De Silvina Grimaldi Bonin
Acaso la vida
nos repare el daño,
y en alguna esquina
nos cure el espanto,
nos preste una rampa,
nos quite los clavos,
nos pague en sonrisas
lo invertido en llanto.
Acaso la vida
me empuje a tus brazos
con un gesto breve,
como un sueño mágico,
como un desafío,
un flash, un relámpago,
(lo sublime suele
limitar su espacio)
Acaso la vida,
me guarde un regalo,
franco y silencioso,
eterno y cifrado.
Un papel sin mancha,
escrito y firmado
por tu puño y letra,
valioso y preclaro.
Acaso la vida…
que niega el atajo,
que es especialista
en dar golpes bajos,
todavía pueda
obrar un milagro.
¡Bien vale la pena!
caminar descalzos,
rompernos los pies,
herirnos las manos,
desafiar la cuesta
y llegar más alto,
porque el cielo tiene
la altura y el ancho
que nuestro coraje
le haya designado.
Que, después de todo…
no existe un quebranto
que viva y perviva,
sin ser compensado.
Y si así no fuera,
de pie, como el árbol
me hallará la Muerte,
todavía porfiando.
(Sólo en tus orillas
me fue revelado
que ningún camino
se recorre en vano...)
que ningún camino
se recorre en vano...
Espacio literario abierto para mujeres que disfrutan escribir. Entre ellas raramente se conocen. Provienen de muchos lugares y tienen realidades absolutamente diferentes. Se fueron sumando y formaron esta ronda.Une palabras, Natalia Spina.
Para participar enviá un mail a palabrasenronda@gmail.com Todas las imágenes están extraídas de la red INTERNET
lunes, 2 de julio de 2012
viernes, 29 de junio de 2012
UN ENCUENTRO MUY ESPERADO...
ESTA DOS MUJERES DE PALABRAS EN RONDAS, SE VAN A ENCONTRAR EN LOS COCOS !!!!!!!
BIENVENIDA A CASA SILVINA GRIMALDI BONIN !!!!!
PRESENTA SU LIBRO "ME DECLARO INOCENTE"
![]() |
| Silvina Grimaldi Bonin |
![]() |
| Natalia Spina SÁBADO 14 DE JULIO, 18.30 HS MUSEO "LA LOMA" LOS COCOS SIERRAS DE CÓRDOBA ARGENTINA |
jueves, 28 de junio de 2012
Hoy estamos
De Silvina Grimaldi Bonin
Lejana en la intención de dar consejo,
suscribo en estos versos repetidos:
(bregando porque sean bienvenidos)
mi arenga, que ambiciona llegar lejos…
Al menos a tu casa… Que te toque
la puerta despacito y vos me escuches,
y por no hacerme caso– ya no luches…-
¡Dejame que lo sueñe y que lo invoque!
II
Te dije tantas veces… vidas breves
nos ha predestinado nuestra suerte,
y no hay otro final que el de la muerte
y no hay otro tesoro que te lleves,
excepto el galardón de haber vivido
con máxima efusión cada minuto,
rozando en ese límite absoluto
la cota del extremo permitido.
III
No cierres las ventanas, es momento
de abrirme sin dudar tantos cerrojos,
de darle libertad a tus antojos
y ser feliz jugando con el viento;
de no callar los ¡Quiero! y los ¡Te quiero!
de ser más vos que nadie, frente al mundo,
y al fin dejar el puesto del segundo
a aquél que no se anima a ser primero.
IV
El sol que no nos quema, nos escombra,
el mar que no te anega se sublima,
la luz que no te ciega se termina
volviendo buena amiga de tu sombra.
Ayer es un recuerdo borroneado,
Mañana una ilusión –aún- no -nata,
Futuro una posible fe de errata
que juega a ser trasunto del Pasado.
¿Y el Hoy? Un angelito alicortado
que mira reprochando ¡más acción!
y advierte con total resignación
que no beberlo todo es un pecado.
V
El quid es comprender que merecemos
vivir más que sufrir, y en esa gesta
parar de hacer preguntas, ¡dar respuesta!
sabiendo que podemos si queremos.
¡Crucemos hasta el mar por el que amamos!
¡Si ya quemamos naves, che, nademos!
La vida es un blasón que nos debemos.
Hoy estamos...
mañana, no sabemos.
Ojalá...
que llegue hasta tu casa. Que te toque
la puerta despacito y vos me escuches,
y por no hacerme caso– ya no luches…-
¡Dejame que lo sueñe y que lo invoque!
Dejame que lo sueñe...
Lejana en la intención de dar consejo,
suscribo en estos versos repetidos:
(bregando porque sean bienvenidos)
mi arenga, que ambiciona llegar lejos…
Al menos a tu casa… Que te toque
la puerta despacito y vos me escuches,
y por no hacerme caso– ya no luches…-
¡Dejame que lo sueñe y que lo invoque!
II
Te dije tantas veces… vidas breves
nos ha predestinado nuestra suerte,
y no hay otro final que el de la muerte
y no hay otro tesoro que te lleves,
excepto el galardón de haber vivido
con máxima efusión cada minuto,
rozando en ese límite absoluto
la cota del extremo permitido.
III
No cierres las ventanas, es momento
de abrirme sin dudar tantos cerrojos,
de darle libertad a tus antojos
y ser feliz jugando con el viento;
de no callar los ¡Quiero! y los ¡Te quiero!
de ser más vos que nadie, frente al mundo,
y al fin dejar el puesto del segundo
a aquél que no se anima a ser primero.
IV
El sol que no nos quema, nos escombra,
el mar que no te anega se sublima,
la luz que no te ciega se termina
volviendo buena amiga de tu sombra.
Ayer es un recuerdo borroneado,
Mañana una ilusión –aún- no -nata,
Futuro una posible fe de errata
que juega a ser trasunto del Pasado.
¿Y el Hoy? Un angelito alicortado
que mira reprochando ¡más acción!
y advierte con total resignación
que no beberlo todo es un pecado.
V
El quid es comprender que merecemos
vivir más que sufrir, y en esa gesta
parar de hacer preguntas, ¡dar respuesta!
sabiendo que podemos si queremos.
¡Crucemos hasta el mar por el que amamos!
¡Si ya quemamos naves, che, nademos!
La vida es un blasón que nos debemos.
Hoy estamos...
mañana, no sabemos.
Ojalá...
que llegue hasta tu casa. Que te toque
la puerta despacito y vos me escuches,
y por no hacerme caso– ya no luches…-
¡Dejame que lo sueñe y que lo invoque!
Dejame que lo sueñe...
miércoles, 27 de junio de 2012
EL REENCUENTRO
De Silvina Grimaldi Bonin (San Jorge, Santa Fe, Argentina)
I
Hoy he visto a mi padre, y en sus ojos
(que son réplicas exactas de los míos)
percibí la turbulencia de sus ríos
y el prohibido crepitar de sus antojos.
II
He sentido nuestra misma sangre ardiendo
con su polo negativo, y en mis piernas
la inconforme combustión, la lava eterna
cada vena, cada poro recorriendo.
III
La sonrisa dibujada, la moneda
de ambas caras, y ese miedo por la muerte
prematura, la funesta singladura
o la suerte...
de apostar ganarle al tiempo que nos queda.
IV
Intuí cien mil espadas invisibles,
vi en mi cama congelada el sinsabor
y el deseo de alcanzar ese otro amor
en azules paraísos imposibles.
V
Hoy he visto a mi padre en el espejo,
o pensé que era mi padre -pero no-
era un mágico facsímil; era yo,
duplicando con mis ojos el reflejo.
VI
En el rostro de los muertos puede hallarse
esa alquimia que nos cura las heridas
y también las coordenadas definidas
para andar entre la bruma y no extraviarse.
VII
Hoy he visto en el cristal ¡mi propia luz!
en los ojos de ¨un tal Luis¨ que ya no está
(pero aquello que nos forja, no se va)
para hacernos más liviana cada cruz...
Hoy he visto a mi padre en el espejo,
o pensé que era mi padre -pero no-
era un mágico facsímil; era yo,
duplicando con mis ojos el reflejo...
TEXTOS:
www.silvinagrimaldi.com.ar
EXPTE.4993996/2012- D.N.D.A.Arg.
http://www.safecreative.org/
TUITOS (¡ TUITOS! ) LOS DERECHOS RESERVADOS ©
___________________________
I
Hoy he visto a mi padre, y en sus ojos
(que son réplicas exactas de los míos)
percibí la turbulencia de sus ríos
y el prohibido crepitar de sus antojos.
II
He sentido nuestra misma sangre ardiendo
con su polo negativo, y en mis piernas
la inconforme combustión, la lava eterna
cada vena, cada poro recorriendo.
III
La sonrisa dibujada, la moneda
de ambas caras, y ese miedo por la muerte
prematura, la funesta singladura
o la suerte...
de apostar ganarle al tiempo que nos queda.
IV
Intuí cien mil espadas invisibles,
vi en mi cama congelada el sinsabor
y el deseo de alcanzar ese otro amor
en azules paraísos imposibles.
V
Hoy he visto a mi padre en el espejo,
o pensé que era mi padre -pero no-
era un mágico facsímil; era yo,
duplicando con mis ojos el reflejo.
VI
En el rostro de los muertos puede hallarse
esa alquimia que nos cura las heridas
y también las coordenadas definidas
para andar entre la bruma y no extraviarse.
VII
Hoy he visto en el cristal ¡mi propia luz!
en los ojos de ¨un tal Luis¨ que ya no está
(pero aquello que nos forja, no se va)
para hacernos más liviana cada cruz...
Hoy he visto a mi padre en el espejo,
o pensé que era mi padre -pero no-
era un mágico facsímil; era yo,
duplicando con mis ojos el reflejo...
TEXTOS:
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martes, 26 de junio de 2012
El remolino
De Atiy
Cuentas las viejas sabias que en una lejana montaña había muy escondida una pequeña laguna. Era una laguna cristalina, serena, donde muy pocos animales podían acercarse a beber su agua. Ellos sabían que al tomar de ella, su alma entraría en contacto con el gran espíritu del todo. Muchos valientes querían escalar la montaña con el solo propósito de beber el agua de la laguna, quedaban en el camino, muertos de frío, o de un golpe, o de sed.
Cuentas las viejas sabias que en una lejana montaña había muy escondida una pequeña laguna. Era una laguna cristalina, serena, donde muy pocos animales podían acercarse a beber su agua. Ellos sabían que al tomar de ella, su alma entraría en contacto con el gran espíritu del todo. Muchos valientes querían escalar la montaña con el solo propósito de beber el agua de la laguna, quedaban en el camino, muertos de frío, o de un golpe, o de sed.
Dos valientes un hombre y una mujer soportaron lo
insoportable, armados de una fuerza interior que ellos mismos
no reconocían de donde venían, seguían subiendo y escalando, sorteando
los mas dificultosos obstáculos, atravesando noches heladas, y una
intensa sed. Cada uno por un lado de la montaña, sin saber uno del
otro... por fin llegaron a la laguna.
Cuenta la historia que cuando ambos se encontraron,
con solo mirarse a los ojos se reconocieron como almas que ya habían
estado juntas de otras vidas, y cada en sus pensamientos entendió el
porque de su camino recorrido hasta ese momento, hasta la laguna.
Decidieron después mucho rato de hablar que no solo
beberían el agua de aquella laguna sino que también se bañarían en ella,
ambos habían escuchado de sus poderes sanadores y hasta de la capacidad
de la laguna de dar dones de sanación a los sinceros.
Se sacaron sus zapatos, y aprovechando el sol del
medio día que justo iluminaba la laguna, se desprendieron de sus
atuendos y se metieron desnudos en la laguna. El agua era helada,
decidieron acercarse y darse la mano, y en ese momento comenzaron a
sentir como una corriente los empezaba a hacer girar en círculos, una
corriente suave que al mismo tiempo entibiaba el agua, siempre agarrados
de la mano, se hundieron en la laguna, al principio con los ojos
cerrados y luego al abrirlos no podían creer lo que estaban viendo... la
laguna era inmensamente profunda, y una luz emanaba desde el fondo, el
remolino comenzó a ser cada vez mas fuerte y ellos a irse cada vez mas
abajo. Por momentos tenían miedo y se miraban buscando en los ojos del
otro, el apoyo. Sintiéndose mareados y sin poder hacer nada contra esa
fuerza que los impulsaba cada vez mas profundo, se dejaron llevar como
en un sueño...
Se despertaron juntos aún de la mano, en una playa
de arenas blancas y rocas, la laguna ya no era laguna, era un hermoso
mar de celestes colores, los sorprendió estar ambos vestidos
con túnicas blancas, se miraron a los ojos y se dijeron sus nombres:
- me llamo Atiy, dijo ella dándose cuenta que no era el nombre que recordaba pero que sin embargo era su esencia.
-
y yo Anka, dijo él entendiendo el exacto significado de esas dos
palabras, como si de repente pudiera comprender otro idioma.
Sintiéndose con fuerzas y con hambre decidieron dar
una vuelta por la playa mientras intentaban hablar en un idioma que
apenas conocían pero que sin embargo la mente de cada
uno podía traducirlo exactamente, Anka le contó a Atiy que estaba seguro
que ese idioma que ahora hablaban era Quechua, que él tenia ancestros
Quechuas y que incluso recordaba saber algunas palabras...
Pasaron toda la tarde, comiendo frutas, hablando y
recordando, mirándose a los ojos, tratando de entender que
les había pasado, y porque este encuentro después de tantas vidas en la
misma búsqueda? y porque ninguno de los dos se sentía con ganas de
volver a su antigua vida, ni angustiados por sentirse solos en lo
que parecía un paraíso.
Al caer la noche buscaron refugiarse bajo unos arboles, abrazados se durmieron escuchando el ruido del mar.
Vicky
(Atiy) se despertó en su cuarto, en su vida habitual, en su casa, con
sus hijos, su marido, un domingo cualquiera, le costó varias horas
ubicarse dentro de esta nueva realidad, intentar entender si lo que
vivió fue un sueño o era la realidad o el futuro.
Juan (Anka) se despertó en su escritorio...otra vez
se había quedado dormido en la silla frente a su laptop...recorrió la
casa, prendió un cigarrillo quizá intentando que el humo volviera a
conectarlo con su sueño o con el mundo donde estuvo mientras dormía...
miró a sus hijos, a su mujer que aun dormían... y decidió salir a
caminar.
viernes, 22 de junio de 2012
Resumen
De Silvina Grimaldi Bonin
San Jorge, Santa Fe, Argentina.
Yo, que he engendrado críos y poesía
(y disfrutado mientras los hacía…)
dando mi sangre en un río fecundo
cuando los traje al mundo.
II
Yo, que he sufrido para no quebrar
los corazones que erigen mi hogar,
y que he debido adjudicar en pago
mi corazón quebrado.
III
Yo, que callé cuando debí gritar,
y que grité por dentro sin parar
y que no dije todo lo que quise,
y que tampoco hice...
IV
Yo, que imprimí poemas sin pensar
que a fin de cuentas iban a quedar
como evidencia y único legado
de cuánto te he adorado.
V
Yo, que di siempre más de lo que había
sin evaluar que nada quedaría
para llenar al menos de algún eco
este silente hueco...
VI
Versos, esfuerzos, hijos, utopías,
mi amor eterno, sueños, agonías,
flores de humo, tantas ilusiones
e inválidas pasiones...
VII
Hoy, que presiento contemplando el cielo
que hincando al viento emprendiste tu vuelo,
porque era tiempo de dejar mi vida
sin darme despedida;
guardo en mi rota Caja de Pandora
(como el que salva algo y lo atesora):
cada momento anclado en mi memoria
con su pizca de gloria,
mil y un papeles manchados de olvido
con sus paisajes ya descoloridos,
tu nombre escrito en todos los espejos,
dos anaqueles viejos,
el Sol del Alma tuya en ¨ l´alma mía¨,
(¡qué inagotable fuente de energía...!)
y tan genuina, clara y contundente,
irrefutablemente...
la gran certeza de mi entrega plena,
que con nobleza alega este poema.
TEXTOS:
www.silvinagrimaldi.com.ar
EXPTE.4993996/2012- D.N.D.A.Arg.
http://www.safecreative.org/
TUITOS (¡ TUITOS! ) LOS DERECHOS RESERVADOS ©
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IMAGEN sin editar
EXTRAÍDA DE LA RED DE INTERNET
jueves, 14 de junio de 2012
Calor de enero
De Alejandra Lucca ( Los Cocos, Córdoba, Argentina)
Leonor suspiró calladamente, giró sobre sí misma y volvió a mirar sobre su hombro para estar segura de que su marido dormía.
¡Qué tonta! pensó. Claro que duerme, siempre duerme.
Aún así, se deslizó con sumo cuidado y delicadeza para salir de la cama inadvertidamente. Desde hacía varias noches, dormir le estaba costando más de lo habitual. Tal vez las mismas noches que el aire acondicionado permanecía sin funcionar pero esa noche llevaba algunas horas dando vueltas, sintiéndose molesta y desvelada.
Ya de pie, sintió en sus plantas la espesura ----------del piso alfombrado. La evocación de las discusiones con Federico sobre alfombra o piso de madera, le llego desde lejos, como un recuerdo cargado de fastidio. Su marido, se había impuesto desoyendo sus teorías de lo agobiante que eran los tejidos espesos en verano; como lo eran ahora, ahora, en esa noche horrible de enero húmedo.
Dudó un minuto entre una ducha refrescante o bajar y encender la computadora en algún lugar cómodo y fresco; ver de encontrar algo con que entretenerse un poco. Iría a la planta baja, luego vería.
Siempre con sigilo, avanzó por el pasillo que sólo dejaba entrar un mínimo de luz por una ventana posterior; en ese momento recordó que estaban en luna menguante.
Mejor, pensó, conozco mi casa de memoria. Prefiero la oscuridad.
Bajó escalón por escalón, lentamente. Algo de sus movimientos le hizo pensar en sí misma como en una criatura misteriosa, grácil, cubierta por las texturas de las telas nocturnas, presta a cometer algo fuera del libreto de su vida.
Al llegar al último peldaño, un auto que giró en la esquina iluminó, a través del inmenso ventanal, la totalidad del ambiente. Un espasmo de sobresalto la recorrió íntegra, al destruirle momentáneamente el juego de sombras y resplandores que le resultaba familiar. Por un segundo, pensó en volver a su cama, pero luego se dio cuenta de lo tonto de inquietarse por un par de luces que iluminaba el interior de su casa como un faro marino, que da una sola vuelta.
Acá abajo el piso de madera, le resultaba extrañamente placentero; sus pies desnudos se apoyaban cómodos sobre la superficie lisa, con esa cierta morbilidad propia de lo encerado; sutilmente llegaba a su nariz, el aroma de la pasta perfumada.
Ya en la cocina, abrió la heladera, examino los estantes como si le fuera ajena, como si esperara encontrar algún manjar sorpresivo. Nada. Pero aun estaba la botella de agua fría, algo se llevaría de esa helada caja luminosa.
Llenó un vaso grande, al que le agregó hielo y sin poder resistirse a la tentación, mojó sus dedos y los salpicó sobre su rostro y cuello. ¡Ah... que placer!
Al pasar por el desayunador recordó el Pan de Banana, que había hecho a la tarde, cortó una rebanada, desmigó un trocito con los dedos y una vez en su boca, sintió un sabor dulzón, demasiado para su gusto. De inmediato, llegó a su mente la voz de su hija mientras pelaba las bananas para el batido. -¡Mirá que las bananas no están maduras!
Ya lo sabía, pero todo lo que le importaba era terminar con eso y que estuviera listo para el desayuno.
Se agachó cerca de la cama del perro que seguía sus movimientos con mirada adormilada y le dejo el mal habido pan.
Contrariada y aburrida, miro por la ventana sobre la mesada que al igual que el ventanal del living daba hacia la calle, esa noche a oscuras. Leonor, se preguntó por qué no estaba prendida la luz; mentalmente agendó llamar por la mañana a alumbrado público.
Pero otra pregunta la inquietó: ¿por qué dormían de noche con las cortinas sin correr? ¿Siempre dejaban así las ventanas?
Con aprensión, volvió a mirar por el gran rectángulo de vidrio, amparada en uno de los tantos conos de oscuridad. Calle tranquila de barrio residencial, rejas por todos lados, casetas de vigilancia esquina de por medio, todas las casas ocupadas por familias conocidas.
Todas menos una.
La de frente a su casa.
La casa de los Alconada. Se habían mudado al exterior por trabajo hacía un mes.La propiedad estaba en manos de una inmobiliaria conocida, para alquiler. Con un gesto algo despectivo pensó si los próximos habitantes del lugar serían comparables a los discretos dueños.
Miró una vez más y se sintió tranquila de ver que semejante caserón permanecía totalmente a oscuras. Envalentonada con esa nueva privacidad que le otorgaba la soledad de la noche, deseo que nunca se ocupara.
Y ese terrible calor nocturno de enero…
Fue al detenerse frente al espejo, antigua puerta modificada de un ropero, que recordó el día en que lo colocaron justo ahí, frente al ventanal, para que evidenciara la luz entrante. Observó su imagen reflejada, primero distraídamente, luego con más interés. No era una mujer hermosa, pero algo en su piel, en sus huesos, la hacían interesante. Podía decir que no delataba sus cuarenta años.
Prendería bajo el aire del living y se sentaría con su notebook a buscar algo que la mantuviera ocupada. Cuando llegó al amplio sofá, vaso helado en la mano, el gato de la familia se estiró lánguidamente al sentir su presencia, para luego seguir durmiendo. Leonor se quedó absorta, mirándolo como si fuera la primera vez que lo hacía. Pensó, que en realidad, ni con todas sus horas de yoga o de Pilates, podía lograr un movimiento tan estético y lleno de seductora elasticidad.
En otra vida, quiero nacer gata, pensó en un rapto de envidia hacia el felino.
Sentada, entrecruzó sus piernas y encendió la computadora, la pantalla le iluminó el rostro tenuemente y entonces lo notó.
Frente a ella, atravesando el ventanal, cruzando la calle, en el pórtico de la casa deshabitada, una minúscula luz rojiza brillaba. Una pequeña brasa que pobremente iluminaba.
Luego nada, la oscuridad total.
Tal vez me pareció ¿como podría haber una luz pasando el portón? Si fuera así, alguno de los guardias, se habría dado cuenta. Se tranquilizó, pero en ese mismo momento la luz volvió a brillar. ¡Un cigarrillo! No estaba equivocada, alguien estaba fumando en la galería de la casa de enfrente.
Confundida, pensó en llamar a la caseta de seguridad pero primero prefirió correr las cortinas.
¡Las cortinas! Las había mandado a limpiar y no estarían hasta dentro de una semana… Aún así, creyéndose en sombras, observaba el camino que trazaba la luz, subía al comienzo brillando apenas, luego más intensamente llegando casi a iluminar un bosquejo de labios y nariz para lentamente opacarse y bajar unos centímetros.
Algo confusa, asumió que cada vez que subía, ella deseaba que brillara más y así iluminara algo de ese rostro.
De pronto fue consciente de su propia vulnerabilidad, era ella la que estaba siendo observada. ¿Desde cuando la estaría mirando? ¿Seria algún conocido? ¿Un ratero, esperando el momento oportuno?
Trató de repasar cada movimiento realizado, recordó con una mezcla de pudor y rabia que había simulado el movimiento del gato. También la horrorizaba, (¿realmente la horrorizaba?) pensar que la había visto estudiarse frente al espejo
¡Maldita sea! Apagaría todo y correría a su cama segura. Mañana hablaría con los guardias, diría que con el calor había bajado a tomar un vaso de agua y alguien estaba fumando enfrente. No contaría más.
Pero, ¿Tenía algo más para contar?
Por supuesto que no, se dijo a sí misma. ¡Es sólo este calor que me confunde!
Pero súbitamente entendió que antes de subir, debía hacer algo.
Buscó su cartera, tomó un cigarrillo, lo encendió y se sentó en un sillón de respaldo alto. A su retaguardia el ventanal, así se sentía más segura.
Tranquila, cruzada de piernas, comenzó a aspirar y crear su propia braza brillante reflejada en el espejo. Braza gemela de otra enfrentada, simultanea, de ritmo cada vez más apremiante.
Terminó el cigarro a la vez que la luz intrusa moría.
Con lentitud, se levantó, fue hasta el sofá, apagó la computadora y subió las escaleras, indiferente a la casa vacía y oscura.
Resbaló dentro de las sábanas con la misma suavidad con la que saliera. Federico, a su lado, dormía ignorante del último cigarrillo nocturno de su mujer.
Ella en cambio, sonreía para sí.
Mañana, no le diré nada al guardia, pensó, los buenos compañeros de juego son difíciles de encontrar por lo tanto...no se delatan.
miércoles, 13 de junio de 2012
Cosigna "Inquilino"
Esta vez, la propuesta es escribir algo que nos inspire esta palabra.
Es un buen lugar para desarrollar la CURIOSIDAD, como elemento.
"INQUILINO", es según el diccionario:
1-Persona que alquila una vivienda o parte de ella para habitarla.
2 Organismo animal o vegetal que vive sobre otro del que no se nutre y a quien no perjudica.
¿Cuáles son las palabras, los sustantivos, los verbos, los adjetivos que te nacen al pensar en "inquilinos"?
Es también una buena posibilidad para dar espacio a un poco de HUMOR, no?
1-Persona que alquila una vivienda o parte de ella para habitarla.
2 Organismo animal o vegetal que vive sobre otro del que no se nutre y a quien no perjudica.
¿Cuáles son las palabras, los sustantivos, los verbos, los adjetivos que te nacen al pensar en "inquilinos"?
Es también una buena posibilidad para dar espacio a un poco de HUMOR, no?
Pero quizás el inquilino se trate esta vez, de "alguien que habita permanentemente un espacio sin ser dueño de él".
Siempre se tiene un inquilino cerca. Afuera, o adentro. Mucha suerte !
Nati
viernes, 8 de junio de 2012
"El reencuentro".
De Natalia Spina
Y me quedé sin palabras, yo, la musa elocuente. La que al silencio tapaba tan de manera insolente.
Ya mis puntos suspensivos, terminaron en aparte.
Ya mis comas y mis guiones, no aclararán el futuro. Ya no hay más explicaciones.
Parece que hubo una vez, algo que nunca se hubo.
Y me quedé sin palabras, yo, la musa elocuente. La que al silencio tapaba tan de manera insolente.
Ya mis puntos suspensivos, terminaron en aparte.
Ya mis comas y mis guiones, no aclararán el futuro. Ya no hay más explicaciones.
Parece que hubo una vez, algo que nunca se hubo.
miércoles, 30 de mayo de 2012
Ambar
De María Soledad Ranzuglia
Llovía. La consulta estaba prevista para las cinco y diez, pensó que no llegaría…
Un hombre alto y esbelto la recibió amablemente, invitándola a tomar asiento; le resultó extraña la familiaridad. Hubo un silencio que le permitió a ella acomodarse, mientras alisaba su pollera con la mano, que aún suponía húmeda de tanta lluvia por años sin cobijo.
-La escucho, dijo él suavemente.
-Verá, no sé por dónde comenzar… Son tantas las cosas que me pasan, que vivo ahogada, cansada, impotente y también llena de culpas… Sí, le voy a hablar primero de uno de mis hijos, con el cual urge una solución, ya que …
-Ya tengo su solución, dijo él, casi interrumpiéndola.
Ella lo miró fijo y sin darse cuenta, algo se relajó en su cuerpo como augurando haber sido vista en verdad. A pesar de ello, inquirió al hombre con una pregunta casi desquiciada:
-¿Usted me está tomando el pelo? a mí que me costó tanto llegar en un día así y sin saber nada de mí, dice que ¡sabe lo que pasa!
-Señora, usted no ve nada claro. Las consecuencias de ello, se derivan en todas las emociones nocivas que trae dentro; su modo de ver es defectuoso y esa es su única responsabilidad: recobrar su Visión es la manera de sanar completamente… dígame, ¿cuál fue la última vez que estuvo bien?
- … No sé, tengo sí buenos momentos, pero… no son permanentes, hago muchas cosas para estar bien… yoga, rezo casi a diario, pido luz para tanto desastre que veo, pero no mejoran las cosas.
-¿Qué cosas?
-Bueno, las que veo… sí, casi todo lo que miro me duele o me da bronca, nunca tengo Paz.
- ¿Y usted qué busca?, dijo él.
-Que se solucione todo lo que veo, porque a decir verdad, no he hecho más que adaptarme a la locura… y siento como un calvario dentro.
Él miró de pronto el paisaje que asomaba por la ventana derecha, respiró profundo, se puso de pié dándole la espalda por un instante…
Tomó de su biblioteca una pequeña hoja de color ámbar, escrita con tinta china en cursiva y se la dio.
Ella con su pequeña mano la tomó; palpitante, sin decir una palabra, la sujetó sobre el escritorio aguardando…
-Lea en silencio, por favor.
Así lo hizo… Su cara de mujer seria comenzó a distenderse, una sonrisa de niña floreció en sus ojos, de tanto acierto… Ahora reía a carcajadas, sin parar… De pronto, se le hizo tan claro.
Cuando él la despedía en la puerta, justo yo pasaba caminando por el
lugar… Vi una mujer muy feliz y pensé…“Habrá sido un encuentro de Amor”.Un hombre alto y esbelto la recibió amablemente, invitándola a tomar asiento; le resultó extraña la familiaridad. Hubo un silencio que le permitió a ella acomodarse, mientras alisaba su pollera con la mano, que aún suponía húmeda de tanta lluvia por años sin cobijo.
-La escucho, dijo él suavemente.
-Verá, no sé por dónde comenzar… Son tantas las cosas que me pasan, que vivo ahogada, cansada, impotente y también llena de culpas… Sí, le voy a hablar primero de uno de mis hijos, con el cual urge una solución, ya que …
-Ya tengo su solución, dijo él, casi interrumpiéndola.
Ella lo miró fijo y sin darse cuenta, algo se relajó en su cuerpo como augurando haber sido vista en verdad. A pesar de ello, inquirió al hombre con una pregunta casi desquiciada:
-¿Usted me está tomando el pelo? a mí que me costó tanto llegar en un día así y sin saber nada de mí, dice que ¡sabe lo que pasa!
-Señora, usted no ve nada claro. Las consecuencias de ello, se derivan en todas las emociones nocivas que trae dentro; su modo de ver es defectuoso y esa es su única responsabilidad: recobrar su Visión es la manera de sanar completamente… dígame, ¿cuál fue la última vez que estuvo bien?
- … No sé, tengo sí buenos momentos, pero… no son permanentes, hago muchas cosas para estar bien… yoga, rezo casi a diario, pido luz para tanto desastre que veo, pero no mejoran las cosas.
-¿Qué cosas?
-Bueno, las que veo… sí, casi todo lo que miro me duele o me da bronca, nunca tengo Paz.
- ¿Y usted qué busca?, dijo él.
-Que se solucione todo lo que veo, porque a decir verdad, no he hecho más que adaptarme a la locura… y siento como un calvario dentro.
Él miró de pronto el paisaje que asomaba por la ventana derecha, respiró profundo, se puso de pié dándole la espalda por un instante…
Tomó de su biblioteca una pequeña hoja de color ámbar, escrita con tinta china en cursiva y se la dio.
Ella con su pequeña mano la tomó; palpitante, sin decir una palabra, la sujetó sobre el escritorio aguardando…
-Lea en silencio, por favor.
Así lo hizo… Su cara de mujer seria comenzó a distenderse, una sonrisa de niña floreció en sus ojos, de tanto acierto… Ahora reía a carcajadas, sin parar… De pronto, se le hizo tan claro.
Me detuve en la esquina para verlos, él le dio la mano también sonriendo; ella cruzó la calle y una leve brisa dejó volar un papel color ámbar, con unas letras en tinta china o algo así… Pasa este auto y cruzo; la hoja quedó sobre el asfalto en un charco de agua, está mojada y no logro leer…
Me pregunto por ella… ¿cómo es que no se detuvo? Seguramente, sus palabras las lleva dentro, sino ¿por qué no lo sujetaría…?
Ha salido el Sol.
si querès saber un poco más de Soledad...
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