Estaba recostada y él se inclinó sobre mí, casi rozándome el pecho. Su cara estaba tan cerca de la mía que podía sentir el aire que exhalaba haciéndome cosquillas.
Me miró, “es muy lindo”-pienso.
Me sonríe y, empuñando la pinza con todas sus fuerzas, me arranca la muela.
En ese instante termina el idilio con mi dentista.
PLACERES INTANGIBLES
de Silvina Grimaldi Bonin
Estos versos están dedicados
a las AUSENCIAS que ocupan a veces, un lugar privilegiado, incluso, más grande que el de las PRESENCIAS...
I
Hay ausencias que guardan el prodigio
de llenar los espacios más inmensos,
sospechando que no tendrán litigio,
al meterse en los huecos indefensos,
imitando el gracejo singular
de la luz en el cielo al aclarar.
II
Y allá van… por el cuerpo y por el alma
desplazándose a antojo y suavemente,
con descaro total y con la calma
del que sabe que entra impunemente,
porque siempre será tan bienvenido,
que jamás hallará un lugar prohibido.
III
Hay ausencias que no tienen vergüenza,
ni pudor, ni temor al desacato.
Que se instalan donde uno menos piensa
sin mediar el más mínimo recato,
ocupando la cama sin aviso
y olvidando pedirnos un permiso.
IV
Hay ausencias con forma de recuerdos,
y las otras, que son evocaciones
de un mañana sin firma y sin acuerdos,
bien provisto de un fajo de ilusiones
dibujadas (no siempre) en un papel
y enlazadas con un pobre cordel.
V
Hay ausencias que juegan a ser gotas
de rocío, de lluvia, de cristal,
y de pronto… se salen de sus cotas,
y se visten con traje de puñal,
y se clavan con fuerza de acicate,
esperando que un beso las rescate.
VI
Hay ausencias que son como el oxígeno
cuando el aire que falta nos desgrana.
O el remedio acertado, o el antígeno,
si un dolor ensañado nos aplana;
y nos dan esa cuota de alegría
necesaria para enfrentar el día.
VII
Hay ausencias con nombre y apellido
y con firma de autor impuesta al pie
en las hojas de un libro decidido
a espolear (para siempre) nuestra fe,
a brindar ese fuego que esperamos
y a dictarnos ¨el verso¨ que buscamos.
VIII
Hay ausencias que aún sin ser materia
nos agitan el pecho y nos abrasan
de la línea de la piel hasta la arteria,
y con brazos invisibles nos abrazan,
empujándonos en un perfecto vuelo
a tocar la misma lámina del cielo.
¡Sólo Dios! que es el único testigo,
debería firmar lo que les digo.
Y si Dios no quisiera declarar...
quizás pueda un lector más atrevido...
__________________________ ____________
TEXTOS:
www.silvinagrimaldi.com.ar
EXPTE.4993996/2012- D.N.D.A.Arg.
TUITOS (¡ TUITOS! ) LOS DERECHOS RESERVADOS ©
__________________________ ____________
IMAGEN
Extraida de la RED de INTERNET.
TEXTO:
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Estos versos están dedicados
a las AUSENCIAS que ocupan a veces, un lugar privilegiado, incluso, más grande que el de las PRESENCIAS...
I
Hay ausencias que guardan el prodigio
de llenar los espacios más inmensos,
sospechando que no tendrán litigio,
al meterse en los huecos indefensos,
imitando el gracejo singular
de la luz en el cielo al aclarar.
II
Y allá van… por el cuerpo y por el alma
desplazándose a antojo y suavemente,
con descaro total y con la calma
del que sabe que entra impunemente,
porque siempre será tan bienvenido,
que jamás hallará un lugar prohibido.
III
Hay ausencias que no tienen vergüenza,
ni pudor, ni temor al desacato.
Que se instalan donde uno menos piensa
sin mediar el más mínimo recato,
ocupando la cama sin aviso
y olvidando pedirnos un permiso.
IV
Hay ausencias con forma de recuerdos,
y las otras, que son evocaciones
de un mañana sin firma y sin acuerdos,
bien provisto de un fajo de ilusiones
dibujadas (no siempre) en un papel
y enlazadas con un pobre cordel.
V
Hay ausencias que juegan a ser gotas
de rocío, de lluvia, de cristal,
y de pronto… se salen de sus cotas,
y se visten con traje de puñal,
y se clavan con fuerza de acicate,
esperando que un beso las rescate.
VI
Hay ausencias que son como el oxígeno
cuando el aire que falta nos desgrana.
O el remedio acertado, o el antígeno,
si un dolor ensañado nos aplana;
y nos dan esa cuota de alegría
necesaria para enfrentar el día.
VII
Hay ausencias con nombre y apellido
y con firma de autor impuesta al pie
en las hojas de un libro decidido
a espolear (para siempre) nuestra fe,
a brindar ese fuego que esperamos
y a dictarnos ¨el verso¨ que buscamos.
VIII
Hay ausencias que aún sin ser materia
nos agitan el pecho y nos abrasan
de la línea de la piel hasta la arteria,
y con brazos invisibles nos abrazan,
empujándonos en un perfecto vuelo
a tocar la misma lámina del cielo.
¡Sólo Dios! que es el único testigo,
debería firmar lo que les digo.
Y si Dios no quisiera declarar...
quizás pueda un lector más atrevido...
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jueves, 15 de marzo de 2012
Ensayando, ensayos.
DE FLAVIA STREMEL
Todos distintos. Ni peores, ni mejores. Genéticamente predestinados. Construídos -o destruídos- por una educación. "Un" "todo".
Algunos llegan a este mundo con un poder de decisión congénito. Eligen el momento que consideran más oportuno para salir del útero, sin tener en cuenta los cálculos médicos, los tiempos de la madre, el humor del padre, el cuarto preparado... por sí mismos o con alguna inevitable ayuda, pero en el día y hora que ellos designan. Desde ese instante y a medida que crecen son determinantes con su vida: escogen, desde muy temprana edad, vestimenta, actividades, amigos, estudios... y no aceptan consejos ni recriminaciones. Son personas que se fijan una meta y nadie, ni nada, logra que cambien de parecer, a menos que ellos lo decidan. Si algún hecho fortuito amenaza con cambiar el rumbo establecido ( una muerte inesperada, un embarazo sorpresivo, una enfermedad, una pérdida, una traición, un engaño...) y no tienen más remedio, reconocen su error y desvían (según su parecer) la meta unos centímetros (milímetros o metros, según lo crean conveniente) y siguen... con la mirada al frente. Son personas seguras, desconfiadas, pero su tendencia a no delegar los convierte en líderes defectuosos.
Dentro del mismo grupo podemos encontrar un subgrupo extremista. Aquellos que a la carga genética se les suma una educación que la avala. Sus educadores ( adultos en general que comporten y departen la vida con él), por propia decisión o bien por pereza dejan que este ser, independiente hasta el extremo, opte desde "teta o mamadera", hasta su propia muerte, pasando por inclinaciones sexuales, políticas, ideológicas, académicas.
Otros educadores sienten una responsabilidad sobre ese ser puesto en su camino; y utilizando métodos persuasivos (convencionales y de los otros) logran torcer esa determinación genética con la imposición de valores, costumbres, gustos, que esta persona asume como propios. Son más abiertos a los consejos y recomendaciones, piden ayuda cuando la necesitan y logran delegar.
En el extremo opuesto encontramos al indeciso congénito. Nace cuando el organismo de la madre o alguien decide. Se alimenta y se viste con lo que le ofrecen, sin siquiera plantearse poder elegir algo mejor. Utiliza pensamientos, razonamientos, sentimientos de los demás, ya que no cree poder elaborarlos por sí solo. Son personas inseguras que no tienen la capacidad de decidir. Necesitan ayuda para optar desde la compra de un objeto hasta el estudio, trabajo, vivienda... claro que no lo hacen de forma conciente: toman consejos (solicitados o no) y los llevan a cabo. De esta forma los demás son los organizadores de su vida, pero ellos nunca se quejan de esta situación. Suele haber momentos de su vida en los que se rebelan ante lo impuesto, pero sólo para aceptar la imposición de ideas, pensamientos, sentimientos de diferentes otros.
Dentro de este grupo también hay extremistas. Sus educadores fueron, son y serán personas autoritarias y demagogas... con mucho, poco o nada de amor sobre este ser. Desde pequeños tienen que acatar las decisiones de los demás con respecto a su vida: comida, vestimenta, estudio, amigos, pareja!, hijos!, trabajo!... obvio que no lo hacen de manera conciente: son dependientes inconsientes. El discurso "cuando seas grande vas a elegir" se prolonga hasta que esa persona pierde la capacidad de elección propia, por lo que inevitablemente durante toda su vida deben depender de otros: padres, maestros, hermanos, pares, amigos, pareja, hijos.
Cualquier lector podría pensar que estas personas son víctimas, y talvez lo sean... en el primer momento. Luego se acostumbran a esta cómoda posición. Nunca realizan una elección. Preguntan, escuchan y expresan "voy a seguir tu consejo". Demás está aclara que son personas sin metas, deseos o pasiones vicerales propias. Transitan por la vida dejándose arrastrar. Tampoco debemos confundir esta insulsa posición con fe en la Providencia Divina. Estas personas están incapacitadas ( congénita y formativamente) para tomar una decisión y muchas veces son concientes de ello. Cuando se les ocurre una idea ( que puede ser una fabulosa idea), la plantean de modo tal que quede claro que es una idea de otro. De este modo no asumen ninguna responsabilidad. Son aduladores. Pero cuando algo no sale como tiene previsto son los primeros en encontrar culpables, en recriminar, en victimizarse. Son terriblemente críticos con los demás...
... y sólo tuvieron que hacer una eleción en su vida: que los demás decidan por ellos.
Plegarias del ropero
de Silvina Grimaldi Bonin
Señor de la Santa Noche,
que vigilas las estrellas,
que das un marco a la luna
y entre sueños, nos contemplas.
Señor, que estás en los Cielos
advirtiendo nuestras huellas,
oyendo nuestros gemidos,
atendiendo nuestras quejas.
Señor, que me ves de sábanas
todas mojadas cubierta,
con el pelo enmarañado
y la piel como una hoguera.
Son la diez ¡sólo las diez!
y lo escuché abrir la puerta,
acercarse al dormitorio
despacio, por la escalera.
Señor, que mi buen esposo,
no entre directo a esta pieza,
que vaya primero al baño
y cinco revistas lea.
Para que entonces, sin pausa
y con apuro, yo pueda,
hacer salir del ropero
a mi Romeo y, él tenga
moción de extender su vida
y no arriesgar la cabeza...
la chance de un salto triple:
ventana, toldo y vereda.
Por ahora en el ropero…
aguarda en la amarga espera,
y esperamos que Dios Santo
tenga piedad del que reza…
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TEXTOS:
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Extraida de la RED de INTERNET.
Plegarias del ropero
PLEGARIAS DEL ROPERO
Señor de la Santa Noche, que vigilas las estrellas,
que das un marco a la luna
y entre sueños, nos contemplas.
Señor, que estás en los Cielos
advirtiendo nuestras huellas,
oyendo nuestros gemidos,
atendiendo nuestras quejas.
Señor, que me ves de sábanas
todas mojadas cubierta,
con el pelo enmarañado
y la piel como una hoguera.
Son la diez ¡sólo las diez!
y lo escuché abrir la puerta,
acercarse al dormitorio
despacio, por la escalera.
Señor, que mi buen esposo,
no entre directo a esta pieza,
que vaya primero al baño
y cinco revistas lea.
Para que entonces, sin pausa
y con apuro, yo pueda,
hacer salir del ropero
a mi Romeo y, él tenga
moción de extender su vida
y no arriesgar la cabeza...
la chance de un salto triple:
ventana, toldo y vereda.
Por ahora en el ropero…
aguarda en la amarga espera,
y anhelamos que Dios Santo
tenga piedad del que reza…
martes, 13 de marzo de 2012
Consigna EL OBJETO
El texto que nos proponemos escribir, tiene que estar inspirado en el siguiente objeto:
Mucha suerte !!! A ver qué encontramos por ahí....
EL ROPERO
Mucha suerte !!! A ver qué encontramos por ahí....
jueves, 8 de marzo de 2012
El día de ella.
De Natalia Spina
La oscuridad escondía la congoja; la almohada se undía arenosa, movediza; las sábanas encima, amenazaban un enredo, parecían convertirse en sogas infinitas.
Pesada la sangre, las venas dilataban; -no cabes adentro, repetían.
Al caudal de lo que era una vida, lo vio evaporarse y se quedó mirándolo, nublada, enmohecida... ya lejos.
Al caudal de lo que era una vida, lo vio evaporarse y se quedó mirándolo, nublada, enmohecida... ya lejos.
- El dolor nunca se fue, al fin y al cabo. Me habitará por siempre. Y me dejará sola en silencios tortuosos, con olor a metal, con el único sonido del aire que se cierra de golpe.
¿Sería esta vez una cama, la compañera de su cuerpo, la única que la toque? ¿o la hamaca de su madre, o el piso frío donde sentarse abrazada a sus piernas? Quizás esta vez, caminara por siempre, sin tocar el piso, con sus órganos vacíos, flotando como globos, en el aura del camino de las ausencias.
Que la ciencia no dijera nada. Que las plantas no murieran en tubos de vidrio. Que las dejaran mecerse, desde sus raíces tiernas. Lo único que quedaba igual a la infancia. Para sentirlas al paso, en las yemas de sus dedos. Para succionar el jugo de sus blandos cabitos. Para que el cuerpo, tenga gusto a algo. Para que, durante tres minutos, su boca se moviera y rozara su lengua algo que antes, llamaba labios.
-Yo soy mujer - se animaron ellos a decretar.
-Yo soy mujer - se animaron ellos a decretar.
Un aroma a laurel impactó y rompió la nada.
Sintió en sus dedos la fiel madera, la cuchara. Su brazo derecho dibujaba ochos sobre algo humeante y rojo. La cara transpiraba. Los pies bajaban. La gravedad existía. Las pestañas salaron la salsa.
Como el astilloso explotar de un vidrio, una bocina. Movió su cara hacia la ventana. La paz del sentir de una sonrisa. Los chicos, volvían de la escuela.
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