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viernes, 2 de septiembre de 2011

"Amnesia"

de LOM



Comenzó con una picazón en el antebrazo izquierdo. Intentó rascarse con la mano derecha pero un peso inesperado la inmovilizó. Volvió a ordenarle a la mano que se levantara y otra vez  experimentó la sensación de que un peso oprimía sus dedos contra la cama.
¿Cama? De pronto tuvo conciencia de estar tumbada sobre un lecho, cubierta hasta la barbilla por capas de sábanas y cobertores, inmovilizada boca arriba, el rostro vuelto hacia una luz blanca y fría. Hizo un esfuerzo y levantó un párpado: la luz le molestó y volvió a cerrarlo. Después abrió los dos ojos y trató de ver hacia un costado. Todo en la habitación era claro y despojado: paredes desnudas color gris perla, recubiertas hasta cierta altura con cerámicas del mismo tono; una puerta entreabierta con un pomo de acero cromado y una gaveta de metal gris. Más cerca, un perchero de metal que sostenía una bolsa de suero. Vio caer gota tras gota del líquido incoloro, lo imaginó descendiendo por esa manguera delgada cuyo extremo desaparecía debajo del cobertor: cerca de su cuerpo, cerca del antebrazo izquierdo donde sentía picazón.
Después de un rato descubrió que tenía fuerzas para girar la cabeza hacia el otro lado, entrecerrando los ojos para esquivar el rayo de luz que caía directo del techo. Una cortina blanca se agitaba levemente y Paula vio detrás de ella el marco de metal de una ventana entreabierta. Un cuadro con un paisaje neutro era la única señal de color en toda la habitación.
Estoy en un hospital, se dijo Paula. No experimentaba temor ni sorpresa. Tampoco dolor, excepto la sensación molesta en su brazo. Diez minutos después le pareció  que debía investigar el estado del resto de su cuerpo: movió  la mano derecha hacia un costado y esta vez los músculos la obedecieron: palpó su torso, el hueso saliente de su cadera, el vientre tibio. Descansó la mano y le ordenó al pie izquierdo que moviera los dedos. Después de un rato lo consiguió también con el pie derecho. Acercó las rodillas entre sí: esto requirió un gran esfuerzo y Paula decidió dormitar; de esa forma también descansaría los ojos de la molesta luz que bajaba del techo.
No supo cuánto tiempo había transcurrido hasta el momento en que sintió una mano ajena sacudiendo suavemente su muñeca y una voz de hombre penetró en su cerebro.
-Señorita…  Señorita, ¿me escucha?
Paula sintió  cierta irritación. ¿Por qué la molestaban? ¿Por qué la obligaban a abrir los ojos a esa luz despiadada que horadaba el interior de su cabeza?
-¿Qué? No, no quiero…
-Ah, está despierta. ¡Qué bien! Escúcheme: ha tenido un accidente pero no parece haber sufrido ninguna lesión de gravedad. No traía con usted ningún objeto que indicara su identidad y no hemos podido avisar a ningún allegado. ¿Podría decirme su nombre?
-Paula –contestó  automáticamente-. Paula Díaz. Me molesta la luz… 
Oyó un siseo y la lámpara sobre su cabeza fue inclinada hacia un lado.
-¿Así está  mejor? Bien. ¿Puede darme un número de teléfono donde podamos avisar lo que le ha sucedido? ¿Puede darme su dirección? –La voz era amable y suave.
-4746-2958. Ciudad de la Paz 2724, 8° piso.
Otra vez la respuesta fue instantánea, impensada. Como un autómata recitando un mensaje grabado.
-¿Con quién debemos comunicarnos?
¿Con quién? Tuvo una imagen del departamento: soleado, antiguo, bien conservado, paredes blancas, balcón con macetas. Su cama, su biblioteca. El escritorio en la otra habitación. ¿De quién era ese escritorio? Suyo no.
-No sé, no recuerdo –dijo. El médico que se inclinaba sobre ella enfundado en una chaqueta celeste le sonrió. Era joven y bien parecido.
-No se preocupe, llamaremos para avisar. Ya recordará el nombre, ha tenido una pequeña contusión en la cabeza, nada grave. Ahora descanse.
Sí, descansar. Hundirse en la nada confortable. No recordaba ningún nombre, ninguna obligación. ¿Cuánto hacía  que no se sentía tan libre?
Una hora más tarde volvieron a despertarla. Otro hombre, esta vez. También joven, también  agradable, también solícito.
-Paulita, amor, soy Esteban. ¿Cómo te sentís? El médico dice que estás bien, algo confundida, pero ya pasará.
¿Pasar? No quiero que pase, estoy cómoda así. ¿Y quién era Esteban? Su novio, seguro. Su pareja. El dueño del escritorio en la otra habitación. Lo miró fijamente sin ninguna expresión. Vio cómo se le borraba la sonrisa.
-Paula, ¿no me reconocés? –se volvió a la enfermera que lo había acompañado- ¿Están seguros de que está bien?
-Sí, no se preocupe. Es normal que al despertar tenga una pequeña amnesia. Irá recordando de a poco.
Esteban se quedó  a su lado un rato largo, sosteniendo su mano. Paula cerró los ojos y esperó pacientemente hasta que lo sintió salir de la habitación. “Volveré mañana”, lo escuchó decir. Esa noche le sacaron la aguja con el suero y durmió pacíficamente. Muy temprano en la mañana una enfermera le tomó la presión, el pulso, anotó algo en una planilla.
-Está muy bien –le dijo.
Escuchó a la mucama que pasaba un trapo con olor a desinfectante por el piso. Luego, justo cuando la dejaron tranquila y se disponía a dormir otra vez, recordó la oficina y sus compañeros. De golpe, como un relámpago molesto: la cara del gerente anunciando la fusión con otra empresa, la reducción de costos… pero eso había sido un par de meses antes. Recordó el ambiente tenso del día de ayer; todos se habían quedado hasta tarde tratando de terminar los informes para la reunión con la Auditoría. Hoy. La reunión era hoy. “Qué bien” pensó. “Que Rafael se las arregle solo”. Imaginó su cara al enterarse de que ella no venía. “Mujer Maravilla” la había apodado un tiempo atrás, porque siempre le salvaba la vida ante el Directorio. No la valoraba lo suficiente, sin embargo, como para incluirla en la gerencia superior. Sintió una gran satisfacción al abandonarse nuevamente a la modorra.
Esa tarde la visitaron Esteban, una mujer desconocida y dos compañeros de la oficina. Rafael le mandó un ramo de flores y una tarjeta. La desconocida la abrazó  y le susurró que era su amiga Carmen.
-¿Cómo estás, querida? –dijo Carmen.
Paula miró imperturbable a Carmen y Esteban, a quienes no recordaba, y a Mariela y Raúl de la oficina, de quienes se acordaba muy bien. Segundos después las sonrisas se congelaron, todos se notaban incómodos.
-El médico dice que es una amnesia pasajera –informó Esteban. Los otros tres pusieron cara de comprensión y simpatía y acortaron su visita.
Esa noche el médico la revisó y le hizo muchas preguntas. “¿Está segura de que no recuerda a sus amigos? ¿Nada sobre su vida?” Dejó  ordenada una tomografía para la mañana, “sólo para descartar otros problemas” le aclaró.
A las cinco de la mañana recordó el día en que había conocido a Esteban, cinco años antes. Su enamoramiento. Sus vacaciones en Bariloche y luego en una playa de Brasil cuando, mirando salir el sol sobre el mar desde la habitación del hotel, decidieron compartir el departamento. Sus salidas con los amigos. Los fines de semana con la familia de él y los hijos de su matrimonio anterior. La transformación de la pasión en rutina. Últimamente Esteban ya no se molestaba en sorprenderla con un ramo de flores ni pasaba a buscarla a la salida de la oficina para llevarla a cenar, los dos solos. Ni hablar de vacaciones sin sus hijos.
Paula había aceptado ese estado de cosas; tampoco ella compraba un camisón sexy o usaba un nuevo perfume pensando en él desde hacía… ¿cuánto tiempo? ¿En qué momento comenzó a desear un domingo a solas? Sin embargo, Esteban era una buena persona. Sus hijos eran insoportables como todos los adolescentes pero Paula sentía cierto cariño por ellos. Sus suegros eran buenas personas. Tampoco podía quejarse de su trabajo, era agotador pero un buen trabajo al fin. Paula sintió que toda su vida le resultaba ajena. Aburrida. Insoportable. Tenía 37 años. Necesitaba tomarse vacaciones: del trabajo, de Esteban, de la rutina.
-Es muy extraño  –le explicó el doctor a Esteban esa tarde-.  Físicamente no hay ninguna causa que explique la amnesia: ella ya debería haber recuperado la memoria. Eventualmente los recuerdos volverán. Entretanto, no hay razones para que permanezca internada aquí;  yo aconsejaría que pase un tiempo en una clínica de reposo, hay una excelente a cincuenta kilómetros de la ciudad y está cubierta por su obra social. Estará bien atendida y le dará tiempo para retornar a la normalidad.
Paula sonrió. 

"La procesión"

de Natalia Spina


La calle estrecha y sedienta.
Los frentes de las casas como páginas abiertas, amarillas, desteñidas. Ilegibles.
No se distingue a sus habitantes.
Todos laminados en un polvillo en constante ascenso.
Los tubos de sol con brillitos, chocando y pintando con magia las puertas.

Procesión de la Virgen siria.

Dos mujeres adelante con el rosario en las manos.
Le siguen cuatro hombres cargando a Nuestra Señora de Soufanieh en andas.
Atrás, cinco niños cantan y una muchachita lleva un canasto de junco.
La ofrenda de los aceites de oliva. Calientes.
La sombra rendida, no deja su huella.

 Un sacerdote con la cruz.
Camina firme. Lento pero presuroso. La culpa late.
La sangre espesa como el aceite.
El sudor resbala en sus manos.
La escucha de lejos.
La piedad implora:

-“María de Soufanieh, que no grite…”

La voz en creciente, arrolla la tierra.
Inunda los silencios.
Estremece y cruje la madera.
Los soles que vuelan se caen sombríos.
Las paredes chillan.
La canasta cae.
El aceite se abre y mancha los pasos.

La mujer que grita encuentra su meca.
Interrumpe el paso de su hombre.
Le escupe su nombre.
Le quiebra las cejas.
Le muestra una sábana blanca manchada con sangre.
Él sigue con la cruz a cuestas.
La cabeza, inmóvil.  La mirada, hueca.
Ella toma la cruz y la carga. La arrastra.
Las mujeres del rosario entienden.
Los niños del coro detienen su canto.
De golpe, el madero cae sobre la Virgen.
La rompe en pedazos que se desintegran.
Ella sigue con la cruz en las manos.
La cruz que desangra a la virgen muerta.




Una nueva integrante que tiene al parecer mucho por escribir: Sophie. Bienvenida!



Tengo tantas preguntas a mi  yo del futuro, esa mujer que ya habrá transitado los próximos diez años de mi vida... ojala pudiera tener algunas respuestas claras, así sabría que decisiones tomar hoy, sin embargo algo en mi interior me dice que sea cual sea el camino que tome llegaré a ser la mujer que necesito...

-Y que querés saber? Pregunta la yoendiezaños.
-no sé déjame pensar, te veo tan serena...como lograré eso?!... sos feliz? digo seré feliz? -pregunté, mientras me sudaban las manos-
-Tan feliz como te lo propongas y te lo permitas... Sophie, la felicidad no es un estadio, es la cima de una montaña que te muestra cual es la siguiente cima, y cada montaña que transitas, es parte de tu evolución... en diez años vas a estar más feliz que ahora, y no porque no te pasen cosas precisamente, sino porque tu ser se hará más sabio. (Yoendiezaños, vestía su túnica blanca, sus pantalones beige, tenía el mismo cuerpo que ahora, mas arrugas, el cabello más blanco, se la veía tan sabia, al mismo tiempo sentía que no podría vestirme así!!!!!!!)
-eso que me decís me tranquiliza, y el amor? que pasará con mi amor...vos te acordaras que en este momento estamos transitando con Martin un momento de muchos cambios, de darnos cuenta y empezar a caminar juntos hacia lugares nuevos. 

-Sophie, no es necesario que te diga todo...te quitaría la sorpresa! si te diré que estarás más fuerte, que te sentirás más sabia, y que habrás encontrado finalmente la manera de amar en la total aceptación...pero deja que la vida te sorprenda y fluí con ella!!!!!! 

Las dos estábamos tiradas al sol, pero de repente Sophieendiezaños se levantó y bailó, tomó mi mano y riendo juntas disfrutamos de un momento único... sentí que mi futuro dependía tanto de mi,  y por un momento me asusté y así se lo dije...nuevamente Sophieendiezaños tomó mis manos y me dijo

- Nosotras las lobas, jamás nos rendimos, en poco tiempo encontraras de nuevo tu piel de foca, y podrás sentir como todo tu salvajismo se pone al servicio de la humanidad. Por favor no te olvides que hasta que llegues a mí, una de tus tareas más importantes es mostrarle a tu hija como ser libre, ella va a estar necesitándote mucho estos años, y tu manera de ver la vida distinta de la mayoría de la gente le mostrará siempre un camino alternativo que elegir...Lola  no siempre elegirá por donde tu hubieras querido y ahí será tu mayor trabajo...respetarla, acompañarla...va a estar todo bien Sophie, confía en que el recorrido que has hecho hasta ahora te llevará por los próximos 10 años a vivir cosas hermosas...

La Abracé, sintiendo su amor hacia mí, sintiendo mi amor hacia ella. Ojala pudiera quedarse... tenía aun tantas preguntas... entonces me miró...no reconocí esa mirada, como si no fuera mía, como si no fuera yo, y me asombré de saber que finalmente tendría esa mirada serena, imperturbable y amorosa. Entonces me dijo:

-Tengo que irme ahora, por favor no olvides lo que hoy hablamos, y no olvides que aquellos que quieras ver en vos en diez años tienes que comenzar a sembrarlo ahora! ya no hay más tiempo. Te estaré guiando así como a vos te toca guiar a la que fuiste en diez años... 

Su imagen comenzó a iluminarse y al mismo tiempo desaparecer, soltó mi mano y mientras me decía "Vive, fluye con la vida" se esfumó.
me quedé un buen rato pensando si todo esto no habrá sido producto de un sueño, después de todo hacía rato que estaba en el patio de casa, tomando sol, parecía no haber cambiado nada, miré para todos lados, todo estaba muy normal, volvía cerrar los ojos, faltaba aun dos horas para que volvieran todos, sentí el calor del sol sobre mi cuerpo y me adormecí nuevamente......algo me sobresaltó y cuando me incorporé me di cuenta que ya no estaba al lado de la pileta en mi reposera y que esa casa no era mi casa sino la casa de hace diez años, en San Juan, Sophiehacediezaños, estaba pensando, sintiendo pena por ella misma, creyendo que su vida no tomaría rumbo nunca más, y que a pesar de tener muchas cosas por agradecer se sentía triste.

Me acerqué a abrazarla, se asustó, pero solo un minuto, lo que tardó en reconocerme.

-Si soy yo -le dije- o sea soy vos en diez años, puedo leer tu mente, y puedo acordarme por el lugar que estas pasando... 

-Pe...Pero estas tan linda!!!! Es que en diez años lograré finalmente recuperar mi cuerpo? 

Reí a carcajadas aun tengo problemas con mi cuerpo pero preferí que solo vea la parte positiva!!!!! -CLARO!!!!!!!!!! Muy pronto prestaras atención a algo que te cambiará la vida...y ya no serás la misma....puedes creer que te volverás vegana???

-Qué? ni siquiera sé que eso? -dijo Sophiehacediezaños.

-Siii tranquila...todo a su tiempo, no te apures, muchos caminos te traerán hacia aquí, y solo quiero decirte algo "revisa los cuatro acuerdos toltecas" te van a sostener por mucho tiempo. 

-Los cuatro qué? dejame tomar nota? alguna vez escuche de ellos pero no estoy segura... bueno no importa después los busco... porque estás aquí? 

-Porque de alguna forma me invocaste, hace muy poco fuiste madre, y sientes que casi no hay espacio para vos en tu propia vida... todo eso pasará... disfruta tu maternidad a pleno, no vas a arrepentirte!!!!! y el camino que estas iniciando en tu voluntariado apoyando madres, te dará enormes satisfacciones, ya lo verás... 

-y mi amor? estaré aun con M. en diez años? hoy estamos tan bien, pero yo me siento atrapada en un cuerpo que no es mío y en una mente que no tiene lugar para el amor con mi compañero ahora... a veces tengo miedo que esto haga que sienta que ya no lo amo, pero es que no me alcanza el día para todo, apenas puedo poner mi ser al servicio de mis dos hijos y sus necesidades.

-Sopié, te mentiría si te dijera que no pasaran cosas tristes... tu matrimonio pasará por distintas etapas, incluso hasta tendrás ganas de separarte...luego muy de a poco comenzará a llegar la paz, el amor adulto, y el darte cuenta que tu ser ES no solo porque lo que sos cuando estas con M. eso te dará infinita libertad de elegir quedarte a su lado...ten fe...
Seguirás tu camino siempre cuestionando estructuras...creo que eso está en nuestra naturaleza!!!!!!!!

De repente empecé a sentir que no me quedaba mucho tiempo, tenía que decirle todo lo que considerara importante y al mismo tiempo no tenía que decirle en lo concreto mucho más...apelé a mi corazón...

-Tengo que irme, quiero que recuerdes siempre que tu misión en la vida existe...y no está tan lejos de lo que haces ahora...siempre estarás rodeada de mujeres que sabrán acompañarte y en los momentos más difíciles vendrán a tu alrededor y cantarán hasta que tus huesos se armen y puedas volver a empezar.... tus amigas de toda la vida aun seguirán acompañándote y conocerás nuevas y sabias mujeres de las que mutuamente se nutrirán...volverás a tus amigas del colegio y sentirás que el tiempo no ha pasado...Disfruta de la vida, y fluye con ella!!!!!!!!!!!!

Mientras hablaba apurada iba sintiendo como todo a mi alrededor se desvanecía y como por más que gritara Sophie apenas me escuchaba, por suerte pude decirle todo, ella lo sentirá en su corazón y sé que es así porque hoy estoy aquí. Se llenó de luz la habitación para luego convertirse nuevamente en mi parque...miré a mi alrededor, miré mi reloj, habían pasado cuatro horas desde que me había sentado a tomar sol, tenía una inmensa paz, mi cabeza empezó a recordar rápidamente cada dialogo, no quería olvidarme de nada, corrí a mi computadora y me senté a escribir. 

Sophie.

miércoles, 31 de agosto de 2011

"Mi testamento"

 De Natalia Spina

Siempre tuve miedo de aferrarme mucho a las cosas. Conocí de cerca una persona que sufría y hacía sufrir a los demás por ser así y, en mi acta interna, prometí no sintonizar las emociones con lo material.
  Seguramente la casa está llena de cosas que hablan de mí, la canasta del tejido con miles de ovillos rodando alrededor, las agujas super anchas de madera o las muy muy finitas de metal, la guitarra, los anteojos sin patilla, los blisters de remedios sin terminar, las teteras, la radio verde flúor en la cocina arriba del microondas con cadena tres a full, un placar ordenado y seis desastrosos, fruta escondida, el control remoto adentro de la mochila de Clemente y la botineta de Nachito en la heladera; el telar, mis dibujos infantiles representando situaciones del alma de la vida cotidiana como yo sacándole piojos a los chicos mientras hablo por teléfono; ellos cuando en el living hacen cosas tan distintas y al mismo tiempo, como ver tele, comer pancitos, tocar la guitarra, arrastrar autitos, atar las patas del sofá a las manijas de la puerta, jugar al futbol, como así también congelar en trazos la habitación del hospital donde mamá moría y nosotros recreábamos un hogar de sesenta y dos días para que ella estuviera como en casa y sacábamos lo más distintivo de nosotros para que perdurara y se lo llevara a la eternidad. Mis cuadernos… mis veintipico de diarios… son mi condena, si los leyeran creerán que vivieron con una persona distinta, con una de mil facetas, de varias  personalidades, confusa, impulsiva, enamorada, apasionada y a veces triste.  Encontrarán los evatest pegados en las páginas y redondelitos desteñidos de agua salada que goteó lentamente sobre los renglones.
Todas esas cosas hablan de mí, pero no perduran. Los diarios y los dibujos se pueden quemar, la radio romper, y la guitarra como los tejidos pasar a otros que los necesiten. Los blisters vacíos a la basura y las teteras quebrar. Pero sé que me encontrarán cada vez que escuchen a Marilyna Ross, alguna canción española, la oración del remanso y en cualquier mujer moviendo unas agujas.  Sé que me recordarán cuando haya momentos para relatar y para cuando sea necesario sí o sí, reírse de uno mismo. Estaré cada vez que metan las manos mis hijas en una cartera llena y en el  silencio de noche antes de que llegue el Ángel de la guarda. Luego de algún chiste tonto no habrá nadie que no lo entienda y se buscarán los comentarios “traídos de los pelos”.  Estaré a las ocho de la mañana marcando el ritmo de un tema para bailar y  por las siestas pidiendo urgente un mate. En los portarretratos sin vidrio, en el lío de arriba de cada heladera. Se acordarán de mí cuando no encuentren papel higiénico en el baño o cuando al ver una empanada árabe deseen comerla fría a mitad de mañana; cuando nadie llore al ver el Chavo y vean bailar a Moni Argento.
El tiempo sopla los recuerdos que van y vienen según el viento que te depare el día.
Mis “cosas” no tienen forma. No habrá objetos que se hereden. Perduraré porque no podré irme del todo y, aún estando…quiero estar por todos lados.  No quiero dejar de probar cada sabor de la vida. No quiero dejar de disfrutar la redención del alma luego del dolor. Soy una gran consumidora de palabras y también me gusta regalarlas. Acumulo fuertes impresiones y poseo una colección de improvisaciones que multiplicaron las sorpresas. Me guardo siempre el sonido los molles, el tacto de mi mano con las piedras raras  y la vista de las sierras que tengo en el umbral de la puerta de mi cuarto.
No tendrán sentido los arqueólogos de mi vida. Por las cosas que hablarán de mí no hará  falta cavar para encontrarlas. No guardé nada. Dejo   y me llevo todo.

martes, 30 de agosto de 2011

"El corazón en el colgante"

De Guadalupe Carsetti Ferreyra

Como siempre, estaba sola en casa, ya había terminado con los quehaceres diarios y me había sentado a descansar tras la limpieza que hacía rato había prometido realizar y nunca encontraba tiempo.
Frente a mí,  se hallaba la caja de zapatos que guardaba esos recuerdos que me traían sentimientos encontrados desde hacía años. Era el momento de enfrentarme a ellos y proseguir o definir el futuro.
Levanté la tapa con aprehensión, como si me fuera a saltar algo desde adentro… Lo que en realidad no estaba tan lejos de la realidad.
Lo primero que vi fue una rosa seca, que no había perdido ni un pétalo, ni siquiera cuando la levanté, cosa rara che, pero nada del otro mundo.
Comencé a revolver el contenido y pasé por cartas, postales, el primer regalo, tarjetas varias, fotos, paquetitos de azúcar, y seguí así hasta que encontré lo que buscaba.
La cadenita seguía brillante, como recién pulida. La tomé con manos temblorosas mientras acudían a  mi mente todos los recuerdos juntos.  No pude evitar que una lágrima surcara mi mejilla, la primera de varias que le siguieron.
Tanto tiempo ha pasado y sigo sin poder olvidarme de todo lo vivido con la persona que me entregó su corazón en forma de colgante.
Lo que más me asombra y genera dudas en mi interior, es que no logro recordar malos momentos, mis amigas dirían que estoy idealizando, pero realmente salvo episodios sin importancia, no hubo malos momentos.
No leo las cartas porque fueron escritas en otro momento, cuando nos embargaban diferentes sentimientos y realidades… Pero las acaricio con nostalgia.
No sé cuánto tiempo permanecí sentada frente a la caja, pero me dolían los músculos de la espalda al estirarme, y los últimos rayos del sol ya hacía rato habían desaparecido.
Volví a tomar la cadenita y me la puse. En este momento la tengo puesta.
No sé si me la quitaré ahora, o nunca, ni sé si cambiará su simbolismo, pero cada vez que me llevo la mano al cuello, siento paz y tranquilidad.
Tal vez algún día tengamos la charla que nos merecemos, tal vez esa necesidad de aclarar las cosas esté sólo en mi mente, tal vez hablemos muchas veces de lo que fue y nunca de lo que podría haber sido.
Pero sea como sea, sigo teniendo su corazón colgado en el cuello, y no sé porqué pero muy adentro siento que él alguna vez va a venir a reclamarlo….


lunes, 29 de agosto de 2011

"Mi pequeño oasis"

de Guadalupe Carsetti Ferreyra


Mi casa… mi pequeño oasis en el desierto de esta vida material, ruidosa y acelerada en la que estamos inmersos… Observo mi escenario desde mi silla, que está directamente frente a la mesa, la cual está directamente frente al televisor… Cómo dolió el día que de un momento al otro hizo una explosión de luz y se fue cerrando la imagen en un círculo que se achicó hasta desaparecer… Fui corriendo hacia él, lo abracé y le dije que todo iba a salir bien… Y por suerte así fue, al mes lo tenía de vuelta en casa, le pasé su limpiavidrios favorito, y le puse un sahumerio y el hornito, con esencias de esas que espantan la mala suerte…
Lo miro con cariño… mi compañero de alegrías y tristezas, mi sostén en las noches de invierno frías y solas… Quién diría que mi objeto favorito sería mi televisor… Bueno…  yo lo diría… Técnica en medios audiovisuales, inspirada desde los 12 años con las series yanquis de esa época como Barnaby Jones o Fama…. Con las series me pasa lo que con los libros… me abstraigo de mi realidad y formo parte de esa otra, la que se desarrolla tras la pantalla o las páginas de los textos…
A veces me siento rara, como que no pertenezco a esta época… Tal vez soy demasiado soñadora e imaginativa, yo prefiero considerarme un espécimen sin definición.
Virginiana con todo lo que eso implica, soy ordenada, perfeccionista y le busco la quinta pata al gato… Pero por otro lado… no pasés el dedo por las superficies que la capita de tierra no va a faltar…. Mi oasis es una mezcla de moderno con rejunte de toda mi vida… Qué querés que le haga! No puedo ser minimalista… cómo serlo y no tener fotos de la familia, las amigas, las invitaciones de boda de mis amigos, mis peluches más amados, los miles de apuntes de todas las carreras y cursos que hice mientras estaba en la parte investigación de lo que sería “de grande”…. Mi casa es como soy yo… luminosa en algunas partes, sombría en otras, con exceso de colores hasta que abrís el armario y te topas con el 80% de la ropa en negro… Qué te puedo decir…. Justamente soy yo… un espécimen sin definición y así es mi casa, y mis muebles, y mis adornos…  Y me gusta, aunque me cueste el doble… Pero quién sabe, capaz que en serio le erraron de época y me mandaron acá de equivocación! 

viernes, 26 de agosto de 2011

El FLACO

De María Livia Aghemo

Todos me dicen que vivo con un “loquito”. Nunca me voy a olvidar de la época en que nos pusimos de novios, me encontré con un chico que vivía en su mismo pueblo y me dijo: “no me digas que sos la novia del loquito Petrella”; su comentario me pareció desubicado, pero después de él varias personas me dijeron cosas parecidas.
Al principio la convivencia fue de lo más normal, sexo algunas noches y besos todas las mañanas. Un día así como si nada me dijo que la rejilla de la cocina no quedaba bien a la derecha, tenía que estar a la izquierda.; no quise discutir por una estúpida rejilla y comencé a ponerla del lado izquierdo para evitar discrepancias. La siguiente observación fue por la comida del gato, él decía que tenía que comer una sola vez al día entre las 17 y las 18 horas, el alimento medido previamente en una taza marrón; el gato era de él (de antes de conocernos) y no quise discutir tampoco, todo sea por la salud del gato.
Un día empezamos a fantasear con tener un hijo, yo que siempre arruino todo con mi realismo le digo: “¿con que plata lo vamos a alimentar, a vestir?”, él me respondió:  “los niños hasta el año no se viste, solamente hay que envolverlos en telas”. Ese día me asusté, no puedo tener un niño envuelto en telas por un año, prefiero no tener hijos a ponerme a discutir con este flaco.
Muchas veces estuve tentada de decirle que hagamos terapia de pareja, pero yo no creo necesitar terapia, tendría que mandarlo solo a él. Soy una mujer como cualquier otra, cuelgo la bombacha en la canilla de la ducha después de bañarme. Eso a él lo enloquece.
La gota que rebalsó el vaso fue el día que llegó con una silla de ruedas, la quería usar como “elemento decorativo”, decía: si todo el mundo decora con cunas antiguas, bicicletas desvencijadas, máquinas de escribir o de coser ¿por qué yo no puedo decorar con una silla de ruedas? Me hizo tejer almohadones y borlas de colores vivos para poner sobre la silla. Estaba fascinado, la puso en el centro del living, al lado del ficus, y cada vez que pasaba la miraba e iba mascullando cosas, cosas como: decoración de vanguardia, arte en lo cotidiano, rompiendo paradigmas…
Esa noche vinieron a cenar mis compañeras de trabajo, lo primero que vieron al entrar fue la silla y preguntaron si alguien tenía problemas para caminar, “¡no!” saltó  como leche hervida, “es un elemento decorativo”. Las miradas entre ellas, cómplices, ya sé lo que están  pensando: que salgo con un loquito; el resto de la noche fue un espanto, la pizza del delivery me cayó como una bomba, se rompió un vaso y cuando Florencia fue a limpiar dejó la rejilla del lado derecho, me lo voy a tener que aguantar rezongando durante días.
Esperé hasta que se quedara dormido, la ciudad estaba silenciosa y fría, abrí la ventana del living, agarré la silla y la tiré desde el segundo piso, vi como se estrellaba en el pavimento de la calle Austria.
Tomé el 92 hasta Retiro con mi mochila al hombro, todos los desvelados estábamos en la terminal, es más: parecía que todos los que no teníamos dónde dormir estábamos en Retiro. Traté de acomodarme en el banco, me dolía el cuello. Me acordé de la silla, en el medio de la calle, destartalada; comencé a reírme sola, eran las 2 de la mañana.
Tomé el 92 y volví a la calle Austria, subí los dos pisos por escalera, abrí la puerta y el gato se restregó en mis piernas, hizo ¡miau! Pidiéndome comida, no puedo gato ya pasaron las 5 de la tarde.
El flaco seguía durmiendo ocupando su lugar de la cama y también el mío; la cara blanca, la respiración profunda, la barba parecía más roja que de costumbre; me da mucha envidia esa capacidad que tiene él de dormirse en cualquier lado y así de profundo. Me acuesto y lo abrazo de atrás, su cuello tiene ese aroma a perfume amaderado, como siempre; se queja, murmura algo que no se entiende porque se puso la placa de relajación para no bruxar, veo en su brazo la cicatriz que se hizo cuando su novia anterior lo dejó; por mí no hagas pavadas flaquito, yo soy tuya y vos sos mío, mañana veo como te explico lo de la silla.

miércoles, 24 de agosto de 2011

"La Virgen de las Tunas"

De Natalia Spina


Para que tengan una idea, les diré que Chuña es el nombre de un poblado, de una comuna del norte de una provincia de Argentina.

 Chuña. Así se llaman unos pájaros altos, de patas largas y cola en forma de cometa. Pero éste es el nombre de un lugar. Les voy a contar por qué. Arrojado al lado de una ruta nacional, hundida y vencida, un matorral de pencas tuneras asoma como orejas de  conejo, sobre un manto de polvo, espinillos y culebras.  Las casas, todas blancas, pintadas a la cal, tienen ventanas sin vidrios y excepcionalmente alguna tiene puerta; durante el día, haga frío o calor, sólo una cortina de tiritas de plástico, inmunda y pegajosa por las babas de las moscas. Sobre los techos oxidados,  las antenas de televisión digital como gigantes hongos grises.
Pocas veces salían de sus hogares.

Sucedió una siesta calurosa, que una manada de chuñas llegó al pueblo instalándose y haciendo sus nidos, bajo las pencas de cada casa.
A partir de ese momento, la vida en el lugar fue diferente y se vio por la noche de ese día, instalado al costado izquierdo del sendero de ingreso, un cartel rectangular, lumínico, colorado, blanco y amarillo con el primer nombre del paraje: Chuña.

Comenzó a tener Chuña, un microclima. Allí los vientos  se detenían, el sol duraba hasta las once de la noche y la lluvia caía para los Viernes Santos,  en los entierros, el 2 de junio (día del bombero) y cuando la muchacha que se casaba no era virgen. 

Así pues, por este último motivo, llovía todos los fines de semana.

Al día siguiente de los grandes chaparrones que provocaban corridas, cacareo de gallinas, ladridos, goteras en la Iglesia y en la casa del cura, llanto de doña Eugenia, (que recordaba la muerte de su marido hacía veintitrés años), asma en la directora de la escuela y dolor de huesos de todos los viejos que vivían en el geriátrico al lado de la plaza; al día siguiente, repito, el sol amanecía a las cuatro de la mañana con una furia despiadada, secándolo todo, dejando sin sombra el lugar durante cincuenta y tres horas y  las chuñas gritaban y revoloteaban encima de las antenas  Inmediatamente después, los vecinos arrancaban los días con una calma admirable, una paz interior infinita, una pachorra tremenda.  Caminaban lentamente, veían televisión y los niños no iban a clase a causa de indisposición de la autoridad escolar.  Por tanto, la instrucción semanal  de la institución mencionada era de tres días promedio. El intendente de Chuña de Italia a su vez, salía en pijama y pantuflas a pasear su tero por las calles, cantando  el himno a las Islas Malvinas.  La reina de la apertura de turismo de la temporada, salía con su capa roja de tafeta, sus sandalias de tacos asimétricos, el vestido strapless corto azul eléctrico y las tiritas de silicona del corpiño, vendiendo bonos para poder hacerse la ortodoncia  y  así sonreír para llegar aunque sea a competir por el título de miss simpatía.

Los chuñeros estaban muy conformes con la vida que llevaban en el lugar.  Se alimentaban con las tunas que crecían anaranjadas, como peste por los patios de tierra, las calles, hasta las chimeneas tapadas de las casas. Cuando los frutos se acababan, tras los días de lluvia, levantaban durante todo el año, el maná del Desierto de Israel que Dios les enviaba.

Venían manteniendo bien el ritmo, puesto que durante muchos años, la familia Ceballos había traído, hacía ya tres generaciones, una chorrera de niñas. Los viejos, al ver los diluvios que caían luego de los casamientos, cambiaron su antiguo y arraigado dogma y consideraron que la virginidad, si se inculcaba y retenía como tesoro oculto, iba a resultar un gran perjuicio para el pueblo.

El cura había luchado contra esta idea, pero al comprobar la asistencia de los fieles a la iglesia cuando había casamientos, no hacía comentario alguno.  En el almacén, el dispensario, la guardería municipal y la tapicería, se escuchaban  permanentes comentarios chismosos acerca de la
que contraería nupcias el sábado siguiente.

Así transcurrieron, desde el día que los pajarracos llegaron,  veinticinco meses de largos e intensos días de lluvia tras los fines de semana.

Pero sucedió que, las hermanas y primas Ceballos se habían casado todas y  la sequía, luego del  día del enemigo del fuego, rompía todos los esquemas de rutinas instalados desde hacía  más de dos años.

El cura deambulaba como un perro hambriento buscando semillas secas de tunas, no había maestras que dictaran clases los lunes y martes, los viejos del geriátrico corrían jugando  fútbol por las calles, haciendo tambalear con la pelota las antenas de TV.

 Sólo quedaba una jovencita en “edad de merecer”. Era hija del director de cine de las mejores películas producidas en Chuña.  Tenía veinte años.

Era una mulata,  llamada Clara Luz. Con los ojos muy grandes, el pelo tupido y negro como una esponja de acero,  un cuerpo esbelto, vestía siempre túnicas o kimonos que le traía su padre, tras sus viajes por otros continentes.  Llevaba aros colgantes muy grandes, collares hechos con semillas de sandía y usaba zuecos.   Ningún hombre del lugar se había atrevido siquiera hablar con ella, asunto que no le preocupaba en lo más mínimo, dado que no compartía con ellos nada que le interesase.  Pero ahora, la gente, confundida y alterada por la ruptura de sus rutinas, necesitaba saber si la nueva chuñera reunía las condiciones para poder volver a disfrutar de la verdadera y única vida de Chuña.

Una tarde, tres chicas casadas de su edad, se acercaron tímidamente al cerco de su casa.  La cortina de tiritas de la puerta no era de plástico.  De los hilos colgaban tunas secas, que atadas, parecían realmente puertas.

 En el fondo estaba ella, sacando cochinillas de las hojas de la bendita planta, para teñir un velo que su padre había traído de su último viaje.

-Qué estará haciendo… se cuestionaban las visitantes. Pispeaban en puntas de pie, en silencio, por el costado del cerco, asomadas sobre los hombros de unas y otras.

_”Cafecito de higo?- saltó en voz grave y alta de Clara Luz, sin siquiera detener su tarea- Pasen, pasen y tomen asiento, descalzas, en estas piedras. Cada una, a su lado derecho, cuenta con un pote de crema exfoliante para pies”
-“ah, ah, ah…-dijeron medio sorprendidas y bastante asustadas las mujeres.- bueno…nosotras pasábamos por acá nomás…rapidito.- dijo la Claudia.
Se sentaron en las piedras que rodeaban en círculo a la sofisticada Clara Luz, se untaron los talones con la fría jalea de aloe vera y fueron directo al grano.

-“Mire señorita, no sé si se habrá dado cuenta de los problemas que tenemos en el pueblo desde que no se casa nadie…vio? ”
.- “ajà”, emitía la aludida.
-y nosotras veníamos a preguntarle si no es molestia, considerando que es la única que no contrae matrimonio, si tiene pensado hacerlo.
-Así es -dijo sin vueltas Clara Luz.
Un gran suspiro de alivio retumbó.
-Mi novio llegará en tres días de Pampa de los Guanacos, de un postrado en Evangelización Escolapia. 
-“Ahhh…”, largaban al unísono las interesadas, comenzando a declinar su primer entusiasmada expresión.
La menor de ellas, decidió terminar rápido la investigación, dado que estaba imaginando un final desafortunado; y preguntó perdiendo la postura:”usted ha estado, ya sabe, con él… solos?”
“- Por supuesto que no. Nos mantendremos castos hasta luego de casados.”

Las muchachas salieron de la casa comprendiendo que nunca más Chuña sería lo que había sido antes. 

El sábado 32 de julio la gente esperaba ansiosa la entrada de la novia en la puerta de la capilla.

Apareció entonces, detrás de unas bambalinas alzadas por varios hombres, la novia.  Unos rieles a su lado, arrastraban un carrito donde se encontraba su padre con una gran cámara filmadora.  El kimono que llevaba era blanco y un velo color púrpura, tapaba su cara. De sus manos colgaba un rosario de semillas de pencas.

Al decir el sí, un fuertísimo trueno rompió el sonido del Ave María de Jairo, una manada de chuñas voló ralo sobre las cabezas de las personas allí presentes y un sin fin de gotas naranjas cayó en Chuña, inundando las calles, sanando cicatrices de la sequía.

Desde entonces, todos los aniversarios de esa boda, se festejan las patronales en el pueblo, llevando en astas a Clara Luz, la Virgen de las Tunas.