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sábado, 17 de septiembre de 2011

"Mi Arqueología"

de Alejandra Lucca




Yo comencé a escavar……
Mejor dicho, primero busqué en qué lugar quería clavar la pala, luego comencé a escarbar.
Toda una aventura, una expedición hacia mí misma, una tarea que , de llevarla bien, seria extenuante, pero  tal vez hallara un tesoro importante,  O no…. Tal vez, simplemente, encontrara lo que buscaba.
Cuando comencé a cavar, comprendí que la tarea era más  ardua de lo que mis planes calculaban. Porque escarbar en uno no es simplemente recordar, es  abrir una zanja bien profunda en el medio del alma y espiar; es hurgar con avidez; es ir sacando capa tras capa y no espantarse de lo que asoma bajo el velo del polvo; es buscar aquello que nos está faltando para llegar conectados desde aquel pasado  a nuestro presente. 
Comenzar la excavación, es como tirarse con una soga elástica desde un puente al vacío, y sentir que una se hunde y rebota y vuelve a hundirse y no duele. Se disfruta, con vértigo la espera del próximo tirón.
No fue una tarea ordenada, una va encontrando las piezas del pasado de una manera que dista bastante de ser cronológica,  es como un álbum de fotos que  vuela  el viento y cada paso registrado de nuestras vidas pierde su orden y su momento exacto.
 Así, entre el primer  roce con la piel cálida de mis hijos recién llegados al mundo, fueron asomando mis primeros días de primaria, mi jardín de infantes en Tucumán, mi perro de la adolescencia, mi marido entrando al atardecer por el largo camino de lajas hasta la casa.
Fui descubriendo pieles que estaban guardadas bajo las yemas de mis dedos,  cada una con su textura, típica e inconfundible, con su propio e imborrable perfume.  Rostros, manos, abrazos, algunos tan amados, aun hoy tan amados en el letargo del tiempo, otros temidos, con el miedo que deja fea  marca en nuestros peores sueños.  Olores, todavía, algunos hoy llegan a mí y me regalan un segundo de mi pasado, la lavanda mezclada con naftalina, que imperaba en los placares de mi abuela, los caramelos de menta de mi madre, el azúcar y canela de las tostadas de mis tardes de colegio.  Voces. La voz amable de los que fueron creciendo y madurando a mi lado y la de los que ya nunca me hablaran al oído.
En la segunda capa, como algo mas oculto en el tiempo, encontré días de pollera y sweater marrón ,  horarios, carpetas y materias a las que sin piedad ignoraba, amigas que no sé donde están, otras que, aun desde muy lejos, apoyan su mano en mi hombro día a día; el eterno frio en las piernas. Al mirar al costado encontré una hamaca blanca, adorable, pero  partida en dos; mi primer amor, enterrado en torvo silencio ahí, entre los mantos mudos de los años.  Los ojos nublosos, llenos de recuerdos perfumados por esos primeros aromas que nos animaron a sentir otros aromas , siguieron buscando, el sillón verde de pana de mi cuarto, y el amarillo de hierro forjado, donde él se sentaba.  
Una no solo debe cavar, debe mirar y mirar, tocar, saber reconocer que es eso que asoma  apenas, como la puntita de un iceberg , guardando, enterrado un caudal de emociones.
También se precisan guantes para el alma, alguna que otra cosa que aparece, corta o pincha y el dolor se renueva a sí mismo por largo rato, como cuando encontré  a mi padre en el aeropuerto diciéndome, “-algún día uno de nosotros va a quedarse en un avión”… Fatídica premonición que el cumplió mismo. Por eso hay que tener precaución… el alma se hiere con facilidad.
Blanco e impecable, vi asomarse en medio de varios electrodomésticos, mi vestido de novia,  y la larga caminata hasta el altar, donde me esperaba el mismo hombre que hoy me espera día a día, cuando vuelvo de diálisis, con una sonrisa suave, llena de amor.
Fueron asomando primeros días de clases de mis hijos y la alegría mezclada con el dolor de verlos salir aun mas de adentro mío, sensación extraña que sentiría casi como un rito, años más tarde, ya con kilómetros de distancia que me recordarían a cada momento que ya caminaban sin preguntar a donde ir.
Así fue mi trabajo, llegando hasta el íntimo centro  de mí misma, levantando con delicadeza cada cosa que asomaba, limpiando con sumo cuidado, con un pincelito algunas piezas de mi propio cuño, mirando fijamente algunos trazos de la vida, tratando de entender cuando los deje a un costado, esquivando la mirada para no ver otros que, feroces, subían a la superficie para recordarme que en esta vida se llora menos que lo que se ríe, pero que cada llanto nos deja surcos viscerales.
Al ir terminando, entre la risa trasparente de mi madre, casi hasta el fin, canciones cantadas al unísono del tiempo, pastos de un parque que amé, libros que siempre agradeceré, arboles que me cobijaron, pájaros que rescaté y campos en los que siempre el viento sopló a mis espaldas, me encontré a mí misma, sentada, mirándome en el espejo de mi vida.
Adulta, serena y segura.
Y me gusto lo que vi.
Entonces, cual arqueólogo responsable, entendí que no debía desechar nada de lo encontrado, cada una de las piezas de mi vida, buena o mala, alegre o triste, era generosa en enseñanzas, me habían dado todo lo que soy.
Descansé un momento y luego, con mucho cuidado, comencé a colocarlas, limpias y cuidadas  en un mejor orden, donde para siempre quedaran.

jueves, 15 de septiembre de 2011

"Pecados capitales, el octavo"

De Mariana Rey




Ya todos los conocemos... 

Pereza, Gula, Envidia, Lujuria, Avaricia, Soberbia, Ira.
Deberia haber uno más... 
no quererse a uno mismo.
De todos modos, ejercer cualquiera de los otros siete 
es una manera de hacernos daño.
Porque cuando no nos queremos, no podemos querer bien.
Cuando no nos valoramos, nos relacionamos mal...
generalmente con gente que tampoco lo hace.
Entonces entramos en un círculo vicioso
y cometemos el, desde mi humilde opinión, peor de los pecados.
No ser Felices, no disfrutar lo que el Universo nos brinda gratis.
Todo esta ahí para ser aprovechado y lo dejamos pasar.
Y nos da pereza levantarnos, hacer ejercicio, cuidarnos... 
entonces envidiamos al que sí, lo hace.
Y comemos mal y en vez de hacer el amor... simplemente tenemos sexo. 
Aparece la lujuria porque perdemos el respeto por todo
e intentamos llenar esos vacíos con dinero. 
Nos gana la avaricia. 
No escuchamos a quienes quieren ayudarnos
simplemente por soberbia
porque nos cuesta admitir que nos estamos equivocando.
De repente nos invade la ira,
 nos enojamos con nosotros, con el mundo y con la Vida.
Entonces seguimos cometiendo el, insisto, según mi criterio, 
octavo de los Pecados Capitales:
querernos poco o casi nada, 
descuidarnos, 
desvalorizarnos.
La caridad bien entendida empieza por casa... dice un viejo dicho.
Empecemos por nosotros mismos.
                  Por eso YO ME AMO. Entonces puedo amar, sentirme amada y en consecuencia SER FELIZ.
Porque de eso se trata, desde mi punto de vista, claro.




"Diálogos"


de María Livia Aghemo

Diálogo I:
-¿Se da cuenta de lo que acaba de decir?
-¿Qué dije?
-Dijo “mi padre”, cuando en realidad estaba hablando de “su padre”.
-No dije “mi padre”, usted escuchó  mal.
-¡Vamos Mariela! No es la primera vez que tiene un acto fallido, no es para que se enoje, es para reflexionar, para eso es éste espacio.
-Pero yo sé que estaba hablando de mi suegro, él no es mi padre. Si mi padre viviera sería diametralmente opuesto a mi suegro.
-Aha.
-Mi padre era un señor elegante, ágil, deportista, siempre perfumado, impecable.
-Aha.
-Ocurrente, espontáneo, fiel y siempre respetuoso de los demás.
-Aha. ¿O sea que por eso no se parece a su suegro? ¿Y entonces a quién se parecería?
-A mi marido, supongo.
-O sea que usted eligió a su marido porque es parecido a su padre.
-¡Yo no dije eso!
-Es lo que acaba de decir.
-¡No!
-Aha. Lo continuamos en la próxima sesión. 
Diálogo II:
-¡Qué suerte que pudiste venir!
-Me dijiste que era urgente.
-Sí, lo es. Estoy embarazada.
-Pero ¿cómo?
-¿De verdad me preguntas como?
-¿Pero no me dijiste que te cuidabas?
-Sí, pero como estuve con diarrea no absorbí la pastilla; eso me dijo el médico.
-¿No me digas que te lo confirmó el médico??????? ¿PERO NO ME DIJISTE QUE TE CUIDABAS????
-¿Y vos no me dijiste que ibas a dejar a la bruja de tu mujer?
-No me cambies de tema, eso no tiene nada que ver.
-Sí tiene que ver, vos me decís que no la aguantas mas, que es fría, calculadora, que se niega a tener hijos con vos, que es egoísta. ¿No ves que este hijo lo mandó  Dios? Ahora podemos tener nuestra familia, vivir juntos, todo va a ser hermoso, yo ya estuve pensando nombres, y cuando vos te divorcies, quien te dice, tal vez podemos hacer una ceremonia sencilla y casarnos nosotros. Soy una mujer como cualquier otra, desde chiquita que sueño con el vestido blanco.
-¡Pará Ana!
-¡Pero no me digas que no es una bendición!
-Te quiero decir algo.
-Si ¿qué?
-Mi mujer también está embarazada. 
Diálogo III:
-¿Dónde estabas?
-Tuve que salir por una emergencia.
-Te llamé varias veces al celular y no atendías.
-Estaba en una reunión.
-Te quería contar que fui a terapia, pero esa mina me hartó, no voy a ir más.
-¿Le dijiste del embarazo?
-No, es un embole como todas las terapeutas: de lo único que hablan es del padre o de la madre.
-Le tendrías que haber contado, yo estoy tan feliz con este bebé que estamos esperando. Te juro Mariela es la mejor noticia que me podrías haber dado, sabes que te amo.
-Bueno ¡como estamos hoy! Yo también te amo, vos sos el tipo más amoroso y dulce que conocí en mi vida, por eso me casé con vos.
-Che ¿y si nos tomamos unos días para ir a descansar a alguna playa?
-Ay, no sé. ¿No lo tenías que ayudar a tu papá en el trabajo?
-No pasa nada, seguro el viejo entiende. Dale, mañana por la mañana vayamos a averiguar Marie.
-Mañana no puedo, me tengo que juntar con Ana a tomar un café; me la encontré hoy, no sabés la cara que tenía. Me dijo que me tenía que contar algo que me iba a cambiar la vida. No sé en qué anda, pobre Ana, lo último que supe de ella es que salía con un señor casado que se estaba por divorciar….. 

lunes, 12 de septiembre de 2011

CONSIGNA "PECADOS CAPITALES"


Esta idea, es de un concurso de cuentos cortos que se realizó en Bs. As., en El Abasto . Me pareció muy bueno eso de escribir un cuento basado en los siete "pecados capitales". Para ambientarnos, aquí está el cuento ganador: "Pereza" de Carlos Vallejo, un hombre que reconoce leer muy poco y le encanta escribir.

                        PEREZA-IRA-AVARICIA-GULA-SOBERBIA-ENVIDIA-LUJURIA



Pereza

Un dado, un cubilete y los seis pecados capitales. Uno-Avaricia. Dos-Envidia. Tres-Gula. Cuatro-Ira. Cinco-Lujuria. Seis-Soberbia. La Pereza no es pecado; es la señora del señor Pérez. Tiro el dado; la suerte está echada. Lindo numerito salió. Soy un avaro coleccionista de monedas de cinco centavos. Soy capaz de cualquier cosa por una moneda de cinco centavos; las demás no me importan. Ahora que estoy en la lona, lo único que me queda es mi colección alcancía de moneditas. Las cuento y me da cuarenta. Necesito mucho dinero pero sólo tengo 40 pesos en monedas de cinco centavos. Voy a la agencia de quiniela más próxima a mi domicilio; la de don José. Le juego los 40 pesos al 40 a la cabeza en la Nacional. Sale el 40. Voy corriendo feliz a la agencia. Don José se equivocó; me jugó el 40 en la Provincia. La ira me domina y me ciega. Mato a don José; robo a don José ya fallecido por mí. El botín no me alcanza pero eso ya no me importa. Estoy perdido. Me diplomé de asesino y chorro en menos de un minuto. Si la ira no me hubiera cegado, habría visto en la pizarra que el 40 también había salido en la Nacional. Tarde me di cuenta. Voy a reventar la guita; la cárcel puede esperar. Me cruzo con una rusita perfecta que vende café. Le muestro la platita; la rusita larga los termos y viene conmigo. Lujuria al por mayor. No es de hombrecitos entrar en detalles. Mientras la rusita descansa de una de las batallas, me asomo por la ventana y veo a un pobre infeliz pidiendo limosna en la esquina. Siento envidia de ese hombre; él no mató ni robó. Quisiera estar en su lugar y me voy a su lugar. Le compro la esquina con la plata que me sobró de la rusita perfecta. No me puedo quejar; junto, recaudo 40 pesos. Otra vez las mismas cifras; será casualidad o será algún mensaje de vaya a saber quién. Mejor no pienso y me meto en un bodegón de buena vida para gozar de mi última cena en libertad. Llamo al mozo y le pido 36 pesos en canelones de pollo y verdura. La gula me puede pero no olvido calcular la propina. Pago y me voy en busca de la comisaría más alejada para entregarme y hacer una buena digestión. Me siento importante; la soberbia me supera, no lo puedo evitar. Asesino, chorro, fugitivo si quiero pero no quiero, comprador de mujeres, esquinas y canelones de pollo y verdura. Por fin llego al comisariato. Confieso. Me esposan. Voy al calabozo; después a una cárcel con todos los chiches. Mi compañero de celda se llama Pérez; sí, es el mismo señor Pérez del que les hablé al principio. Un fenómeno este Pérez, y la señora también; todos los días viene de visita.










Ganador en Pereza y 1er premio
Carlos   Vallejo

martes, 6 de septiembre de 2011

"Narciso"


Nueva integrante! Un valioso aporte a la poesía. Bienvenida!


de Sherezada

Noche.
El agua llora la pérdida. Narciso ha muerto.
Horas antes, allí se contemplaba. El  reflejo sedujo su alma, y enamorado de su propia imagen, se arrojo al agua y se ahogó.
El universo lo llora. Lo extraña. Lo ama. 
Los dioses bendijeron su figura. Mezcla de Adonis y Zeus. Carente de cualquier imperfección, dueño de toda belleza.
Pero el agua llora la pérdida y no hay consuelo.
Comprenden que, de tanto acercarse a sus costas, el agua de él se enamoró.
-Pobre Narciso!- Dijo el universo –Tampoco podremos consolarnos. Nadie olvidara semejante hermosura
- Acaso era bello? Quiso saber el agua.
- Y tú lo preguntas? Era en el espejo de tus aguas donde él podía verse ¿Y no te has dado cuenta?
-No. Logré amarlo porque fue el único que todos los días se vió en mi, y pude yo mirarme en el fondo de sus ojos, logrando así descubrir en ellos mi propia alma.-
El agua sigió su viaje, alimentándose con sus propias lágrimas, tan infinitas como el mismísimo universo.


lunes, 5 de septiembre de 2011

"Palabras por decir"

Así es la historia. Tanto hablamos las mujeres de nosotras mismas y de nuestro instalado crecimiento integral en todos sus ámbitos que, a veces, creo que no nos damos cuenta de la importancia de  escuchar a estos nuevos hombres que ya se dieron cuenta hace rato de que la mujer está bien plantada y no los necesita de la misma manera que antes. Y más allá de lo que ellos sientan en relación a nuestro sexo el asunto es... cómo observan ellos lo mismo que vemos nosotras? Por tanto, este nuevo blog "Palabras por decir" es para que los hombres desarrollen con libertad su pensamiento creativo y expresen, desde la realidad o la ficción, un mundo interior que, a veces, nuestro parloteo no deja salir...Admitamos...

Consigna compartida, fotografía. A ellos, también, les abrimos la alternativa de escribir sobre su "Arqueología personal".


Espero que nos retroalimentemos con esta experiencia, me parece, muy divertida!

viernes, 2 de septiembre de 2011

"Amnesia"

de LOM



Comenzó con una picazón en el antebrazo izquierdo. Intentó rascarse con la mano derecha pero un peso inesperado la inmovilizó. Volvió a ordenarle a la mano que se levantara y otra vez  experimentó la sensación de que un peso oprimía sus dedos contra la cama.
¿Cama? De pronto tuvo conciencia de estar tumbada sobre un lecho, cubierta hasta la barbilla por capas de sábanas y cobertores, inmovilizada boca arriba, el rostro vuelto hacia una luz blanca y fría. Hizo un esfuerzo y levantó un párpado: la luz le molestó y volvió a cerrarlo. Después abrió los dos ojos y trató de ver hacia un costado. Todo en la habitación era claro y despojado: paredes desnudas color gris perla, recubiertas hasta cierta altura con cerámicas del mismo tono; una puerta entreabierta con un pomo de acero cromado y una gaveta de metal gris. Más cerca, un perchero de metal que sostenía una bolsa de suero. Vio caer gota tras gota del líquido incoloro, lo imaginó descendiendo por esa manguera delgada cuyo extremo desaparecía debajo del cobertor: cerca de su cuerpo, cerca del antebrazo izquierdo donde sentía picazón.
Después de un rato descubrió que tenía fuerzas para girar la cabeza hacia el otro lado, entrecerrando los ojos para esquivar el rayo de luz que caía directo del techo. Una cortina blanca se agitaba levemente y Paula vio detrás de ella el marco de metal de una ventana entreabierta. Un cuadro con un paisaje neutro era la única señal de color en toda la habitación.
Estoy en un hospital, se dijo Paula. No experimentaba temor ni sorpresa. Tampoco dolor, excepto la sensación molesta en su brazo. Diez minutos después le pareció  que debía investigar el estado del resto de su cuerpo: movió  la mano derecha hacia un costado y esta vez los músculos la obedecieron: palpó su torso, el hueso saliente de su cadera, el vientre tibio. Descansó la mano y le ordenó al pie izquierdo que moviera los dedos. Después de un rato lo consiguió también con el pie derecho. Acercó las rodillas entre sí: esto requirió un gran esfuerzo y Paula decidió dormitar; de esa forma también descansaría los ojos de la molesta luz que bajaba del techo.
No supo cuánto tiempo había transcurrido hasta el momento en que sintió una mano ajena sacudiendo suavemente su muñeca y una voz de hombre penetró en su cerebro.
-Señorita…  Señorita, ¿me escucha?
Paula sintió  cierta irritación. ¿Por qué la molestaban? ¿Por qué la obligaban a abrir los ojos a esa luz despiadada que horadaba el interior de su cabeza?
-¿Qué? No, no quiero…
-Ah, está despierta. ¡Qué bien! Escúcheme: ha tenido un accidente pero no parece haber sufrido ninguna lesión de gravedad. No traía con usted ningún objeto que indicara su identidad y no hemos podido avisar a ningún allegado. ¿Podría decirme su nombre?
-Paula –contestó  automáticamente-. Paula Díaz. Me molesta la luz… 
Oyó un siseo y la lámpara sobre su cabeza fue inclinada hacia un lado.
-¿Así está  mejor? Bien. ¿Puede darme un número de teléfono donde podamos avisar lo que le ha sucedido? ¿Puede darme su dirección? –La voz era amable y suave.
-4746-2958. Ciudad de la Paz 2724, 8° piso.
Otra vez la respuesta fue instantánea, impensada. Como un autómata recitando un mensaje grabado.
-¿Con quién debemos comunicarnos?
¿Con quién? Tuvo una imagen del departamento: soleado, antiguo, bien conservado, paredes blancas, balcón con macetas. Su cama, su biblioteca. El escritorio en la otra habitación. ¿De quién era ese escritorio? Suyo no.
-No sé, no recuerdo –dijo. El médico que se inclinaba sobre ella enfundado en una chaqueta celeste le sonrió. Era joven y bien parecido.
-No se preocupe, llamaremos para avisar. Ya recordará el nombre, ha tenido una pequeña contusión en la cabeza, nada grave. Ahora descanse.
Sí, descansar. Hundirse en la nada confortable. No recordaba ningún nombre, ninguna obligación. ¿Cuánto hacía  que no se sentía tan libre?
Una hora más tarde volvieron a despertarla. Otro hombre, esta vez. También joven, también  agradable, también solícito.
-Paulita, amor, soy Esteban. ¿Cómo te sentís? El médico dice que estás bien, algo confundida, pero ya pasará.
¿Pasar? No quiero que pase, estoy cómoda así. ¿Y quién era Esteban? Su novio, seguro. Su pareja. El dueño del escritorio en la otra habitación. Lo miró fijamente sin ninguna expresión. Vio cómo se le borraba la sonrisa.
-Paula, ¿no me reconocés? –se volvió a la enfermera que lo había acompañado- ¿Están seguros de que está bien?
-Sí, no se preocupe. Es normal que al despertar tenga una pequeña amnesia. Irá recordando de a poco.
Esteban se quedó  a su lado un rato largo, sosteniendo su mano. Paula cerró los ojos y esperó pacientemente hasta que lo sintió salir de la habitación. “Volveré mañana”, lo escuchó decir. Esa noche le sacaron la aguja con el suero y durmió pacíficamente. Muy temprano en la mañana una enfermera le tomó la presión, el pulso, anotó algo en una planilla.
-Está muy bien –le dijo.
Escuchó a la mucama que pasaba un trapo con olor a desinfectante por el piso. Luego, justo cuando la dejaron tranquila y se disponía a dormir otra vez, recordó la oficina y sus compañeros. De golpe, como un relámpago molesto: la cara del gerente anunciando la fusión con otra empresa, la reducción de costos… pero eso había sido un par de meses antes. Recordó el ambiente tenso del día de ayer; todos se habían quedado hasta tarde tratando de terminar los informes para la reunión con la Auditoría. Hoy. La reunión era hoy. “Qué bien” pensó. “Que Rafael se las arregle solo”. Imaginó su cara al enterarse de que ella no venía. “Mujer Maravilla” la había apodado un tiempo atrás, porque siempre le salvaba la vida ante el Directorio. No la valoraba lo suficiente, sin embargo, como para incluirla en la gerencia superior. Sintió una gran satisfacción al abandonarse nuevamente a la modorra.
Esa tarde la visitaron Esteban, una mujer desconocida y dos compañeros de la oficina. Rafael le mandó un ramo de flores y una tarjeta. La desconocida la abrazó  y le susurró que era su amiga Carmen.
-¿Cómo estás, querida? –dijo Carmen.
Paula miró imperturbable a Carmen y Esteban, a quienes no recordaba, y a Mariela y Raúl de la oficina, de quienes se acordaba muy bien. Segundos después las sonrisas se congelaron, todos se notaban incómodos.
-El médico dice que es una amnesia pasajera –informó Esteban. Los otros tres pusieron cara de comprensión y simpatía y acortaron su visita.
Esa noche el médico la revisó y le hizo muchas preguntas. “¿Está segura de que no recuerda a sus amigos? ¿Nada sobre su vida?” Dejó  ordenada una tomografía para la mañana, “sólo para descartar otros problemas” le aclaró.
A las cinco de la mañana recordó el día en que había conocido a Esteban, cinco años antes. Su enamoramiento. Sus vacaciones en Bariloche y luego en una playa de Brasil cuando, mirando salir el sol sobre el mar desde la habitación del hotel, decidieron compartir el departamento. Sus salidas con los amigos. Los fines de semana con la familia de él y los hijos de su matrimonio anterior. La transformación de la pasión en rutina. Últimamente Esteban ya no se molestaba en sorprenderla con un ramo de flores ni pasaba a buscarla a la salida de la oficina para llevarla a cenar, los dos solos. Ni hablar de vacaciones sin sus hijos.
Paula había aceptado ese estado de cosas; tampoco ella compraba un camisón sexy o usaba un nuevo perfume pensando en él desde hacía… ¿cuánto tiempo? ¿En qué momento comenzó a desear un domingo a solas? Sin embargo, Esteban era una buena persona. Sus hijos eran insoportables como todos los adolescentes pero Paula sentía cierto cariño por ellos. Sus suegros eran buenas personas. Tampoco podía quejarse de su trabajo, era agotador pero un buen trabajo al fin. Paula sintió que toda su vida le resultaba ajena. Aburrida. Insoportable. Tenía 37 años. Necesitaba tomarse vacaciones: del trabajo, de Esteban, de la rutina.
-Es muy extraño  –le explicó el doctor a Esteban esa tarde-.  Físicamente no hay ninguna causa que explique la amnesia: ella ya debería haber recuperado la memoria. Eventualmente los recuerdos volverán. Entretanto, no hay razones para que permanezca internada aquí;  yo aconsejaría que pase un tiempo en una clínica de reposo, hay una excelente a cincuenta kilómetros de la ciudad y está cubierta por su obra social. Estará bien atendida y le dará tiempo para retornar a la normalidad.
Paula sonrió. 

"La procesión"

de Natalia Spina


La calle estrecha y sedienta.
Los frentes de las casas como páginas abiertas, amarillas, desteñidas. Ilegibles.
No se distingue a sus habitantes.
Todos laminados en un polvillo en constante ascenso.
Los tubos de sol con brillitos, chocando y pintando con magia las puertas.

Procesión de la Virgen siria.

Dos mujeres adelante con el rosario en las manos.
Le siguen cuatro hombres cargando a Nuestra Señora de Soufanieh en andas.
Atrás, cinco niños cantan y una muchachita lleva un canasto de junco.
La ofrenda de los aceites de oliva. Calientes.
La sombra rendida, no deja su huella.

 Un sacerdote con la cruz.
Camina firme. Lento pero presuroso. La culpa late.
La sangre espesa como el aceite.
El sudor resbala en sus manos.
La escucha de lejos.
La piedad implora:

-“María de Soufanieh, que no grite…”

La voz en creciente, arrolla la tierra.
Inunda los silencios.
Estremece y cruje la madera.
Los soles que vuelan se caen sombríos.
Las paredes chillan.
La canasta cae.
El aceite se abre y mancha los pasos.

La mujer que grita encuentra su meca.
Interrumpe el paso de su hombre.
Le escupe su nombre.
Le quiebra las cejas.
Le muestra una sábana blanca manchada con sangre.
Él sigue con la cruz a cuestas.
La cabeza, inmóvil.  La mirada, hueca.
Ella toma la cruz y la carga. La arrastra.
Las mujeres del rosario entienden.
Los niños del coro detienen su canto.
De golpe, el madero cae sobre la Virgen.
La rompe en pedazos que se desintegran.
Ella sigue con la cruz en las manos.
La cruz que desangra a la virgen muerta.




Una nueva integrante que tiene al parecer mucho por escribir: Sophie. Bienvenida!



Tengo tantas preguntas a mi  yo del futuro, esa mujer que ya habrá transitado los próximos diez años de mi vida... ojala pudiera tener algunas respuestas claras, así sabría que decisiones tomar hoy, sin embargo algo en mi interior me dice que sea cual sea el camino que tome llegaré a ser la mujer que necesito...

-Y que querés saber? Pregunta la yoendiezaños.
-no sé déjame pensar, te veo tan serena...como lograré eso?!... sos feliz? digo seré feliz? -pregunté, mientras me sudaban las manos-
-Tan feliz como te lo propongas y te lo permitas... Sophie, la felicidad no es un estadio, es la cima de una montaña que te muestra cual es la siguiente cima, y cada montaña que transitas, es parte de tu evolución... en diez años vas a estar más feliz que ahora, y no porque no te pasen cosas precisamente, sino porque tu ser se hará más sabio. (Yoendiezaños, vestía su túnica blanca, sus pantalones beige, tenía el mismo cuerpo que ahora, mas arrugas, el cabello más blanco, se la veía tan sabia, al mismo tiempo sentía que no podría vestirme así!!!!!!!)
-eso que me decís me tranquiliza, y el amor? que pasará con mi amor...vos te acordaras que en este momento estamos transitando con Martin un momento de muchos cambios, de darnos cuenta y empezar a caminar juntos hacia lugares nuevos. 

-Sophie, no es necesario que te diga todo...te quitaría la sorpresa! si te diré que estarás más fuerte, que te sentirás más sabia, y que habrás encontrado finalmente la manera de amar en la total aceptación...pero deja que la vida te sorprenda y fluí con ella!!!!!! 

Las dos estábamos tiradas al sol, pero de repente Sophieendiezaños se levantó y bailó, tomó mi mano y riendo juntas disfrutamos de un momento único... sentí que mi futuro dependía tanto de mi,  y por un momento me asusté y así se lo dije...nuevamente Sophieendiezaños tomó mis manos y me dijo

- Nosotras las lobas, jamás nos rendimos, en poco tiempo encontraras de nuevo tu piel de foca, y podrás sentir como todo tu salvajismo se pone al servicio de la humanidad. Por favor no te olvides que hasta que llegues a mí, una de tus tareas más importantes es mostrarle a tu hija como ser libre, ella va a estar necesitándote mucho estos años, y tu manera de ver la vida distinta de la mayoría de la gente le mostrará siempre un camino alternativo que elegir...Lola  no siempre elegirá por donde tu hubieras querido y ahí será tu mayor trabajo...respetarla, acompañarla...va a estar todo bien Sophie, confía en que el recorrido que has hecho hasta ahora te llevará por los próximos 10 años a vivir cosas hermosas...

La Abracé, sintiendo su amor hacia mí, sintiendo mi amor hacia ella. Ojala pudiera quedarse... tenía aun tantas preguntas... entonces me miró...no reconocí esa mirada, como si no fuera mía, como si no fuera yo, y me asombré de saber que finalmente tendría esa mirada serena, imperturbable y amorosa. Entonces me dijo:

-Tengo que irme ahora, por favor no olvides lo que hoy hablamos, y no olvides que aquellos que quieras ver en vos en diez años tienes que comenzar a sembrarlo ahora! ya no hay más tiempo. Te estaré guiando así como a vos te toca guiar a la que fuiste en diez años... 

Su imagen comenzó a iluminarse y al mismo tiempo desaparecer, soltó mi mano y mientras me decía "Vive, fluye con la vida" se esfumó.
me quedé un buen rato pensando si todo esto no habrá sido producto de un sueño, después de todo hacía rato que estaba en el patio de casa, tomando sol, parecía no haber cambiado nada, miré para todos lados, todo estaba muy normal, volvía cerrar los ojos, faltaba aun dos horas para que volvieran todos, sentí el calor del sol sobre mi cuerpo y me adormecí nuevamente......algo me sobresaltó y cuando me incorporé me di cuenta que ya no estaba al lado de la pileta en mi reposera y que esa casa no era mi casa sino la casa de hace diez años, en San Juan, Sophiehacediezaños, estaba pensando, sintiendo pena por ella misma, creyendo que su vida no tomaría rumbo nunca más, y que a pesar de tener muchas cosas por agradecer se sentía triste.

Me acerqué a abrazarla, se asustó, pero solo un minuto, lo que tardó en reconocerme.

-Si soy yo -le dije- o sea soy vos en diez años, puedo leer tu mente, y puedo acordarme por el lugar que estas pasando... 

-Pe...Pero estas tan linda!!!! Es que en diez años lograré finalmente recuperar mi cuerpo? 

Reí a carcajadas aun tengo problemas con mi cuerpo pero preferí que solo vea la parte positiva!!!!! -CLARO!!!!!!!!!! Muy pronto prestaras atención a algo que te cambiará la vida...y ya no serás la misma....puedes creer que te volverás vegana???

-Qué? ni siquiera sé que eso? -dijo Sophiehacediezaños.

-Siii tranquila...todo a su tiempo, no te apures, muchos caminos te traerán hacia aquí, y solo quiero decirte algo "revisa los cuatro acuerdos toltecas" te van a sostener por mucho tiempo. 

-Los cuatro qué? dejame tomar nota? alguna vez escuche de ellos pero no estoy segura... bueno no importa después los busco... porque estás aquí? 

-Porque de alguna forma me invocaste, hace muy poco fuiste madre, y sientes que casi no hay espacio para vos en tu propia vida... todo eso pasará... disfruta tu maternidad a pleno, no vas a arrepentirte!!!!! y el camino que estas iniciando en tu voluntariado apoyando madres, te dará enormes satisfacciones, ya lo verás... 

-y mi amor? estaré aun con M. en diez años? hoy estamos tan bien, pero yo me siento atrapada en un cuerpo que no es mío y en una mente que no tiene lugar para el amor con mi compañero ahora... a veces tengo miedo que esto haga que sienta que ya no lo amo, pero es que no me alcanza el día para todo, apenas puedo poner mi ser al servicio de mis dos hijos y sus necesidades.

-Sopié, te mentiría si te dijera que no pasaran cosas tristes... tu matrimonio pasará por distintas etapas, incluso hasta tendrás ganas de separarte...luego muy de a poco comenzará a llegar la paz, el amor adulto, y el darte cuenta que tu ser ES no solo porque lo que sos cuando estas con M. eso te dará infinita libertad de elegir quedarte a su lado...ten fe...
Seguirás tu camino siempre cuestionando estructuras...creo que eso está en nuestra naturaleza!!!!!!!!

De repente empecé a sentir que no me quedaba mucho tiempo, tenía que decirle todo lo que considerara importante y al mismo tiempo no tenía que decirle en lo concreto mucho más...apelé a mi corazón...

-Tengo que irme, quiero que recuerdes siempre que tu misión en la vida existe...y no está tan lejos de lo que haces ahora...siempre estarás rodeada de mujeres que sabrán acompañarte y en los momentos más difíciles vendrán a tu alrededor y cantarán hasta que tus huesos se armen y puedas volver a empezar.... tus amigas de toda la vida aun seguirán acompañándote y conocerás nuevas y sabias mujeres de las que mutuamente se nutrirán...volverás a tus amigas del colegio y sentirás que el tiempo no ha pasado...Disfruta de la vida, y fluye con ella!!!!!!!!!!!!

Mientras hablaba apurada iba sintiendo como todo a mi alrededor se desvanecía y como por más que gritara Sophie apenas me escuchaba, por suerte pude decirle todo, ella lo sentirá en su corazón y sé que es así porque hoy estoy aquí. Se llenó de luz la habitación para luego convertirse nuevamente en mi parque...miré a mi alrededor, miré mi reloj, habían pasado cuatro horas desde que me había sentado a tomar sol, tenía una inmensa paz, mi cabeza empezó a recordar rápidamente cada dialogo, no quería olvidarme de nada, corrí a mi computadora y me senté a escribir. 

Sophie.