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viernes, 6 de abril de 2012

La hebra





De Natalia Spina

La tela estaba ya preparada en el bastidor.  Azul petróleo, mansa y relajada, esperaba convertirse en la pechera de un vestido único y majestuoso.  El bordado, haría la diferencia y Rodolfo tenía preparada la larguísima hebra plateada para comenzar un recorrido laberíntico, sin cortes.  La pequeña tijera Solingen, se hamacaba hambrienta en una cinta morada alrededor del cuello del modisto; sabía que no debía ser usada una vez que él diera la primera puntada.

El artesano estudió el plano, calculó los surcos que marcaría, la distancia entre cadenetas, la perspectiva de ese lienzo a punto de ser trazado de una sola vez con el fino cincel. Tomó uno de los extremos y con un movimiento reflejo, lo llevó hacia sus labios, donde humedeció levemente la punta del hilo brillante. Fugaz ceremonia ancestral que venía viviendo desde hacía ya cincuenta años. Sacando la aguja del alfiletero, preparó su visión para deslizarla por el minúsculo orificio aplanado. Cuando sus brazos estaban firmes para sostener el pulso de sus manos pequeñas y pálidas, las sombrías espectrales siluetas aparecieron nuevamente por atrás.

 Abundia apoyó su mano sobre el hombro derecho de su hijo, Victorina, sobre el izquierdo de su sobrino. Estremecido, tembló. La aguja pinchó su pulgar y luego se deslizó hacia el suelo, donde se perdió velozmente entre hilachas y retazos, como una mojarrita que escapa del anzuelo. La hebra en cambio, quedó sujeta a sus dedos, trabados, erizados, transpirados y fríos.  La mirada, antes concentrada, se rindió a la ceguera empapada de sus lágrimas impiadosas que marcaron sobre la tela, un nuevo camino, ya no imaginario. Las únicas mujeres de su vida seguirían allí, no se irían nunca, lo sabía.

 Nadie como Abundia para bordar; nadie como Victorina para cortar el género.  Las hermanas Fernández eran únicas, juntas, como dedo y dedal, literalmente. Ambas vestidas siempre de negro, viuda la primera, compañera de luto la segunda. Una, rodete entrecano; otra castaño, poco y lacio, detrás de sus orejas. Ambas, la misma colonia; ambas, distintos aromas. Ojos pequeños las dos; de una, oscuros  y brillantes; de otra, oscuros solamente.

 Desde siempre el niño no se parecía en nada al marino perdido, estaba confeccionado a la medida perfecta, talle, alto, tono y corte, de ellas dos. Hasta el sonido de su voz estaba acompasado como el de ellas, al ritmo de la correa de cuero de la máquina de coser. Como esta última, los pasos de Rodolfito  iban y volvían en el vaivén del mismo pedal.
El pequeño pasaba las horas sentado en el piso de la salita de costura, entre carreteles vacíos que convertía en cañones y soldaditos verdes que vestía con los trajes que él mismo hacía. Abundia y Victorina supervisaban orgullosas sus creaciones, aunque su madre era la única que sabía que el revés de la vida de su hijo, que cosían tan perfecto, no estaba como le hubiese gustado. El doblez de Rodolfito nunca se dejaba ver, pero a medida que aprendía a surfilar los bordes de los paños mejor cortados, aparecían de vez en cuando los hilitos colgando, cosa bastante desprolija. Las hermanas se miraban y, con molestia, señalaban los errores al obediente aprendiz, que desarmaba dobladillos y volvía a coserlos, de la manera que ellas lo hacían. 

Hasta que el día que cumplió veinte años, exactamente a las diez de la mañana sonó el timbre de la oscura casona. La tía saltó de su silla y, alegre como siempre, corrió a la puerta, abrió e hizo pasar a un muchacho que traía un paquete cuadrado, envuelto en papel blanco con la insignia de la Confitería Lübek donde diariamente Rodolfo compraba el pan de salvado, luego de la misa de las ocho.  Era el postre “Imperial Ruso”, de crema y merengue, que tanto le gustaba y recibía religiosamente todos sus onomásticos. Siempre lo traía su tía. No ese día.
-¡Qué suerte que pudieron prepararlo, joven! Era una lástima que por primera vez Rodolfito no tuviera su torta de cumpleaños.
-Es que no nos venían trayendo la crema de siempre y, para los que conocen bien esta exquisitez, la diferencia en el gusto era mucha.  Por suerte mamá consiguió un litro y pudo prepararla.  Se la dejo por acá?-dijo inclinándose sobre la mesita del perchero espejo del zaguán.
-Sí, sí, muchas gracias. Digame, ¿es lo de siempre?- preguntó mientras recogía y abría la caramelera de porcelana y sacaba unos billetes bien dobladitos.
- Lo de siempre señorita-y la solterona sonrió halagada.
Entregó el dinero y mientras acompañaba al chico a la puerta, el mismo se dio vuelta y, mirando hacia la pieza donde estaba Rodolfo supuestamente cosiendo, dijo: -ah! Dígale a su sobrino que feliz cumpleaños. Acá le dejo una pavadita, cortesía de la casa.
-pero mirá vos la amabilidad! Va a estar muy contento. Gracias…
-Santiago- ayudó a terminar la frase él.
Y luego de dejar al lado de la torta una pequeñísima cajita azul, se fue sin más.

Victorina cerró con llave y hechó el cerrojo de cadena, como siempre. 
-¡Rodolfito vení! Pero mirá qué amable esta gente, hasta un regalito te han mandado-dijo mientras entraba al cuarto y daba al joven costurero el paquetito. – Voy a meter el imperial en la heladera.
Abundia, sentada a la máquina, habiendo detenido el pedal, había escuchado atenta la conversación y observado a su hijo que, apenas escuchó la voz del tal Santiago, empezó a cargar las bovinas de metal con hilo blanco. Se lo veía nervioso, como asustado.  Luego allí estaba, con el regalito en las manos, mirándolo sin animarse a abrirlo.
-¿no te vas a fijar qué es lo que te trajeron?-le preguntó con curiosidad inquisitiva.
-Luego-contestó él. Ahora voy a terminar con esto-y metiendo el regalo secreto en el bolsillo del delantal, continuó con su labor.

Por la noche, Abundia, entró silenciosamente al cuarto donde su hijo dormía y, husmeando por conocidos rincones, encontró la cajita. Adentro, un anillo muy fino, con una minúscula rodocrosita. Cerró la tapa y salió de la habitación con una sonrisa de irónica satisfacción. Había visto y confirmado el escondido doblez de su mejor prenda y lo descosería hasta que quedara como debía ser: igual el derecho que el revés. 

No hubo más misas.

 No se comió más pan.

 No solamente Abundia descosió, sino que rajó la tela con crueldad, dejando sólo hilachas desteñidas que, con el tiempo, se desintegraron en la soledad más profunda del amor enjaulado que gritaba querer morir, sin poder hacerlo.

Ahora las dos, no cosían su tela, pero no cortaron nunca sus hilos y, aún más que antes, Rodolfo era una costura invisible, sin puntas donde descoser.



El bastidor todavía no caía de su falda. Se fueron yendo sus ojos, tan oscuros, se abrió un poco más su mano. La tela azul petróleo fue bordándose en un eterno hilo sangre que, como en una perfecta costura, nunca se cortó. 

LA DE LOS OJOS GRANDES





De Indira López Castagna


La han llenado de sombras, la han ahogado de brumas, la han desenfocado. Le pusieron de fondo una música de pánico, la vistieron de luto, de fatalidad, la perfumaron con aroma a flores y pino y así la mandaron. 
Pobrecita, inocente, ella que solo nos viene a invitar a otro estado, no a dejar de ser, sino a transformarnos, a reformularnos. 
El agua que pasa de ser vapor a ser líquido y luego hielo, pero nunca deja de ser esencialmente agua.

martes, 3 de abril de 2012

El soldado



de Mariana Molina Gómez

MARCHÓ EL SOLDADO EN UN LENTO ANDAR
DEJANDO EN SU PASO PENA Y SOLEDAD.
CRUZO VALLES Y MONTAÑAS Y POR FIN LLEGÓ AL MAR
Y OBSERVÓ CON DOLOR LO QUE DEJABA ATRÁS,
JUVENTUD, ANHELOS Y AMISTAD.

SE SENTÓ EN LA PLAYA Y TRATÓ DE PENSAR,
PERO SOLO LE VINO A LA MENTE AQUELLA CRUELDAD
Y MIRANDO A LAS ESTRELLAS COMENZÓ A LLORAR,
Y SU VIDA SE CERRÓ CON AQUELLA OSCURIDAD.

viernes, 30 de marzo de 2012

La elección

De Natalia Spina

Para mi elegido.





Te sugiero que remuevas de tus venas, la palabra “libertad”
Que la hagas visible a tus ojos, que la pruebes para ver si está vencida.
Que la toques para sentir si late.
Que la escuches, para saber si todavía ríe.

Una vez que la veas en tus manos,
Y compruebes que sigue siendo tuya,
Te sugiero que me mires.
Me juego a pedirte que me juzgues.

Puedes pensar que soy la misma
O puedes afirmar que he cambiado.
Puedes extrañar mi antigua risa
O mis ojos inocentes y castaños...
Puedes buscar en mis palabras
Las frases que tanto has escuchado
O puedes sentir que hablo otro idioma
Donde no está tu nombre traducido.

Puedes llorar por mi mirada
Que ya no es espejo de la tuya.
Puedes escuchar como ahora canto… con una nueva música.
Puedes considerarte olvidado…o elegido
Puedes sentirte una soplada y crujiente hoja de otoño o un incipiente brote.
Tienes la libertad de ser un viento
Y alejarme como quieras, lejos de tuyo.

Tienes la libertad del silencio, que permite gritar indiferencia.

Y la de los gestos de cómplices amigos.

Puedes herirme como quieras pues puedo herirte yo, sin darme cuenta.

Eres libre de nunca alcanzarme.

Eres libre de oscurecer los planetas.
Pero verás que el brillo de mi cara
ya no depende si es de noche o día.

Si quieres puedes quedarte, creyendo que el amor era el de antes
Y llorar por los tiempos ya perdidos
Y ver cintas viejas, tantas fotos reveladas…

Pero al sugerirte, te propongo,
Te fijes que camino en una calle
Donde nada es angosto, donde todo se ensancha al paso del que avanza.
Te propongo que la sombra de tu pie, se incorpore a la del mío.
Que saltemos los charcos, que recojamos ramitas para el invierno.

Te propongo me conozcas y reconozcas
Pues soy la nueva versión de la que era.
Soy un manojo de lo mejor que cosechaste conmigo
Y soy una fruta grande, coral y jugosa, repleta de semillas.
Tengo la risa de cinco risas
Tengo el alma de cinco almas
Tengo un infinito de brazos abiertos
Para estrechar contigo.
Tengo un lenguaje solitario que tiene nuestras sílabas sin sentido
Y necesito que lo hables conmigo.

Quiero tenerte cerca…te pido permiso.
Porque la nueva mirada,
Porque el nuevo suspiro,
Porque la nota desconocida,
Porque el aura inapagable, la sonrisa misteriosa y el andar suelto
Son los puntos suspensivos que permitiste, llenara
Son las tormentas que dejaste, resistiera
Soy tu espera, tu paciencia
Soy el inmenso amor que me has dado.

Te invito a reelegirme.
No tengo ninguna duda.
Soy libre de lo que hago.
Yo cambiando, reconozco lo que siempre se queda.
Yo creciendo en nueva tierra, no dejo de buscar a ciegas, el lazo que hicimos raíz,
Yo elegí.
Yo seguiré escribiendo envuelta en agua y arena,
En campo y semilla
En pirca y espinillo.
Y estaré por todos lados.

Pero estate atento, porque no soy como el clavel del aire
Que puede alimentarse solo pero no sin apoyarse
Succionandole la vida al que lo sostiene.

Me convertí en plumerito.
Bolita de luz alada



Si aceptas mi sugerencia, te comparto
Mi nueva sonrisa abierta,
Mi nuevo paso cantado,
Mi poesía descubierta,
La desnudez de mi abrazo,
La convicción certera y suave,
de que vos y yo podemos,
mucho más que veinte años.

jueves, 29 de marzo de 2012

La vida no es la que uno vivió, sino la que recuerda y cómo la recuerda para contarla.




María Carolina Villanueva

Olvidamos el sol, el aire, el olor al pasto recién cortado.
Olvidamos jugar en la lluvia, chapotear en sus charcos.
Saborear el aroma a café y a tostadas con canela.
Remolonear cinco minutos más, desperezarnos con ganas,
cantar en la ducha, dibujar en el vapor de espejo.
Se nos hizo tarde, despertemos ya.
Salimos corriendo, estamos atrasados.
Despedimos el tiempo de comer a gusto, de reír con ganas.
Al salir del trabajo nos hicimos viejos.
Sin recibir sonrisa de vuelta, sin reflejarse en ojos algunos,
Sonreímos sin esperar respuesta.
Nos hemos acostumbrado a ser ignorados, a gritos pedimos, tanto, ser mirados.
Si el trabajo está duro, buscamos consuelo soñando el fin de semana.
Y sin mucho que hacer, el fin de semana, vamos a dormir temprano y
quedamos contentos, siempre tenemos sueño quedado.
Acostumbramos nos a ahorrar vida. Que, de poco a poquito, igual se gasta
y se queda gastada.
Por acostumbrados, nos perdimos vivir.


La vida es la que uno recuerda.
Y para contarla habría que vivirla, dejando al descubierto el alma.
No importa cuánto corramos, cuán ciegos seamos, no nos perdamos
el tesoro inigualable de siempre, siempre recordar que lugar hay
para compartir un par de tazas de café con algún amigo.



martes, 27 de marzo de 2012

¿Cómo salir de un laberinto?

De María Livia Aghemo



Queridísimo amor:

Te escribo desde un banco de esta gris y transitada terminal; sabiendo que hoy, en este preciso instante, debo tomar una decisión sobre nuestra relación.


El verano pasó, y con él, las promesas vanas que recibí de ti. Las hojas de los árboles, ya marrones y secas, comenzaron a caer. La vida entera se transformó en una intensa melancolía. Los niños de mi barrio salen gritando y cantando luego de su jornada escolar. Cada una de sus agudas vocecillas es un puñal oxidado que se clava en mi corazón.


Incluso en esta terminal, en la que me encuentro, la tristeza ha coloreado todo de ocre. Ese perro con sarna durmiendo bajo el banco plácidamente, como si no pudiera recibir de la vida nada mejor que esto. Los vidrios sucios de los negocios, los carteles descoloridos, y esa pizarra al final del pasillo que siempre ofrece el mismo menú: un tostado con una gaseosa.


Siento que mi corazón se ha llenado de humedad desde que estoy contigo y, poco a poco, el moho lo ha comenzado a cubrir. Estoy segura de que si abrieran mi pecho por algún motivo, Dios no lo permita, mi corazón ya no sería rojo. Latería lentamente, enverdecido, como queriendo renunciar.
El bolso que me preparé es pequeño, no puedo cargar von tantas cosas puesto que aún no he decidido adónde ir.


Seguramente, en el momento que recibas esta carta, ya no estaré aquí. Viviré lejos, en un lugar lleno de colores, sonidos, calor. Me encontraré bailando, riendo y haciendo el amor, salvajemente, con otros hombres.


Siempre me recordarás como a esa niña desesperada, perdida en un laberinto, del que sólo tú conocías la salida y nunca, pero nunca, te dignaste a decírmela.

Tuya siempre.

XX Estrella XX

viernes, 23 de marzo de 2012

CONSIGNA DE ESTRELLA: ¿Cómo salir de un laberinto?

La próxima consigna ha sido diseñada por Silvina Grimaldi Bonin.





La estrella, que está estrellada,
y sólo Dios sabe cuánto,
agradece honores tantos
y haber sido blasonada.
Ergo, en pose bien digna
expone sobre este plinto
-salvo criterio distinto…-
que la consigna sea:

 ¿CÓMO
ESCAPAR DE UN LABERINTO?

CERCANÍA


Estaba recostada y él se inclinó sobre mí, casi rozándome el pecho. Su cara estaba tan cerca de la mía que podía sentir el aire que exhalaba haciéndome cosquillas.
Me miró, “es muy lindo”-pienso.
Me sonríe y, empuñando la pinza con todas sus fuerzas, me arranca la muela.
En ese instante termina el idilio con mi dentista.

PLACERES INTANGIBLES

 de Silvina Grimaldi Bonin



Estos versos están dedicados
a las AUSENCIAS que ocupan a veces, un lugar privilegiado, incluso, más grande que el de las PRESENCIAS...





I

Hay ausencias que guardan el prodigio
de llenar los espacios más inmensos,
sospechando que no tendrán litigio,
al meterse en los huecos indefensos,

imitando el gracejo singular
de la luz en el cielo al aclarar.

II

Y allá van… por el cuerpo y por el alma
desplazándose a antojo y suavemente,
con descaro total y con la calma
del que sabe que entra impunemente,

porque siempre será tan bienvenido,
que jamás hallará un lugar prohibido.

III

Hay ausencias que no tienen vergüenza,
ni pudor, ni temor al desacato.
Que se instalan donde uno menos piensa
sin mediar el más mínimo recato,

ocupando la cama sin aviso
y olvidando pedirnos un permiso.

IV

Hay ausencias con forma de recuerdos,
y las otras, que son evocaciones
de un mañana sin firma y sin acuerdos,
bien provisto de un fajo de ilusiones

dibujadas (no siempre) en un papel
y enlazadas con un pobre cordel.

V

Hay ausencias que juegan a ser gotas
de rocío, de lluvia, de cristal,
y de pronto… se salen de sus cotas,
y se visten con traje de puñal,

y se clavan con fuerza de acicate,
esperando que un beso las rescate.

VI

Hay ausencias que son como el oxígeno
cuando el aire que falta nos desgrana.
O el remedio acertado, o el antígeno,
si un dolor ensañado nos aplana;

y nos dan esa cuota de alegría
necesaria para enfrentar el día.

VII

Hay ausencias con nombre y apellido
y con firma de autor impuesta al pie
en las hojas de un libro decidido
a espolear (para siempre) nuestra fe,

a brindar ese fuego que esperamos
y a dictarnos ¨el verso¨ que buscamos.


VIII

Hay ausencias que aún sin ser materia
nos agitan el pecho y nos abrasan
de la línea de la piel hasta la arteria,
y con brazos invisibles nos abrazan,

empujándonos en un perfecto vuelo
a tocar la misma lámina del cielo.


¡Sólo Dios! que es el único testigo,
debería firmar lo que les digo.


Y si Dios no quisiera declarar...
quizás pueda un lector más atrevido...







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TEXTOS:
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EXPTE.4993996/2012- D.N.D.A.Arg.

TUITOS (¡ TUITOS! ) LOS DERECHOS RESERVADOS ©
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IMAGEN

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TEXTO:
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jueves, 15 de marzo de 2012

Ensayando, ensayos.


DE FLAVIA STREMEL


Todos distintos. Ni peores, ni mejores. Genéticamente predestinados. Construídos -o destruídos- por una educación. "Un" "todo".
Algunos llegan a este mundo con un poder de decisión congénito. Eligen el momento que consideran más oportuno para salir del útero, sin tener en cuenta los cálculos médicos, los tiempos de la madre, el humor del padre, el cuarto preparado... por sí mismos o con alguna inevitable ayuda, pero en el día y hora que ellos designan. Desde ese instante y a medida que crecen son determinantes con su vida: escogen, desde muy temprana edad, vestimenta, actividades, amigos, estudios... y no aceptan consejos ni recriminaciones. Son personas que se fijan una meta y nadie, ni nada, logra que cambien de parecer, a menos que ellos lo decidan. Si algún hecho fortuito amenaza con cambiar el rumbo establecido ( una muerte inesperada, un embarazo sorpresivo, una enfermedad, una pérdida, una traición, un engaño...) y no tienen más remedio, reconocen su error y desvían (según su parecer) la meta unos centímetros (milímetros o metros, según lo crean conveniente) y siguen... con la mirada al frente. Son personas seguras, desconfiadas, pero su tendencia a no delegar los convierte en líderes defectuosos.
Dentro del mismo grupo podemos encontrar un subgrupo extremista. Aquellos que a la carga genética se les suma una educación que la avala. Sus educadores ( adultos en general que comporten y departen la vida con él), por propia decisión o bien por pereza dejan que este ser, independiente hasta el extremo, opte desde "teta o mamadera", hasta su propia muerte, pasando por inclinaciones sexuales, políticas, ideológicas, académicas.
Otros educadores sienten una responsabilidad sobre ese ser puesto en su camino; y utilizando métodos persuasivos (convencionales y de los otros) logran torcer esa determinación genética con la imposición de valores, costumbres, gustos, que esta persona asume como propios. Son más abiertos a los consejos y recomendaciones, piden ayuda cuando la necesitan y logran delegar.
En el extremo opuesto encontramos al indeciso congénito. Nace cuando el organismo de la madre o alguien decide. Se alimenta y se viste con lo que le ofrecen, sin siquiera plantearse poder elegir algo mejor. Utiliza pensamientos, razonamientos, sentimientos de los demás, ya que no cree poder elaborarlos por sí solo. Son personas inseguras que no tienen la capacidad de decidir. Necesitan ayuda para optar desde la compra de un objeto hasta el estudio, trabajo, vivienda... claro que no lo hacen de forma conciente: toman consejos (solicitados o no) y los llevan a cabo. De esta forma los demás son los organizadores de su vida, pero ellos nunca se quejan de esta situación. Suele haber momentos de su vida en los que se rebelan ante lo impuesto, pero sólo para aceptar la imposición de ideas, pensamientos, sentimientos de diferentes otros.
Dentro de este grupo también hay extremistas. Sus educadores fueron, son y serán personas autoritarias y demagogas... con mucho, poco o nada de amor sobre este ser. Desde pequeños tienen que acatar las decisiones de los demás con respecto a su vida: comida, vestimenta, estudio, amigos, pareja!, hijos!, trabajo!... obvio que no lo hacen de manera conciente: son dependientes inconsientes. El discurso "cuando seas grande vas a elegir" se prolonga hasta que esa persona pierde la capacidad de elección propia, por lo que inevitablemente durante toda su vida deben depender de otros: padres, maestros, hermanos, pares, amigos, pareja, hijos.
Cualquier lector podría pensar que estas personas son víctimas, y talvez lo sean... en el primer momento. Luego se acostumbran a esta cómoda posición. Nunca realizan una elección. Preguntan, escuchan y expresan "voy a seguir tu consejo". Demás está aclara que son personas sin metas, deseos o pasiones vicerales propias. Transitan por la vida dejándose arrastrar. Tampoco debemos confundir esta insulsa posición con fe en la Providencia Divina. Estas personas están incapacitadas ( congénita y formativamente) para tomar una decisión y muchas veces son concientes de ello. Cuando se les ocurre una idea ( que puede ser una fabulosa idea), la plantean de modo tal que quede claro que es una idea de otro. De este modo no asumen ninguna responsabilidad. Son aduladores. Pero cuando algo no sale como tiene previsto son los primeros en encontrar culpables, en recriminar, en victimizarse. Son terriblemente críticos con los demás...
... y sólo tuvieron que hacer una eleción en su vida: que los demás decidan por ellos.