Dificil... a ver qué se nos ocurre... "tus"miedos, "mi miedo", "autobiografía de un miedo"...
Espacio literario abierto para mujeres que disfrutan escribir. Entre ellas raramente se conocen. Provienen de muchos lugares y tienen realidades absolutamente diferentes. Se fueron sumando y formaron esta ronda.Une palabras, Natalia Spina.
Para participar enviá un mail a palabrasenronda@gmail.com Todas las imágenes están extraídas de la red INTERNET
miércoles, 18 de abril de 2012
Sala de espera
De María Livia Aghemo
Verlo venir caminando con su bastón fue como ver venir caminando a la muerte misma. Ese andar, sin equilibrio, bamboleando el cuerpo de derecha a izquierda y de izquierda a derecha.
La mirada brillosa, que no es lo mismo que decir brillante.
Colgado, literalmente, del brazo de esa chica que lo acompaña. Esa chica que está pensando en el sábado, en el baile, en ese chico. Ella sí tiene la mirada brillante. Brillante como el sol en primavera que te enceguece los ojos. Brillante como las estrellas de esa noche que te dejaron salir sola por primera vez. Brillante como la sonrisa del flaco al decirte el primer te amo.
Esa chica que lo acompaña sostiene su brazo como podría sostener el de cualquier otro anciano. Su cara muestra esa inocencia que todos sentimos alguna vez, esa que, por el solo hecho de sentirse joven, uno se siente también inmortal.
No quiero nunca más venir a esta clínica, no quiero que la sala de espera se encuentre al lado del área oncológica.
El anciano pasa a mi lado y evito mirarlo.
Me pregunto si es cierto que las mariposas sólo viven veinticuatro horas.
jueves, 12 de abril de 2012
La pasión
De Mariana Molina Gòmez
LA PASION...UN ESTADO EMOCIONAL, UNA INFUSION DE ENERGIA TEMPORAL. UNA CHISPA QUE ENCIENDE EL ALMA.
LA PASION...UN ESTADO EMOCIONAL, UNA INFUSION DE ENERGIA TEMPORAL. UNA CHISPA QUE ENCIENDE EL ALMA.
ES LO QUE TE PERMITE LOGRAR OBJETIVOS DIFICILES, HACIENDO QUE VALGA LA PENA TODO EL ESFUERZO ENTREGADO.
PASION ES LA FUERZA DE TODO LO QUE HAGO Y ENCARO EN LA VIDA, GARANTIZANDOME BUENOS RESULTADOS.
VIVO CON PASION Y MARCO LA DIFERENCIA ENTRE VER LA VIDA PASAR Y SER PARTE DE ELLA.
USO LA PASION PARA PODER CAMBIAR EL CURSO DE LOS ACONTECIMIENTOS, DISFRUTANDO CADA INSTANTE, SOLO PARA SATISFACERLA.
martes, 10 de abril de 2012
ESA VIEJA COSTUMBRE DE ADORARTE
De Silvina Grimaldi Bonin
I
De la vieja costumbre de adorarte,
guardo un mapa (del sur) que se embarró,
una flecha (a tu nombre) que falló
y un caballo (cansado) de marcarte.
Un disfraz del Quijote (sin la espada).
Un motor a inyección (que no da más).
Unos celos que (al fin) duermen en paz.
Y un papel con (tu) letra borroneada.
Un oficio (gratuito) de firmarte
cada verso y la estoica cuadratura
de este gris monitor (que sin premura)
ya ha agotado su afán de provocarte.
Toda lava interior pierde energías
cuando entiende que se ha cortado el tiento,
y en su avance, se arraiga al desaliento
a medida que el tiempo suma días.
Como un fuego integral, se muere lento,
bajo un mar de razones y valías.
(Yo recuerdo que siempre me decías
que me abstenga de hacerte un juramento…)
II
Y en la vieja costumbre de adorarte,
también guardo tres cajas de ternura,
siete perlas de lluvia, la tortura
de tu ausencia, y el vicio de soñarte.
Como el loro en su jaula, que por viejo,
va perdiendo las plumas, no las mañas,
esa antigua costumbre es tan extraña
que te vive acechando en el espejo.
Los amores que ¡a más hondo se animan…!
son aquellos que apenas si rozaste,
son aquellos que nunca te olvidaste,
son aquellos que ya no te lastiman.
Es nostalgia, que aún sin amargarte,
no es tan fácil sacártela de encima,
no te choca de frente, no te intima,
pero tiene el tupé de emocionarte,
¡igualita, che… !
a esa vieja costumbre de adorarte...
__________________________
TEXTOS:
www.silvinagrimaldi.com.ar
EXPTE.4993996/2012- D.N.D.A.Arg.
TUITOS (¡ TUITOS! ) LOS DERECHOS RESERVADOS ©
__________________________
IMAGEN
Extraida de la RED de INTERNET.
viernes, 6 de abril de 2012
La hebra
De Natalia Spina
La
tela estaba ya preparada en el bastidor.
Azul petróleo, mansa y relajada, esperaba convertirse en la pechera de
un vestido único y majestuoso. El
bordado, haría la diferencia y Rodolfo tenía preparada la larguísima hebra
plateada para comenzar un recorrido laberíntico, sin cortes. La pequeña tijera Solingen, se hamacaba
hambrienta en una cinta morada alrededor del cuello del modisto; sabía que no
debía ser usada una vez que él diera la primera puntada.
El
artesano estudió el plano, calculó los surcos que marcaría, la distancia entre
cadenetas, la perspectiva de ese lienzo a punto de ser trazado de una sola vez
con el fino cincel. Tomó uno de los extremos y con un movimiento reflejo, lo llevó
hacia sus labios, donde humedeció levemente la punta del hilo brillante. Fugaz
ceremonia ancestral que venía viviendo desde hacía ya cincuenta años. Sacando
la aguja del alfiletero, preparó su visión para deslizarla por el minúsculo
orificio aplanado. Cuando sus brazos estaban firmes para sostener el pulso de
sus manos pequeñas y pálidas, las sombrías espectrales siluetas aparecieron
nuevamente por atrás.
Abundia apoyó su mano sobre el hombro derecho
de su hijo, Victorina, sobre el izquierdo de su sobrino. Estremecido, tembló. La
aguja pinchó su pulgar y luego se deslizó hacia el suelo, donde se perdió
velozmente entre hilachas y retazos, como una mojarrita que escapa del anzuelo.
La hebra en cambio, quedó sujeta a sus dedos, trabados, erizados, transpirados
y fríos. La mirada, antes concentrada,
se rindió a la ceguera empapada de sus lágrimas impiadosas que marcaron sobre
la tela, un nuevo camino, ya no imaginario. Las únicas mujeres de su vida seguirían
allí, no se irían nunca, lo sabía.
Nadie como Abundia para bordar; nadie como
Victorina para cortar el género. Las
hermanas Fernández eran únicas, juntas, como dedo y dedal, literalmente. Ambas
vestidas siempre de negro, viuda la primera, compañera de luto la segunda. Una,
rodete entrecano; otra castaño, poco y lacio, detrás de sus orejas. Ambas, la
misma colonia; ambas, distintos aromas. Ojos pequeños las dos; de una,
oscuros y brillantes; de otra, oscuros
solamente.
Desde siempre el niño no se parecía en nada al
marino perdido, estaba confeccionado a la medida perfecta, talle, alto, tono y
corte, de ellas dos. Hasta el sonido de su voz estaba acompasado como el de
ellas, al ritmo de la correa de cuero de la máquina de coser. Como esta última,
los pasos de Rodolfito iban y volvían en
el vaivén del mismo pedal.
El
pequeño pasaba las horas sentado en el piso de la salita de costura, entre
carreteles vacíos que convertía en cañones y soldaditos verdes que vestía con
los trajes que él mismo hacía. Abundia y Victorina supervisaban
orgullosas sus creaciones, aunque su madre era la única que sabía que el revés
de la vida de su hijo, que cosían tan perfecto, no estaba como le hubiese
gustado. El doblez de Rodolfito nunca se dejaba ver, pero a medida que aprendía
a surfilar los bordes de los paños mejor cortados, aparecían de vez en cuando
los hilitos colgando, cosa bastante desprolija. Las hermanas se miraban y, con
molestia, señalaban los errores al obediente aprendiz, que desarmaba
dobladillos y volvía a coserlos, de la manera que ellas lo hacían.
Hasta
que el día que cumplió veinte años, exactamente a las diez de la mañana sonó el
timbre de la oscura casona. La tía saltó de su silla y, alegre como siempre,
corrió a la puerta, abrió e hizo pasar a un muchacho que traía un paquete
cuadrado, envuelto en papel blanco con la insignia de la Confitería Lübek donde
diariamente Rodolfo compraba el pan de salvado, luego de la misa de las ocho. Era el postre “Imperial Ruso”, de crema y
merengue, que tanto le gustaba y recibía religiosamente todos sus onomásticos. Siempre
lo traía su tía. No ese día.
-¡Qué
suerte que pudieron prepararlo, joven! Era una lástima que por primera vez
Rodolfito no tuviera su torta de cumpleaños.
-Es
que no nos venían trayendo la crema de siempre y, para los que conocen bien
esta exquisitez, la diferencia en el gusto era mucha. Por suerte mamá consiguió un litro y pudo
prepararla. Se la dejo por acá?-dijo
inclinándose sobre la mesita del perchero espejo del zaguán.
-Sí,
sí, muchas gracias. Digame, ¿es lo de siempre?- preguntó mientras recogía y
abría la caramelera de porcelana y sacaba unos billetes bien dobladitos.
-
Lo de siempre señorita-y la solterona sonrió halagada.
Entregó
el dinero y mientras acompañaba al chico a la puerta, el mismo se dio vuelta y,
mirando hacia la pieza donde estaba Rodolfo supuestamente cosiendo, dijo: -ah!
Dígale a su sobrino que feliz cumpleaños. Acá le dejo una pavadita, cortesía de
la casa.
-pero
mirá vos la amabilidad! Va a estar muy contento. Gracias…
-Santiago-
ayudó a terminar la frase él.
Y
luego de dejar al lado de la torta una pequeñísima cajita azul, se fue sin más.
Victorina
cerró con llave y hechó el cerrojo de cadena, como siempre.
-¡Rodolfito
vení! Pero mirá qué amable esta gente, hasta un regalito te han mandado-dijo
mientras entraba al cuarto y daba al joven costurero el paquetito. – Voy a meter
el imperial en la heladera.
Abundia,
sentada a la máquina, habiendo detenido el pedal, había escuchado atenta la
conversación y observado a su hijo que, apenas escuchó la voz del tal Santiago,
empezó a cargar las bovinas de metal con hilo blanco. Se lo veía nervioso, como
asustado. Luego allí estaba, con el
regalito en las manos, mirándolo sin animarse a abrirlo.
-¿no
te vas a fijar qué es lo que te trajeron?-le preguntó con curiosidad
inquisitiva.
-Luego-contestó
él. Ahora voy a terminar con esto-y metiendo el regalo secreto en el bolsillo
del delantal, continuó con su labor.
Por
la noche, Abundia, entró silenciosamente al cuarto donde su hijo dormía y,
husmeando por conocidos rincones, encontró la cajita. Adentro, un anillo muy
fino, con una minúscula rodocrosita. Cerró la tapa y salió de la habitación con
una sonrisa de irónica satisfacción. Había visto y confirmado el escondido doblez
de su mejor prenda y lo descosería hasta que quedara como debía ser: igual el
derecho que el revés.
No hubo más misas.
No se comió más pan.
No solamente Abundia descosió, sino que rajó la tela con crueldad, dejando sólo hilachas desteñidas que, con el tiempo, se desintegraron en la soledad más profunda del amor enjaulado que gritaba querer morir, sin poder hacerlo.
No hubo más misas.
No se comió más pan.
No solamente Abundia descosió, sino que rajó la tela con crueldad, dejando sólo hilachas desteñidas que, con el tiempo, se desintegraron en la soledad más profunda del amor enjaulado que gritaba querer morir, sin poder hacerlo.
Ahora
las dos, no cosían su tela, pero no cortaron nunca sus hilos y, aún más que
antes, Rodolfo era una costura invisible, sin puntas donde descoser.
El bastidor todavía no caía de su falda. Se fueron yendo sus ojos, tan oscuros, se abrió un poco más su mano. La tela azul petróleo fue bordándose en un eterno hilo sangre que, como en una perfecta costura, nunca se cortó.
LA DE LOS OJOS GRANDES
De Indira López Castagna
La han llenado de sombras, la han ahogado de
brumas, la han desenfocado. Le pusieron de fondo una música de pánico, la
vistieron de luto, de fatalidad, la perfumaron con aroma a flores y pino y así
la mandaron.
Pobrecita, inocente, ella que solo nos viene a
invitar a otro estado, no a dejar de ser, sino a transformarnos, a
reformularnos.
El agua que pasa de ser vapor a ser líquido y luego
hielo, pero nunca deja de ser esencialmente agua.
martes, 3 de abril de 2012
El soldado
de Mariana Molina Gómez
MARCHÓ EL SOLDADO EN UN LENTO ANDAR
DEJANDO EN SU PASO PENA Y SOLEDAD.
CRUZO VALLES Y MONTAÑAS Y POR FIN LLEGÓ AL MAR
Y OBSERVÓ CON DOLOR LO QUE DEJABA ATRÁS,
JUVENTUD, ANHELOS Y AMISTAD.
SE SENTÓ EN LA PLAYA Y TRATÓ DE PENSAR,
PERO SOLO LE VINO A LA MENTE AQUELLA CRUELDAD
Y MIRANDO A LAS ESTRELLAS COMENZÓ A LLORAR,
Y SU VIDA SE CERRÓ CON AQUELLA OSCURIDAD.
viernes, 30 de marzo de 2012
La elección
De Natalia Spina
Para mi elegido.
Te sugiero que remuevas de tus venas, la palabra “libertad”
Que la hagas visible a tus ojos, que la pruebes para ver si está vencida.
Que la toques para sentir si late.
Que la escuches, para saber si todavía ríe.
Una vez que la veas en tus manos,
Y compruebes que sigue siendo tuya,
Te sugiero que me mires.
Me juego a pedirte que me juzgues.
Puedes pensar que soy la misma
O puedes afirmar que he cambiado.
Puedes extrañar mi antigua risa
O mis ojos inocentes y castaños...
Puedes buscar en mis palabras
Las frases que tanto has escuchado
O puedes sentir que hablo otro idioma
Donde no está tu nombre traducido.
Puedes llorar por mi mirada
Que ya no es espejo de la tuya.
Puedes escuchar como ahora canto… con una nueva música.
Puedes considerarte olvidado…o elegido
Puedes sentirte una soplada y crujiente hoja de otoño o un incipiente brote.
Tienes la libertad de ser un viento
Y alejarme como quieras, lejos de tuyo.
Tienes la libertad del silencio, que permite gritar indiferencia.
Y la de los gestos de cómplices amigos.
Puedes herirme como quieras pues puedo herirte yo, sin darme cuenta.
Eres libre de nunca alcanzarme.
Eres libre de oscurecer los planetas.
Pero verás que el brillo de mi cara
ya no depende si es de noche o día.
Si quieres puedes quedarte, creyendo que el amor era el de antes
Y llorar por los tiempos ya perdidos
Y ver cintas viejas, tantas fotos reveladas…
Pero al sugerirte, te propongo,
Te fijes que camino en una calle
Donde nada es angosto, donde todo se ensancha al paso del que avanza.
Te propongo que la sombra de tu pie, se incorpore a la del mío.
Que saltemos los charcos, que recojamos ramitas para el invierno.
Te propongo me conozcas y reconozcas
Pues soy la nueva versión de la que era.
Soy un manojo de lo mejor que cosechaste conmigo
Y soy una fruta grande, coral y jugosa, repleta de semillas.
Tengo la risa de cinco risas
Tengo el alma de cinco almas
Tengo un infinito de brazos abiertos
Para estrechar contigo.
Tengo un lenguaje solitario que tiene nuestras sílabas sin sentido
Y necesito que lo hables conmigo.
Quiero tenerte cerca…te pido permiso.
Porque la nueva mirada,
Porque el nuevo suspiro,
Porque la nota desconocida,
Porque el aura inapagable, la sonrisa misteriosa y el andar suelto
Son los puntos suspensivos que permitiste, llenara
Son las tormentas que dejaste, resistiera
Soy tu espera, tu paciencia
Soy el inmenso amor que me has dado.
Te invito a reelegirme.
No tengo ninguna duda.
Soy libre de lo que hago.
Yo cambiando, reconozco lo que siempre se queda.
Yo creciendo en nueva tierra, no dejo de buscar a ciegas, el lazo que hicimos raíz,
Yo elegí.
Yo seguiré escribiendo envuelta en agua y arena,
En campo y semilla
En pirca y espinillo.
Y estaré por todos lados.
Pero estate atento, porque no soy como el clavel del aire
Que puede alimentarse solo pero no sin apoyarse
Succionandole la vida al que lo sostiene.
Me convertí en plumerito.
Bolita de luz alada
Si aceptas mi sugerencia, te comparto
Mi nueva sonrisa abierta,
Mi nuevo paso cantado,
Mi poesía descubierta,
La desnudez de mi abrazo,
La convicción certera y suave,
de que vos y yo podemos,
mucho más que veinte años.
Para mi elegido.
Te sugiero que remuevas de tus venas, la palabra “libertad”
Que la hagas visible a tus ojos, que la pruebes para ver si está vencida.
Que la toques para sentir si late.
Que la escuches, para saber si todavía ríe.
Una vez que la veas en tus manos,
Y compruebes que sigue siendo tuya,
Te sugiero que me mires.
Me juego a pedirte que me juzgues.
Puedes pensar que soy la misma
O puedes afirmar que he cambiado.
Puedes extrañar mi antigua risa
O mis ojos inocentes y castaños...
Puedes buscar en mis palabras
Las frases que tanto has escuchado
O puedes sentir que hablo otro idioma
Donde no está tu nombre traducido.
Puedes llorar por mi mirada
Que ya no es espejo de la tuya.
Puedes escuchar como ahora canto… con una nueva música.
Puedes considerarte olvidado…o elegido
Puedes sentirte una soplada y crujiente hoja de otoño o un incipiente brote.
Tienes la libertad de ser un viento
Y alejarme como quieras, lejos de tuyo.
Tienes la libertad del silencio, que permite gritar indiferencia.
Y la de los gestos de cómplices amigos.
Puedes herirme como quieras pues puedo herirte yo, sin darme cuenta.
Eres libre de nunca alcanzarme.
Eres libre de oscurecer los planetas.
Pero verás que el brillo de mi cara
ya no depende si es de noche o día.
Si quieres puedes quedarte, creyendo que el amor era el de antes
Y llorar por los tiempos ya perdidos
Y ver cintas viejas, tantas fotos reveladas…
Pero al sugerirte, te propongo,
Te fijes que camino en una calle
Donde nada es angosto, donde todo se ensancha al paso del que avanza.
Te propongo que la sombra de tu pie, se incorpore a la del mío.
Que saltemos los charcos, que recojamos ramitas para el invierno.
Te propongo me conozcas y reconozcas
Pues soy la nueva versión de la que era.
Soy un manojo de lo mejor que cosechaste conmigo
Y soy una fruta grande, coral y jugosa, repleta de semillas.
Tengo la risa de cinco risas
Tengo el alma de cinco almas
Tengo un infinito de brazos abiertos
Para estrechar contigo.
Tengo un lenguaje solitario que tiene nuestras sílabas sin sentido
Y necesito que lo hables conmigo.
Quiero tenerte cerca…te pido permiso.
Porque la nueva mirada,
Porque el nuevo suspiro,
Porque la nota desconocida,
Porque el aura inapagable, la sonrisa misteriosa y el andar suelto
Son los puntos suspensivos que permitiste, llenara
Son las tormentas que dejaste, resistiera
Soy tu espera, tu paciencia
Soy el inmenso amor que me has dado.
Te invito a reelegirme.
No tengo ninguna duda.
Soy libre de lo que hago.
Yo cambiando, reconozco lo que siempre se queda.
Yo creciendo en nueva tierra, no dejo de buscar a ciegas, el lazo que hicimos raíz,
Yo elegí.
Yo seguiré escribiendo envuelta en agua y arena,
En campo y semilla
En pirca y espinillo.
Y estaré por todos lados.
Pero estate atento, porque no soy como el clavel del aire
Que puede alimentarse solo pero no sin apoyarse
Succionandole la vida al que lo sostiene.
Me convertí en plumerito.
Bolita de luz alada
Si aceptas mi sugerencia, te comparto
Mi nueva sonrisa abierta,
Mi nuevo paso cantado,
Mi poesía descubierta,
La desnudez de mi abrazo,
La convicción certera y suave,
de que vos y yo podemos,
mucho más que veinte años.
jueves, 29 de marzo de 2012
La vida no es la que uno vivió, sino la que recuerda y cómo la recuerda para contarla.
María Carolina Villanueva
Olvidamos el sol, el aire, el olor al pasto recién cortado.
Olvidamos jugar en la lluvia, chapotear en sus charcos.
Saborear el aroma a café y a tostadas con canela.
Remolonear cinco minutos más, desperezarnos con ganas,
cantar en la ducha, dibujar en el vapor de espejo.
Se nos hizo tarde, despertemos ya.
Salimos corriendo, estamos atrasados.
Despedimos el tiempo de comer a gusto, de reír con ganas.
Al salir del trabajo nos hicimos viejos.
Sin recibir sonrisa de vuelta, sin reflejarse en ojos algunos,
Sonreímos sin esperar respuesta.
Nos hemos acostumbrado a ser ignorados, a gritos pedimos, tanto, ser mirados.
Si el trabajo está duro, buscamos consuelo soñando el fin de semana.
Y sin mucho que hacer, el fin de semana, vamos a dormir temprano y
quedamos contentos, siempre tenemos sueño quedado.
Acostumbramos nos a ahorrar vida. Que, de poco a poquito, igual se gasta
y se queda gastada.
Por acostumbrados, nos perdimos vivir.
La vida es la que uno recuerda.
Y para contarla habría que vivirla, dejando al descubierto el alma.
No importa cuánto corramos, cuán ciegos seamos, no nos perdamos
el tesoro inigualable de siempre, siempre recordar que lugar hay
para compartir un par de tazas de café con algún amigo.
martes, 27 de marzo de 2012
¿Cómo salir de un laberinto?
De María Livia Aghemo
Queridísimo amor:
Te escribo desde un banco de esta gris y transitada terminal; sabiendo que hoy, en este preciso instante, debo tomar una decisión sobre nuestra relación.
El verano pasó, y con él, las promesas vanas que recibí de ti. Las hojas de los árboles, ya marrones y secas, comenzaron a caer. La vida entera se transformó en una intensa melancolía. Los niños de mi barrio salen gritando y cantando luego de su jornada escolar. Cada una de sus agudas vocecillas es un puñal oxidado que se clava en mi corazón.
Incluso en esta terminal, en la que me encuentro, la tristeza ha coloreado todo de ocre. Ese perro con sarna durmiendo bajo el banco plácidamente, como si no pudiera recibir de la vida nada mejor que esto. Los vidrios sucios de los negocios, los carteles descoloridos, y esa pizarra al final del pasillo que siempre ofrece el mismo menú: un tostado con una gaseosa.
Siento que mi corazón se ha llenado de humedad desde que estoy contigo y, poco a poco, el moho lo ha comenzado a cubrir. Estoy segura de que si abrieran mi pecho por algún motivo, Dios no lo permita, mi corazón ya no sería rojo. Latería lentamente, enverdecido, como queriendo renunciar.
El bolso que me preparé es pequeño, no puedo cargar von tantas cosas puesto que aún no he decidido adónde ir.
Seguramente, en el momento que recibas esta carta, ya no estaré aquí. Viviré lejos, en un lugar lleno de colores, sonidos, calor. Me encontraré bailando, riendo y haciendo el amor, salvajemente, con otros hombres.
Siempre me recordarás como a esa niña desesperada, perdida en un laberinto, del que sólo tú conocías la salida y nunca, pero nunca, te dignaste a decírmela.
Tuya siempre.
XX Estrella XX
Queridísimo amor:
Te escribo desde un banco de esta gris y transitada terminal; sabiendo que hoy, en este preciso instante, debo tomar una decisión sobre nuestra relación.
El verano pasó, y con él, las promesas vanas que recibí de ti. Las hojas de los árboles, ya marrones y secas, comenzaron a caer. La vida entera se transformó en una intensa melancolía. Los niños de mi barrio salen gritando y cantando luego de su jornada escolar. Cada una de sus agudas vocecillas es un puñal oxidado que se clava en mi corazón.
Incluso en esta terminal, en la que me encuentro, la tristeza ha coloreado todo de ocre. Ese perro con sarna durmiendo bajo el banco plácidamente, como si no pudiera recibir de la vida nada mejor que esto. Los vidrios sucios de los negocios, los carteles descoloridos, y esa pizarra al final del pasillo que siempre ofrece el mismo menú: un tostado con una gaseosa.
Siento que mi corazón se ha llenado de humedad desde que estoy contigo y, poco a poco, el moho lo ha comenzado a cubrir. Estoy segura de que si abrieran mi pecho por algún motivo, Dios no lo permita, mi corazón ya no sería rojo. Latería lentamente, enverdecido, como queriendo renunciar.
El bolso que me preparé es pequeño, no puedo cargar von tantas cosas puesto que aún no he decidido adónde ir.
Seguramente, en el momento que recibas esta carta, ya no estaré aquí. Viviré lejos, en un lugar lleno de colores, sonidos, calor. Me encontraré bailando, riendo y haciendo el amor, salvajemente, con otros hombres.
Siempre me recordarás como a esa niña desesperada, perdida en un laberinto, del que sólo tú conocías la salida y nunca, pero nunca, te dignaste a decírmela.
Tuya siempre.
XX Estrella XX
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