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martes, 15 de mayo de 2012

POEMA PARA TU ALMA...



I

Porque no estaba prohibido,
yo abusé de las palabras,
agradeciéndole a Dios
la herramienta que me daba.

(Cuando el destino te niega
de plano las otras armas,
nada mejor que diez dedos
¨versorragiando¨* a sus anchas…)


II

Y por llegar a tu orilla
logré soltar las amarras,
¡en mi vida había nadado
en mares de olas tan altas…!

A mi vieja por testigo,
llamaría, si escucharas...
para decir que de chica
me ahogaba en un vaso de agua.


III

Y así fue… que fui a tu puerto
desafiando las distancias
y con la misma entereza
con la que Ulises fue a Itaca.

Homero no exageró
en ninguna de esas páginas…
hay amores que te inyectan
coraje, energía, ¡ alas !


IV

En fin, como te decía,
yo abusé de las palabras,
y en ese uso y abuso,
nadie me puso una traba.

Ni el mundo, por no enterarse,
ni vos, por pura desgana.
(Nadie sale a frenar olas
si no azotan su comarca...)


V

PERO el precio por gastar
este recurso a mansalva,
fue comprender que: no es bueno
confundir letras con balas,

que no he encontrado las justas
para tumbarte las vallas,
y aunque ¨infinītus¨ porfié…
no fui capaz de inventarlas.


VI

Que la poesía es apenas
el eco de una guitarra,
que si no tiene las cuerdas
ni la madera…¡se apaga!

Que no he encontrado el soneto
ni la décima bizarra,
que de mi pluma naciera,
para romper tu coraza.


VII

Que tu laurel, que tu premio,
¡que esa magnífica palma!
deben estar destinados
al buen hacer de otra dama.

Que ella quizás no combine
media frase sin pifiarla,
pero te encuentre la vuelta...
y vos le entregues el alma.


VIII

(Por lo que… dando ya término
a este romance con máculas)
quería manifestarte,
por si alguna vez dudaras

¡que no existe otro tesoro!
más precioso que tu alma.
Y que si otra consigue
distinción de tal escala,

¡la obligues! (serenamente…)
con sangre y vida a cuidarla,
y a darle el valor que tiene
-so pena- de arrebatársela.

IX

Y que si acaso ésto ocurre,
(Dios no apruebe tal desgracia…) =)
me avises a mí en el acto,
¡para QUE VUELVA A LA CARGA!




Es una lástima, che...

que habiendo tantas palabras,

yo no haya dado en las justas


para llegar a tu alma...



SIL



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viernes, 11 de mayo de 2012

Una vez más


de Natalia Spina


Explotan estridentes sobre los pisos de polvo, los chorros plateados de la lluvia de hoy. Furiosos, desolados, vengativos, inmaduros. El techo es más que nunca de dos aguas. Las tejas rotas se abren más, quiebran al resto. Se esconden los pájaros, las arañas y murciélagos. Quedan enfrentados en la escena, sólo la lluvia y el suelo.

La tierra, tiesa, no tiene escape. Ha habido mucha sequía, no es fácil que el agua la traspase.

La lluvia, indignada, con puño cerrado, golpetea y, en vano, se amontona haciendo charcos.

El peso del agua insiste. El charco al no penetrar, se ensancha. La tierra resiste el duelo.

–¡Te fuiste a otros campos, hace mucho tiempo!-grita la tierra- No importa si fue el sol o el viento. Los brotes que engendraba, se han quemado. Me he vuelto escama. Solo soy arrugas. Polvo de raíces me ha quedado, tirado sobre las piedras, ensuciando el monte, y ¡vos querés volver a despertar mi aroma! Alguna vez… ¿te has evaporado? ¿Te has convertido en hielo????

La cortina de agua, rompe en llanto. Aúlla a chorros. Salpica. Pero no llega. No puede. No debe. De momento, toca algo. Una herida mortal. Un surco. Una arteria gris, amputada.

Puede empezar de nuevo.

Los truenos lo acompañan, un rayo lo introduce.

La tierra, invadida, se estremece.

El brazo del agua, en llovizna, acaricia la grieta.

Y ella, cierra los ojos.  Adentro, no al ras. Sólo adentro. Donde no sabe por qué sigue viva.

La humedad avanza despacito.

Recorre canales, eriza raíces, penetra los huecos.

-Aunque sea sólo un día…-se ruega a sí misma.

Y se deja, se deja y se deja; convertir en barro… nuevamente.

miércoles, 9 de mayo de 2012

HERMANAS EN LA DESGRACIA






De Silvina Grimaldi Bonin


I


Nada hay más irracional


que una fémina celosa,


ni una nube procelosa,


ni el más crudo temporal.


Porque los celos son sal


sobre una herida sangrante,


que va empeorando el talante


cuanto más terreno apura,


doliendo mientras supura,


sin amainar un instante.



II


Yo declaro con certeza


y sin reparos, que aquí:


¨Ninguno alega por sí,


ni modera la cabeza


cuando algún celo le empieza


a taladrar el cerebro¨,


y aunque algunos (como Pedro)


lo puedan negar tres veces,


muy pronto sabrán con creces


que nadie enfrena ese medro.



III


¡Hondo el pesar que me agravia…!


oficiando de voyeur


y protestando por ver


cómo zafo de la rabia.


¿Y vos? Fresquito y en Babia,


puesto a cazar mariposas


con rubias aparatosas,


¡haciendo el galán y el pavo!


sin medir el menoscabo


que me causan esas cosas.


IV


En fin, es más de lo mismo,


pero no menos tortuoso,


porque el mal, cuando es añoso,


va agigantando su abismo.


Y en mi amor no hay egoísmo


pero hay celos desbocados,


ya que el peor de mis pecados


no es ¨no haber sido feliz¨…


¡Es dejar que ella en un tris


te coma en cuatro bocados!


V


Sin embargo a esa chirusa…


no he apuntado mi fusil,


ni disparado un misíl


justo al medio de la trusa.


Y aunque ésto te suene a excusa,


patraña o vil cobardía,


me mueve una simpatía


extraña hacia su persona,


porque está en la misma lona


que quién firma esta herejía.



VI


Y colijo que es ¨gauchita¨,


sufre CASI como yo,


y si ACASO te ama, no


debo juzgarla en su cuita.


Seguramente la irrita


verte con otra flirteando,


y andará necesitando


de una hermana que la escuche


y el piso no le serruche


por andarte disputando.



VII


Y quizás… ¿? también te adora…


(¡NO COMO YO, por supuesto!)


pero puesto en claro ésto,


digamos que a esa señora


y a mí, nos dará la hora


de compartir un diván


terapéutico al que van


las mujeres cuyo nombre


se despeña tras de un hombre


que da piedra en vez de pan.



VIII


¿Y el trofeo por quererte?


También lo compartiremos,


de plata y oro : DOS REMOS,


en mérito a padecerte.


Y desde aquí hasta la muerte,


(dos rubias con pertinacia)


nos unirá la desgracia;


será bandera, hermandad,


buen símbolo de amistad


y loable verbigracia.



IX


Y a la Derecha del Padre,


nos sentaremos un día,


para escribirte poesía,


celándote con desmadre,


aunque al propio Dios taladre


la paciencia si le insisten


que amores así se visten


sólo con mantas virtuosas,


pues las que nacen celosas


¡ni cuando mueren! desisten.



X


Nada hay más irracional


que una fémina celosa,


ni una nube procelosa,

ni el más crudo temporal...



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sábado, 5 de mayo de 2012

MIRADA DE NIÑA, SENTIMIENTOS DE ADULTA


De Verónica Nicotra


Transcurría una etapa de mucha incertidumbre, de ver como llegaban momentos que nos daban un boleto hacia el ser más maduro, al de los yo soy más grande, el de los yo tengo que hacer…

Transcurría una etapa donde crecía con libertades limitadas, ya que estaba sola a cargo de una responsabilidad que no debía tener, eran momentos de estar acompañados, guiados, protegidos si se quiere… pero no, todo sucedía muy rápido, a pasos acelerados y con toda la presión de que todo estuviese en orden, bien, el tema de no defraudar a los que habían puesto en su confianza lo que quedaba y que debía estar protegido y no era precisamente ella…

Transcurría una etapa en la que una debía disfrutar, pero se sumaba el debo hacer o estar por que sino…

No podía caminar errada, debía sostener noches largas, días difíciles, responsabilidades no merecidas todavía…

Transcurrían esos momentos llenos de personas ajenas a tu vida, pero que estaban muy dentro de ella, ya que compartían cada instante, tapando los faltantes, esperando la llegada, para que sus caras fueran de satisfacción más no de desaprobación, era la cuota para poder seguir adelante… eran los ojos expectantes que esperaban la aprobación de esa adulta niña, que sola a su manera fue moldeándose…

Transcurrían esos días en los que ya no quería ser tan adulta, solo ser una niña sin dar exámenes diarios, sin estar esperando esa mirada de todo está bien… de esconder sentimientos que dentro suyo crecían sin poder ser expresados, ni contados, solo guardados, que con el solo hecho de imaginarse expresarlos comprimía su pecho, esas confrontaciones del quiero y el no debo.









Taller con CRISTINA LOZA

sábado, 28 de abril de 2012

Miedo

De Lucrecia Martínez Nogueras












Algo que no te deja avanzar, mirar o probar..


Algo que si estuviera salpicado de un poco de aventura dejaría ver hasta lo mas profundo de lo que anhelamos





Animarse ?


Si claro , animarse es no tener miedo


Es traspasarlo, cerrar los ojos y dar un paso , ese paso que nos traba y nos traba y que tantas veces nos deja sin saber del todo que era lo que realmente estábamos buscando.


Ya no mas miedos


Ya no mas trabas a mis ojos y voluntad


Bienvenida la vida para gozarla día a día


En cada mirada, cada caricia y cada comida compartida , cada beso , cada flor ,


cada paso que nunca mas


dejare de dar.




Aity Watuy

De Atiy Watuy





Rápidamente la hechicera de la tribu, juntó sus cosas y subió a la montaña, por fin las nubes habían dejado a la vista una hermosa luna llena, era tiempo de rezos, de ofrecer...

Caminó horas por la montaña, como siempre hacia, mientras se iba haciendo de noche juntando a la luz de la hermosa luna, las hierbas que encontraba y servían para sanar.

Venia de un linaje de hechiceras, su madre, su abuela, le habían pasado el conocimiento de las hierbas, la nombraron hechicera a los 17 años, cuando sin quererlo tuvo la valentía de acompañar un parto, acompañar la llegada de una nueva vida era por excelencia tarea de las hechiceras.

Atiy no pensó que tan rápido su madre la convertiría en Hechicera; su nombre (Poder del Alma) le había sido dado a los dos años de nacer, cuando ella, mas rápido que ningún otro niño de la tribu comenzó a hablar; pero jamás se sintió con poderes extraordinarios.

En el parto de su amiga, ella sintió que sabía exactamente lo que tenia que hacer, y decir, una voz interior le hablaba todo el tiempo, jamás tuvo miedo en las casi 20 horas que duró el trabajo de parto y nacimiento. Atiy podía hablar con el bebé por nacer y saber que estaba bien.

Cuando su madre murió se convirtió oficialmente en la hechicera de la tribu, y si bien su madre no había terminado de darle toda su formación del conocimiento de las plantas y los rituales, Atiy sabía mas por intuición, por lo que se acordaba de su niñez que por lo que necesitó que su madre le transmitiera, como si el conocimiento ancestral estuviera ahí esperando por ella.

Por ejemplo subir a la montaña para los rezos de luna llena eran funciones exclusivas de su madre, Atiy podría haberla acompañado pero su madre enfermó de pronto y no tuvieron oportunidad, no hubo hierba que pudiera detenerla en la tierra.

Así que Atiy subía esta primera vez a la montaña sin saber muy bien que es lo que tenia que hacer, una vez más confiando en su intuición, en su voz interior, en el Gran Espíritu, los cuatro vientos, la abuela luna y la tierra misma; porque todas estas presencias sentía Atiy.

La Luna por fin se elevó en el cielo, Atiy ya permanecía sentada al lado del sabio fuego, esperando la señal de los pájaros de la noche para comenzar su ceremonia; y cuando estos por fin se hicieron presentes, empezó a cantar, primero con una voz suave y fue repitiendo su rezo cada vez mas fuerte y mas fuerte...ella tenia recuerdos de haber escuchado este canto las noches de luna llena cuando su madre subía a la montaña, reconocía la voz de su madre, reconocía el rezo aún cuando los de la tribu le aseguraban que nada podía escucharse.

Desenredó la bolsa donde guardaba el tabaco, lo ofreció a los cuatro vientos, a la tierra y al cielo...y casi como en trance de pronto sintió que ella misma se convertía en la tierra, se fundía en la montaña, y al mismo tiempo se iluminaba con la luz de la luna; miró la luna y no pudo distinguirla porque ELLA era la luna, miró el fuego en medio de algo que logró reconocer como miedo y en ese momento se dio cuenta que ELLA era el fuego, que ardía como fuego, y que como nunca antes entendía...entendía el sentido de la vida, entendía cuando su madre le decía que ELLA al igual que todos los seres eran también GRAN ESPÍRITU.

Este nuevo entendimiento rápidamente la sacó de su trance, y de su rezo, y de la noche; porque de repente la luna se había ido y comenzaba a amanecer...

Juntó sus cosas, apagó el fuego, cerró el circulo de poder con tabaco, agradeció a los cuatro vientos, a la abuela luna, y al abuelo sol ahora saliendo, saludó a la tierra, a las piedras, y a todos los seres del universo, se sintió GRAN ESPÍRITU y bajó muy despacio por la montaña... masticando coca para pensar su nuevo entender...


Al llegar con los demás, ordenó que por hoy no la molesten, necesitaba descansar.

jueves, 26 de abril de 2012

CONSIGNA "UNA FOTO EN MI VIDA"





Se trata de escribir un texto, basándonos en una foto donde estemos presentes y que nos remonte a describir ese momento. Podemos trabajar por supuesto, con la ficción. A retroceder un poco y buscar las fotos de la vieja KODACK !!!



viernes, 20 de abril de 2012

Instructivo para extrañar intensamente a un hombre.






De Gabriela Cravero

Sepa en principio que extrañar no es una decisión que Ud. pueda tomar. Como un grano inesperado en el medio de la frente, como un depósito de una paloma en el hombro, como una punta enganchando el can-can que estrena desde hace cinco minutos, le acaecerá. Por esto es necesario que lo haga con fuerza tal que luego de haber extrañado tanto, ya no tenga que hacerlo nunca más en su vida.

Actúe. Por comenzar, sepa que usted está extrañando a alguien que ya no está. Ese es el primer paso. Tomar consciencia de que lloregritepataleebusquecorrallame, esa persona no está ni volverá a estar. Se fue. Así que es momento de iniciar todo tipo de rituales autodestructivos de su moral, de su aspecto físico y de su estabilidad espiritual.

Hable con propiedad. A cada cosa que haga o diga agréguele sin falta el prefijo “ex”. Entonces le dolerán en los huesos esas dos letras aumentando el sentimiento ya inminente de extrañar y todos sabrán que Ud. pasa día y noche en este engorroso proceso, diferenciándose a Ud. de él, a lo que tenían juntos, y a lo que no tuvo ni tendrá.

Camine. Busque sus botitas kikcers, bien cómodas, y tome vuelo. Recorra absolutamente todos los lugares que alguna vez signaron su ex-amor. Diríjase en principio al lugar donde se conocieron. Entre donde sea, irrumpa la actividad áulica de cualquier persona, no importa qué piensen de Ud., porque Ud. está extrañando y nada más que eso le auspicia el pensamiento. No lleve para tal fin ningún tipo de pañuelo de tela o de papel. Secarse las lagrimocos con las manos o los puños le dará ese toque adecuado de loca histérica, llorando por lo que perdió, en plena vía pública. Continúe el recorrido por el lugar donde pactaron ser novios. Nadie se gana la lotería con el amor, así que siga caminando por algún lugar significativo como las plazas. Pase frente a una librería y compre su ex-libro favorito. Léalo, subráyelo, desovíllelo, busque en él respuestas que jamás va a encontrar.

Huela. Si eso aún no logra hacerle desatar la crisis de llanto, pase por una perfumería (en el peor de los casos por un puesto de imitaciones de la peatonal). Pida con mucha cara de tristeza ese perfume que sentía cada noche en su almohada. (De paso recuerde no lavar la última funda que compartieron). Compre el perfume. Báñese Ud. misma con él, su ropa, las fundas de las almohadas que estaban limpias, los repasadores, y algún corpiño de voladito y encaje. Imagine que él mismo dejó ese aroma en Ud. Y sepa darse cuenta que no fue así, que está Ud. sola, con su olor a un día largo y a un perfume que engaña su afán de tenerlo consigo.

Fantasee. Vuele con su imaginación. Piense qué le va a hacer de comer esta noche y qué película verán. Piense en el fin de semana largo, en un viaje a las sierras. Piense en dejarle la mitad de las masas finas que trajo de su pueblo que tanto adora; en vez de uno compre dos postrecitos; elija lana color azul oscuro para que combine la bufanda con algún traje; no planifique almuerzos el domingo con sus amigas; no cierre el celular por si recibe su llamado. Ahora caiga en la cruda realidad y sepa que lo que pensó es en vano y que no sucederá. Cómase todas las masas finas. Elija lana roja. Llore. Grite. Gima. Estalle. Eso coadyuvará a su proceso.

Sueñe. Cuando se vaya a dormir, ya inspirada por su ex-perfume que Ud. misma roció en la almohada, piense en cualquier cosa, como en qué ropa se pondrá cuando despierte, como en si pintarse las uñas “fucsia chic” o “rosa perlado”. Total, piense que lo que piense, si el proceso va viento a favor, Ud. soñará con él cada noche, cada siesta, en los cinco minutos que cabeceó en el bondi, y hasta a veces se encontrará soñando despierta. Sueñe con su costado, con su espalda, con sus ojos blanquirrubios. Sueñe con el color miel. Sueñe que su vida es un sueño y que su sueño es la realidad. Cuando despierte, no olvide sentir ese dolor profundo en el pecho que le oprime el primer suspiro de realidad matutina. Y llore, como para arrancar el día desahogada.

Desafine. Tatúe con sangre propia las letras de esas canciones que le surcan los cachetes con lágrimas vencidas cuando llora. Grítelas. Si no sabe todas las letras apréndaselas y cántelas a toda fuerza mientras se baña. Al unísono, llore. Esta vez sus gotas se mezclarán con las de la ducha y así pensará que lloró tantos litros de angustia. Desafine como sólo Ud. sabe hacerlo. Desafine el “Volver” de Le Pera, o alguna pena cruel de Chavela Vargas. Cuando cante con cuerpo y alma, se dará cuenta que no sólo desafina en esta expresión, sino que su vida viene igual de desentonada y descolorida. No tema. Elija en vez de un tango una chacarera, que al menos le permitirá esbozar unos sencillos pasos de baile.


Escriba. Si esto aún no logra hacerle sentir el dulce sabor de la pena, si aún no ha logrado vaciar el alma y rozar profundamente la herida de extrañar, escriba. Comience con cómo se siente Ud. (destruida) y hágalo en ítems. Verá que la mayoría de las cosas que escriba sobre Ud. misma serán objetos desechables, por ejemplo, “me siento tonta, me siento rechazada, me siento incapaz, me siento pecado”. Sepa que en principio esto sería cierto. Pero ármese mejor una historia. Escriba en su diario, cuente los aproximados 1500 días de su ex-amor con lujo de detalles, llore sobre las hojas, gaste muchas lapiceras, tírese en el sillón, sufra como lo hacen las de la novela de la siesta, haga que el portero de su edificio piense que se le ha muerto algún pariente por lo penetrante de su grito de dolor que se oye desde el palier. Escríbale a él. No se canse. Cartas, mails, mensajes de texto. Como jamás obtendrá respuesta, eso le ayudará a sentirse más denigrada y a extrañar aún más a su ex-hombre.

Sublime. Finalmente, si nada de esto le es suficiente, si aún no puede vaciar el extrañamiento para llenarse de nuevos colores, escriba un instructivo para extrañar desesperadamente a un hombre. Uno parecido a éste, y… si aún sigue sin funcionar, vaya planificando uno nuevo: “cómo rearmar una vida luego de un gran, grandísimo, profundo e incomparable amor”.

jueves, 19 de abril de 2012

EL FUNERAL DEL TRAJE GRIS




De Alicia Grimaldi

Transcurría la década del cuarenta, mis abuelos maternos decidieron dejar la zona rural y trasladarse a la capital cordobesa. Compraron una casa de amplio terreno, muy cerca de la iglesia y la plaza del tradicional barrio elegido.
De los cinco hijos del matrimonio, permanecía soltera solamente mi madre. Ella había sido educada con valores muy conservadores, quizá propios de la época y de sus padres inmigrantes.
A los pocos días de haberse mudado, mamá conoció a la hija del matrimonio vecino, soltera como ella y muy similar en su manera de ser. Así fue que comenzaron una amistad. Por las tardes, salían a caminar, visitaban la plaza y presurosamente volvían cada una a sus respectivos hogares.
En una de esas caminatas, se cruzaron con un joven de elegante traje gris, que les regaló una tímida sonrisa. Después de algunos días, lo volvieron a encontrar; entonces él se detuvo y muy respetuosamente se presentó y les pidió consentimiento para caminar unas cuadras juntos.
Transcurrieron las semanas y ya compartían los tres algunos paseos hasta la plaza, pero notablemente el joven dirigía su atención hacia mi madre. En poco tiempo, este galán educado, que utilizaba el “usted” para dirigirse en su conversación, había ganado la confianza y el corazón de mi madre. Posteriormente, en uno de los encuentros, el joven comentó que debía viajar a la provincia de San Juan por asuntos familiares, por lo cual se ausentaría muy poco tiempo y luego volverían a verse.
En esa época, las muchachas jóvenes, a manera de distracción y quizás para permitirse soñar ilusionadamente con su futuro, solían concurrir los sábados a presenciar los casamientos en la iglesia. Ese sábado, mi madre y su amiga, en ausencia del compañero de paseo, decidieron asistir a la iglesia del barrio y así deleitarse con las ceremonias nupciales y porqué no, emocionarse con el Ave María, que algún día escucharían vestidas inmaculadamente de blanco.
Cuando llegaron al templo, ya se estaba celebrando una boda. Los novios permanecían de espaldas, atentamente entregados a la solemnidad del momento. Al término de la ceremonia, el sacerdote dijo:“el novio puede besar a la novia” y él levantando el tul que cubría la cara de aquella doncella, selló esa unión con un beso en la frente.
De inmediato, y cortejado por los suaves acordes del piano, el flamante matrimonio emprendió su salida deslizándose por la gastada alfombra roja. Mi madre y su amiga, ubicadas como siempre en los primeros bancos y al lado del pasillo, miraban emocionadas. A medida que la pareja se acercaba, mamá que observaba atentamente a la novia, desvió la mirada y sus enormes ojos verdes se cruzaron con los del novio; quizá fue sólo un segundo o tal vez una eternidad; la humedad fue cubriendo sus pupilas hasta convertirse en lágrimas de asombro, el amable joven de traje gris venía pasando ante ella convertido en fiel esposo.

El miedo en la casa del amor



de Cecilia Breier



No dejes que el miedo malogre tus horas

convirtiéndolas en arena que
se escurre…

Recuerda la eternidad inmensa

de nuestros cuerpos fundidos.

La alegría que hace estallar

con fuegos de artificio

la madera seca de nuestro
pasado.

No olvides, tampoco, proteger

este brote, este retoño bueno

que crece dentro nuestro.

Riégalo con paciencia como
antes

a tus flores, en aquella casa,

y en aquellos tiempos idos.

Mientras tanto, yo lucharé

contra el miedo a lo ya
conocido,

fundándome en la roca

de tus besos desnudos.

Arderé en tu sonrisa

y seré jardinera de este amor
soñado

para verlo crecido.