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viernes, 11 de agosto de 2017

Cortar por lo sano



Por Emi Tudi 


Quería cortarme la cabeza porque me dolía mucho, tenía los ojos pesados, cansados, tantas horas frente a la compu me estaban afectando.
Tenía sobre la cabeza una maraña despeinada de pelos resecos,  revueltos y dentro de la cabeza una maraña de pensamientos revolucionados, revolucionarios.
Y entonces decidí que era hora de ir a la Pelu  y arreglar un poco el cabello, ordenar desde afuera y ver si podía así armonizar lo de adentro.
Sentada en el sillón me vi en el espejo y ahí le dije sin dudar “… córtalo, cortito cortito, no… rapame mejor….” La Giorgi me miro anonada “…Estas loca me dijo, tenes un pelazo nena, te hago un baño de crema y después con un brushing lo amansamos…”
“…No, no…”-le dijo con el tono imperativo que pongo cuando quiero que me tomen en serio, pero no quiero parecer seria- “…córtalo cortito que se vaya todo…..”
“Pero por favor, vos cerrar los ojos y relájate que yo te voy a dejar hermosa y vas a ver como todo se te acomoda ahí en esa cabecita”, me dijo y me guiño el ojo con compasión…
Estábien. Pensé y en un suspiro me deje llevar;Vos hace lo tuyo ahí arriba que yo mientras me relajo trato de hacer lo mío a ver si se arregla algo de lo que hay adentro…
Fue una hora de masajes, tijeras, cremas y secador, 60 minutos de pensar en no pensar, de cerrar los ojos y no estar.
Y el resultado fue hermoso. El pelo largo brillaba, caía pesado y estaba suave.
Los pensamientos se habían calmado.

jueves, 10 de agosto de 2017

Aprender


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Me quedan pocos meses para cumplir 70 años, toda una vida vivida, pero da algo de vértigo. Para mi es tiempo de recuerdos, de echar la vista atrás y ver que, aunque parece que el tiempo vuela, la vida es larga. Cuántas cosas han pasado, cuánto he vivido, y cuánto he aprendido, por eso este tiempo me gusta; ando viviendo la vida sin prisas, ¡yo que tanto he corrido! para llegar a tantas cosas, ahora mi vida es sosegada y eso me encanta.
He conocido el amor y el desamor, he tenido hijos y tengo nietos. Esa parte de la vida me ha compensado en todos los sinsabores que ha podido haber. Tengo amigos y sobre todo tengo buenas amigas que me hacen la vida mucho más agradable. Tengo amigas para leer y comentar la lo leído; amigas para caminar, salir por caminos horas y horas andando y charlando, eso es un lujo; amigas para hacer ganchillo y amigas para ir al cine además de reunirnos a charlar con un rico vino.
He viajado, algo que ha sido muy importante en mi vida, viajando he aprendido que todos nos parecemos, y que no hay color, ni raza, ni religión que sea una superior a otra, el mundo es un lugar donde todos deberíamos vivir respetando costumbres y aprendiendo de todas las cosas diferentes a las nuestras.
En Venecia aprendí a escuchar el silencio, en Praga la música, en Estambul el mercado, en Nueva York entendí el dolor de los muertos, en Londres aprendí a tomar un buen té con scons y en París escuché el rumor del Sena. Marrakesch  fue una gran sorpresa, era la vida en una plaza, sus ruidos y sus músicas. Pasear por Europa es reconocernos a nosotros mismos y aprender de la cultura esplendida que disfrutamos. De cada viaje tengo algo muy especial en mis recuerdos.
Pero hay dos países que me llegan al alma, México, he viajado cuatro veces allí y me siento como en casa, tengo buenos amigos que me acompañan a conocer ese inmenso país, la historia tan ligada a España con sus claroscuros, sus sabores picantes, sus colores inmensos, todo ese país me fascina. Cuánto he aprendido de todos ellos…
Y mi querida Argentina, cuando se vive en otro país la cosa cambia, siempre está presente en mi vida y ya hace años que vivimos allí. Pero esos tres años que pasamos en Santiago del Estero me hicieron cambiar toda mi vida; allí tuve a una hija, allí crecí, maduré y elegí cambiar la vida.
Cuando llegamos a Córdoba, íbamos todos a descubrir una nueva etapa. Fátima, Belén y César llevaban unos bolsos verdes donde habían metido sus juguetes preferidos y sus cuentos, para no sentir el desarraigo total, yo también llevaba unas cuantas cosas muy mías, pero al salir del aeropuerto, estaban allí la familia Spina al completo, dándonos la bienvenida, los gritos, los aplausos, los abrazos fueron un bálsamo que yo no puedo olvidar.
Aprendí que aunque estés a muchos miles de kilómetros de tu lugar, de tu familia, de tus cosas, hay abrazos que se convierten en lazos que duran toda la vida.
Aprender, ese ha sido mi camino a seguir y en eso estoy, me falta tanto…


Desde Ciudad Real, Teresa Ibañez.  Verano 2017

En la peluquería

Click here to view a larger version!En la peluquería es donde hago mi terapia mensual. 
Es el lugar mágico donde me encuentro con mi estilista, un elfo que posee el don artístico de acomodarme la "peluca" de tal manera que yo salga feliz, aunque mi mejor amiga llamada débito, sufra las consecuencias de mi capricho. 
En la peluquería me distiendo, el elfo me prepara café, y con su amplio dominio de los colores, le da a esa peluca aburrida, la gama exacta de la vida.
 
 
Mariana Molina Gomez

jueves, 24 de noviembre de 2016

JUNTOS COMO LAS HORMIGAS/ EL ENCUENTRO



La Avenida Argentina se veía muy ancha y luminosa. El viento movía las ramas de los álamos y al cruzarse, parecían darme la bienvenida. Cuando el asfalto ya terminaba, se desplegó a mi derecha el golf de La Cumbre, con sus onduladas mantas verdes y allí, pegada, con un jardín prácticamente compartido, se apareció Links House.
A lugares donde la gente mayor va a vivir, dejando su casa y su gente, se los llama en general, hogar de ancianos, asilos, casas de retiro, de descanso y un listado de acepciones que los empresarios y los parientes culposos,   tratan de crear para hacer parecer atractivo y feliz algo que, social y culturalmente por nuestras tierras, está sentenciado a no serlo. Este lugar, no lleva ninguno de esos sustantivos pues no los necesita. Es Links House.
Hacía dos meses que yo estaba sin trabajo lo cual me había provocado una bajada importante de la autoestima. No hay nada más corrosivo que tener pena de una misma. Decidí que urgentemente, debía dejar de mirarme así y salir de ese foco infeccioso. La manera? Mirar alrededor y observar quién te puede necesitar. Obviamente que siempre están los más cercanos, mis cinco hijos, mi esposo, mi familia pero… está bueno inaugurar nuevos roles con nuevas personas.
No pasó mucho tiempo sin que lo encontrara.
.
La tía de mi marido, luego de vivir una tragedia que se llevo la vida de su hijo y su nieta de catorce años queridísimos por todos,  se encuentra en esta residencia a la cual entré esa mañana, con la esperanza de sacarla del cuarto y hacer que conociese a las otras personas mayores que, como ella, estaban transitando este período especial de su vida, en un mismo lugar. Leli, así se llama esta fuerte mujer de ochenta y siete años, pasa todas las horas del día sentada en un cuarto, en el sillón que llevaron de su living, donde siempre estaba pasando las horas. No quiere salir, no quiere ni siquiera comer en el comedor junto a los otros huéspedes. Cuando tiene la oportunidad, habla decididamente sobre un pronto retorno a su casa. Pero ya no puede vivir más sola. Necesita gente que la cuide y sepa hacerlo. Ya no está su hijo. Sus nietos viven lejos. Aunque ella no lo sienta, está más frágil que nunca, se puede caer, quebrar, lastimar.  Es muy doloroso esto también para ellos, los hijos de su hijo. Viven todavía el desgarro impiadoso de la partida abrupta de su papá y su hermana y también el desprendimiento de su abuela, su casa, su vida de nietos. Es mucho.

Durante el último mes y medio, había estado yo, visitándola. Me iba con mi tejido y simplemente la acompañaba mientras le relataba mi cotidianeidad, lo que había preparado de cenar, las actividades de los chicos, los cambios en el pueblo, los precios del supermercado, el punto irlandés que saqué para un suéter y todo lo que se me venía a la mente. Incluso lleve mi tablet, pues pensé que podría ser entretenido que viera fotos provenientes de Facebook, así le graficaría mejor las historias de la familia. Fue divertido porque cuando hacía referencia a algún conocido del pasado, ahí ibamos a curiosear si existía el hijo, el nieto o el pariente que tuvieramos la suerte de encontrar vivo y activo en una red social.

 Siendo yo la mayor de siete hermanos, siempre tengo alguna novedad sobre alguno y eso me ayuda a empezar la visita con noticias de la actualidad. Buscando intereses y motivaciones, me dí cuenta que le encantaba darme recetas de cocina, las torrejas de pan, la mayonesa casera, los huevos rellenos, el pionono, la crema pastelera con caramelo, el secreto de las papas fritas al horno…y entonces decidí preguntárselas muchas veces, todas las que fueran necesarias si veía que al responderme, se le iluminaba la cara.  Cuando eso sucede, levanta la mirada vivaz y vuelve a sonreír con los ojos enmarcados de ternura y regresan los  gestos propios, esos que te dibujaron las decisiones y los sentimientos que generaste en la vida…así como la última pena sin nombre.
  Un día, le anuncié que iría a almorzar con ella, al comedor de Links. Llegué y estaba cambiada, lista para “salir”.  Entramos del brazo. Varias mesas esperaban con manteles estampados con pequeñas rosas y armoniosos floreros. Sentí que continuaban las bienvenidas, pues nos esperaban con flores. Los demás ya estaban acomodados. Nos sentamos y la comida fue servida por una chica simpática y prolija. Leli me dijo: -pobrecita, viste cómo cojea… tiene un problema en la pierna y sin embargo trabaja de pie. Así era.
 Mientras ella comía, yo hablaba, intentando bajar mi voz cuyo tono naturalmente, es muy alto. En compensación con el énfasis que pongo en el volumen, mis brazos comenzaron a moverse al compás de mis relatos y, en un instante en que desvié la mirada, me dí con una escena que cambió la perspectiva de mi presencia en ese lugar. Sentados en sus respectivas mesas, individualmente,  cubiertos en mano frente a su plato,  estaban dos ancianos mirándome con los cuellos erguidos,  escuchando con concentrada atención lo que yo estaba contando. Parecían los suricatas de las peliculas de Disney que ven mis chicos. Apenas advirtieron que yo los había descubierto “pispeando”,en pleno acto de curiosidad, bajaron las miradas y siguieron comiendo. Inmediatamente supe que había otros a quienes podía acompañar con mis palabras y que reunirme con ellos, convocándolos con la lectura de algun cuento, sería una buena herramienta para mostrarle a Leli que ese lugar, no era un hospital, no era un internado ni un asilo, ni una cárcel. Ese lugar puede ser su nuevo hogar.  Mi intento a partir de alli sería ese.
Ese mismo día, al retirarme, le mencioné la propuesta a la coordinadora de Links. Fue muy amable y aceptó con entusiasmo mi propuesta, de inmediato. Acordamos un día. Yo iría a leerles cuentos.
Sali feliz. Ya habia encontrado el lugar donde realmente podría servir.

                                                                                                           Nati Spina

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Momento de escribir

 





Las emociones abruman, se trepan por tu cuerpo y abrazan cada parte. Se licuan en tu sangre, se vuelven saliva, a veces dulce, a veces amarga.
 Las emociones no te esperan ni te alcanzan, solo llegan. Y así como llegan te despeinan, se vuelven remolino en tus cabellos, te pintan canas.
 Las emociones te embriagan, te ciegan, te expanden, te cambian.
 Las emociones  provocan deseos, hambre, sed. 
Las emociones dan órdenes, sentencian, designan, alientan, fortalecen y enfurecen. Las emociones dan vida. Se respiran, se contienen, se comparten. 
Las emociones, te hacen ser. Las emociones son tu cerebro fabricando, ilusionando, imaginando, sintiendo, haciendo, temiendo, amando, odiando, escondiendo, alimentando, pensando. 
Las emociones nos hacen, humanos. Y una vez que logramos montarnos sobre ellas y darles el lugar que están buscando, o el que queremos que tengan, se logra la calma. (Jugando a ser escritora... va saliendo)


VIVI MAJUL

miércoles, 12 de agosto de 2015

LA IDENTIDAD - Escritora Elena Poniatowska


Escritora Elena Poniatowska.
“A los 20 años de edad me hubiera gustado saber lo que sé ahora, pero desgraciadamente uno aprende con el tiempo, con los trancazos, con los libros y con la edad te vuelves también más vulnerable y más crítico, más autocrítico: cuando eres joven te lanzas como los cachorros, pero a esta edad ya te fijas, analizas los riesgos.”
“Siempre pienso que fallé y luego creo que, a lo mejor, no hay que dedicarle tanta pasión a la literatura, pero es como una droga. La literatura y el periodismo son una droga, que te agarran y no te sueltan. Por eso, ahora pienso que lo primero en mi vida son mis hijos y mis nietos. Y después todo lo que es el trabajo, el periodismo y el deseo de que le vaya mejor a mi país.”
“Estoy agradecida por ser una mujer afortunada. Percibo el cariño de la gente, tengo tres hijos y 10 nietos, unos seres humanos muy completos y generosos. Vivo rodeada por una iglesia, la de San Sebastián, un limonero, dos jacarandas y muchas flores”.

LA IDENTIDAD

(cuento)

Elena Poniatowska (Francia-México, 1932)

Yo venía cansado. Mis botas estaban cubiertas de lodo y las arrastraba como si fueran féretros. La mochila se me encajaba en la espalda, pesada. Había caminado mucho, tanto que lo hacía como un animal que se defiende. Pasó un campesino en su carreta y se detuvo. Me dijo que subiera. Con trabajo me senté a su lado. Calaba frío. Tenía la boca seca, agrietada en la comisura de los labios; la saliva se me había hecho pastosa. Las ruedas se hundían en la tierra dando vuelta lentamente. Pensé que debía hacer el esfuerzo de girar como las ruedas y empecé a balbucear unas cuantas palabras. Pocas. Él contestaba por no dejar y seguimos con una gran paciencia, con la misma paciencia de la mula que nos jalaba por los derrumbaderos, con la paciencia del mismo camino, seco y vencido, polvoroso y viejo, hilvanando palabras cerradas como semillas, mientras el aire se enrarecía porque íbamos de subida –casi siempre se va de subida-, hablamos, no sé, del hambre, de la sed, de la montaña, del tiempo, sin mirarnos siquiera. Y de pronto, en medio de la tosquedad de nuestras ropas sucias, malolientes, el uno junto al otro, algo nos atravesó blanco y dulce, una tregua transparente. Y nos comunicamos cosas inesperadas, cosas sencillas, como cuando aparece a lo largo de una jornada gris un espacio tierno y verde, como cuando se llega a un claro en el bosque. Yo era forastero y sólo pronuncié unas cuantas palabras que saqué de mi mochila, pero eran como las suyas y nada más las cambiamos unas por otras. Él se entusiasmó, me miraba a los ojos, y bruscamente los árboles rompieron el silencio. “Sabe, pronto saldrá el agua de las hendiduras”. “No es malo vivir en la altura. Lo malo es bajar al pueblo a echarse un trago porque luego allá andan las viejas calientes. Después es más difícil volver a remontarse, no más acordándose de ellas”… Dijimos que se iba a quitar el frío, que allá lejos estaban los nubarrones empujándolo y que la cosecha podía ser buena. Caían nuestras palabras como gruesos terrones, como varas resecas, pero nos entendíamos.
Llegamos al pueblo donde estaba el único mesón. Cuando bajé de la carreta empezó a buscarse en todos los bolsillos, a vaciarlos, a voltearlos al revés, inquieto, ansioso, reteniéndome con los ojos: “¿Qué le regalaré? ¿qué le regalo? Le quiero hacer un regalo…” Buscaba a su alrededor, esperanzado, mirando el cielo, mirando el campo. Hurgoneó de nuevo en su vestido de miseria, en su pantalón tieso, jaspeado de mugre, en su saco usado, amoldado ya a su cuerpo, para encontrar el regalo. Miró hacia arriba, con una mirada circular que quería abarcar el universo entero. El mundo permanecía remoto, lejano, indiferente. Y de pronto todas las arrugas de su rostro ennegrecido, todos esos surcos escarbados de sol a sol, me sonrieron. Todos los gallos del mundo habían pisoteado su cara, llenándola de patas. Extrajo avergonzado un papelito de no sé dónde, se sentó nuevamente en la carreta y apoyando su gruesa mano sobre las rodillas tartamudeó:
-Ya sé, le voy a regalar mi nombre.

lunes, 8 de junio de 2015

El Retorno


De Lucía Ceballos y Spina




Yo estaba sentada sola en aquel colectivo intentando escribir. Subió un guitarrista, flaco y alto. En la siguiente parada, subió un barbudo y gordo leñador con su hacha y una pequeña radio que guardaba en su bolsillo. En la siguiente parada, en la calle Sheridon 369 donde yo bajaba, subió una niña. Tenía ojos claros y una cara muy humilde. Agradecí y me bajé, la niña me miró y me regaló una hermosa sonrisa. Me dirigí hacia la calle paralela de Sheridon,donde yo vivia.

Llegué a casa, me esperaba mi tía Gertrudis con un maravilloso té. Me preguntó si había podido escribir algo. Negué con la cabeza mientras tomaba un trago. Le dije que había visto a esas personas subir y , en la última parada, aquella niña.

- Escribe sobre ella- dijo mi tía.

Entreabrí mi cuaderno y hallé un sobre. Lo abrí. Dentro de él, había dibujado unos hermosos claros ojos, similares a los de la niña. Detrás de ese sencillo dibujo, una radio perfectamente ilustrada y, desde aquella obra de arte, se podía oir una melodía de guitarra. Encendí el fuego y lanzé los dibujos. La melodía seguía ahí... Me quedé observando y vi al barbudo leñador con el flaco guitarrista. Se veían trozos de madera tirados en el suelo, probablemente el leñador construía una guitarra.

Mi tía se acercó y, al mirarme, se hechó a gritar. Yo, asustada, sin saber lo que pasaba, corrí y llegué hasta la calle Sheridon y ví un colectivo parar, bajó un hombre conocido que no paraba de mirarme , subí y, al cruzarnos, le regalé una sonrisa.

martes, 26 de agosto de 2014

Semi cama


De Graciela Fachal



En vísperas de estas vacaciones invernales, la terminal parece un hormiguero. En casi todas las plataformas desde las que parten los servicios de larga distancia, los viajeros se agolpan para despachar sus maletas.

Muchos estudiantes universitarios, sonrientes y descontracturados, parecen saborear ya estos próximos días en sus casas paternas, disfrutando del levantarse cuando llamen para almorzar, de las comidas caseras y las sobremesas familiares; de los reencuentros con los amigos en asados, mateadas y boliches de sus ciudades de origen.

Mi ómnibus parte con demora. ¡Al fin comienza el viaje!

¿Y la bandejita con el refrigerio? Ah..! No..! Ahora recuerdo que, cuando vine a comprar esta mañana el pasaje, escuché la lejana voz que manaba del parlantito de la boletería y se confundía con los sonidos de los motores regulando: para hoy, a Pehuajó, sólo queda en el semicama de las 21.

Evidentemente, el semicama no incluye ni tan siquiera una semi bandejita que contenga una semi cenita. Y yo sin cenar! ¡Qué macana!Tan ajustada de tiempo llegué a la terminal que no alcancé a pensar en comprar unas galletitas o un algo. Menos mal que levanté de la heladera de casa, una botellita con agua. Pero no importa. Lo que importa es que ya estoy en viaje y que me he ido relajando tras este día tan movido y movilizador que comenzó poco antes de las cinco de la mañana con una llamada telefónica de mi hermano menor.

Parece que la calefacción está al máximo. Y yo con mi manía de vestirme con tantas prendas para evitar padecer las inclemencias del invierno! me quedo en remera mientras veo que otros compañeros de travesía, uno a uno, van haciendo lo propio

Logro una posición cómoda y comienzo a dormirme.

Se encienden las blancas luces, se abre la puerta y sube una pasajera en Brandsen. La bebé del asiento contiguo comienza a expresar malestar y rezonga. Su madre intenta callarla acercándole un pezón a la boquita. Luego de varios intentos infructuosos la desarropa un poco y, finalmente, la pequeñita se prende al seno materno y santo remedio.

Una pareja de adultos mayores se ha dormido plácidamente, a juzgar por los clásicos sonidos que producen.

Me reacomodo y logro conciliar el sueño. Sueño que es interrumpido abruptamente con el encendido de las luces y la voz de uno de los choferes: Saladillo! Veinticinco de Mayo! Bragado!

Cada parada tiene como objetivo la carga y descarga de encomiendas y de algún que otro pasajero. No obstante, en Brabado me bajo, sedienta de bocanas de aire fresco y puro; y para estirar las piernas. Los semi cama no han sido diseñados pensando en la comodidad de quienes portamos

piernas largas ni de quienes pesan por sobre la media de la población.

Oxigenada y elongada, vuelvo a dormirme. Despierto cuando el ómnibus se detiene en la próxima estación terminal. me apuro a abrigarme, guardo en mi bolso la almohadita y desciendo a esperar la entrega de maletas.

- ¿No había una remisería allá, en frente?- le pregunto a una joven que también espera su equipaje.

- Sí. Pero hace mucho que la cerraron. Ahora sólo hay taxis- responde con voz de recién despertada.

- Ah..! hace tanto que no vengo en micro...- me justifico.

Ingreso al edificio, desesperada por algo que calme mi hambre y pregunto en un mostrador-cafetería:

- ¿Tenés galletitas?

- No, señora- contesta la empleada con expresión de "lo siento".

- ¿Algún kiosco por acá?

- No... A esta hora, no.

- ¿La parada de taxis?

- Ahí, a la vueltita.

Le agradezco y salgo a buscar el vehículo. ¡Qué cambiada está la terminal! Pero ahora no estoy como para evaluar las reformas edilicias. Sólo quiero llegar, comer, fumar un cigarrillo y dormir sin que enciendan las luces ni voceen nombres de ciudades.

Al llegar a la parada veo un auto acercándose velozmente. Se detiene.Su conductor baja rápidamente y carga mi maleta mientras subo.

- ¿A dónde la llevo, señora?

- González del Solar 250.

- A ver... oriénteme. ¿Es para el lado del Barrio Obrero?

- No, en el centro... González del Solar- pronuncio con clara dicción y buen volumen.

- Ah..! Para el lado del Parque...- conduciendo como a 80 km por una avenida en la que no se veía otro atisbo de vida humana despierta que no fuese el conductor o yo.

- No..! A ver: Alem, Hernández, González del Solar!- mientras me escuchaba con profunda atención para corroborar que estaba diciendo las palabras correctas y el correcto orden de las paralelas.- ¿Vos no sos de acá???

- Sí, pero no ubico esa calle.

Entonces, alguna de mis neuronas logró hacer sinapsis para elaborar una acertada pregunta:

- Esto es Pehuajó?

- No señora. Es Nueve de Julio.

- No!!! ¿Y yo qué hago ahora acá???

- No sé, señora. ¿A dónde quiere que la lleve?- mientras parecía pisar aún más el acelerador.

- A la terminal, llevame!!! Rápido!!! Antes de que se vaya el micro!!!

- ¿Usted va a Pehuajó?

- Sí!!! Apurate, por favor!!!

Mi desesperación había llegado a su máxima potencia. Me imaginaba tomando café con medialunas en ese mostrador habitado sólo por la empleada de una terminal tan vacía como colmada estaba aquella de la que había partido. Tendría que esperar allí hasta que un nuevo coche, cama o semi cama (ya no importaba), pasara rumbo a mi destino.

Al llegar a la estación, el ómnibus estaba saliendo.

- ¡Hacele seña de luces!!!

Hizo un guiño y se ubicó detrás, marchando en caravana.

- ¡Hacele señas!!!

Otro guiño de luces.

- ¿Tenés bocina???

- Sí.

- ¡Tocale bocina!!!

Tuuut.

Desaforada, bajé la ventanilla mientras demandaba:

- ¡Pasalo!!! ¡¡¡Pasalo!!!

Cuando logró ponerse a la par, saqué mi brazo derecho y lo agité tan fuerte como podía.

El ómnibus se detuvo. Mi taxi, diez metros delante.

- ¿Cuánto es?- mientras bajaba mi valija y le entregaba un billete.

- Veinte pesos. ¿Vio que lo alcancé, señora? ¿Vio que llegamos a tiempo?

- Sí! Gracias!

- ¡Buen viaje, señora!

Veo las risas de los conductores del semi cama. Uno de ellos me dice, a través de su ventanilla abierta:

- Ya nos parecía. En la planilla decía que bajaban dos pasajeros. Y comentamos: ¡Qué raro que bajaron tres!

- ¿Me abre la puerta, por favor?

- Sí ¡cómo no!

Si la planilla decía que bajaban dos pasajeros... ¿a ninguno se le ocurrió decir algo así como... A ver, a ver! Uno de ustedes tres no tiene que bajarse acá. ¿Quién es el que no sacó pasaje para Nueve de Julio?

Así me habrían ahorrado este tamaño derroche de adrenalina!

Pehuajó, 19 de julio de 2014

Otro Tiempo Gozoso





De Carmen Julia Bazán


Algunas veces ¡Cielos! ¡Duele tanto tu ausencia!...

Que si, eterna, mi añoranza con eso se calmase

Aún si obrase impía por siempre La Presencia

¡Con qué gusto arrancara las venas palpitantes!



¿De qué valen la luna, el sol y la belleza?

¡Si todo es deslucido en el corazón sangrante!

Si el milagro del día con su clara nobleza

Eclipsado resulta por tal verdad flagrante.



Hace siglos te espero, aguardo tu regreso

Y la vida transcurre ¡Y la vida se pasa!

Y las horas se escapan como agua, mientras veo

A esta aviesa penumbra invadiendo la casa.



¿Podría negociar una tregua para mi alma?

¡Querer retroceder el tiempo a nuestro cielo!

¡Ay, Dios! Si en la virtud no encontrare la calma

¡Entonces alto precio pagara en el averno!









Hoy es un día negro pero, rebelde el ansia

Se amotina en un trémulo destello de esperanza;

Mas no halla su consuelo, hay sólo intemperancia

Sacrílega orfandad ahogando a su templanza.



Ya no sé si amor fuera este sentir dolido

Que obnubila el recuerdo perturbando mi tino,

Quizás fuese obsesión, resistencia al olvido

¿Lo eterno plasmaría en muerte su destino?



Con las fuerzas que restan de aquel afán partido

Alzaré cada día el estandarte precioso.

Aunque jamás te vea y no encuentre el camino,

Honraré los blasones de otro tiempo gozoso.